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TRIBUNA

Breviario de saberes inútiles

Miguel Ángel Gómez
lunes 30 de diciembre de 2019, 20:20h

No tengo remedio y escribo aforismos, como hago siempre que me aburro y no encuentro nada atractivo en compañía de la melancolía, mientras tomo algo en el Bristol y pienso en la próxima película que vamos a ver. Ando releyendo estos días el Breviario de saberes inútiles, de Simon Leys, que nunca me cansa. Apasionantes ensayos sobre sabiduría en China y literatura occidental, toda una bocanada de felicidad. Lo devuelvo al estante al llegar a casa y se me ocurre en la noche cerrada hacer un artículo exclusivamente de aforismos. Yo soy un hombre afortunado, me siento a gusto con mi escritura, siento que de un hueco sale el calor del infierno, pero no que me queme. No me cuesta demasiado convertir mis horas de buenas lecturas en admiración, me temo que no tengo enmienda. Saco el cuaderno:

Escribir para saber qué es el articulismo. Aproximarse a las palabras con una desconfianza que no sea malévola.

En el destino cotidiano le pido a la vida misterio y verdad. Gorriones coronados de blanco cantando.

Lo importante del arte son las emociones de constantemente. Hay que sentir que las obras son como murciélagos sobre lo pasivo del alma.

El artículo nos hace sentir que la esperanza es literatura.

Quién sabe si mis horas más felices no son en realidad no pasar de ocupar este lugar que me libera a esta mesa de este café pequeño.

Todas las sílabas

se me caen de las manos.

La plenitud.

Balzac mejora al ser trasladado a otro idioma. Sus personajes están plagados de ocurrencias con toda la claridad que puede, de insignificancias de lo usual.

Las pesadillas caminan sobre la cuerda floja del autoanálisis y el autoabandono.

Me gustan los autores que flotan en la superficie de la conciencia.

Mis artículos no hacen más que decir la última palabra, se pelean. Uno dice: “Siéntate, muy quieto, con las manos entrelazadas sobre el escritorio”, y el de más allá: “Ten mirada fija en el vacío”. Son pesos welter pegando fuerte siendo demasiado flexibles y sin estar gastados. Me llaman por mi nombre de pila, me dicen que traen mi saco de dormir, de plumas de pato. ¡Estupendo, chicos! Ellos caminan con zapatos marrones de puntera ancha y pueden sacarme a rastras para que me entere.

La imaginación del articulista se encuentra en el interludio de cosas perdidas.

Todo libro de artículos tiene una inercia activa de ser esclavo de su articulista.

Esta tarde de diciembre en una especie de ático arrastro cadenas grisáceas.

Que cada artículo esté dentro de lo infinito y por tanto de lo que no se puede clasificar.

Cuando escucho a Mozart se van de mí, como hasta mí vinieron, todos los episodios en la sombra.

Los ignorantes no saben lo que sienten, no saben lo que quieren sentir, no saben lo que piensan ni lo que son.

Los artículos de tedio inquieto interpretan algo que está completamente fuera del propio yo, un papel falso.

Una cosa que hay que hacer es pasarse una hora en el café La Corte, para detener el reloj, o cuando menos tres cuartos de hora. Ya que todo está igual en este imperfecto universo en que vivimos, vámonos a La Corte, ola natural de mi ánimo, donde el frío no llega ni el peso de los años. Vayamos a La Corte, es saludable brindar por un recuerdo verdadero o falso sin que sepamos muy bien cómo, solemnizar cada momento. También lo es, según el grado de cercanía, brindar por la otra orilla y la ciudad baja. Por la tempestad del viajero y las memorias de un desmemoriado. Vamos a La Corte, vestidos de madrugada, a defender cosas indefendibles y, al cabo de unas horas, los pensamientos se cerrarán como una trampilla. Somos los alrededores de La Corte, la novela que vamos escribiendo al aire.

Vámonos a La Corte al fin arbitrarios, geniales, tiernos, relojeros, débiles, triunfantes y arriesgados.

¿Escribo demasiado? Pero en mi monotonía inconsciente encuentro perlas aquí y allá, hacer artículos me restituye el pasado y me guarda la verdad.

Con Hermann Hesse en el café: "-Es para mí una alegría, querido Harry, poderle hacer a usted hoy un poco los honores. Muchas veces ha estado muy cansado de la vida; se afanaba por salir de aquí, ¿no es verdad? Anhelaba abandonar este tiempo, este mundo, esta realidad, y entrar en otra realidad más adecuada, en un mundo sin tiempo. Hágalo usted, querido amigo, yo le invito a ello. Sabe muy bien donde se oculta ese otro mundo, y que lo que usted busca es el mundo de su propia alma. Solo dentro de su mismo interior vive aquella otra realidad por la que usted suspira. Yo no puedo darle nada que no exista ya en su interior. Yo no puedo presentarle ninguna otra galería de cuadros que la de su alma. No puedo darle nada: solo la ocasión, el impulso, la clave. Yo he de ayudar a hacer visible su propio mundo; eso es todo". Ese otro mundo es el articulismo.

Sé que me esperan una página en blanco y algunas frases.

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