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TRIBUNA

Ruedas de molino

jueves 02 de enero de 2020, 20:02h

Los Reyes Magos traen este año nuevo gobierno. Nuevo gobierno de un Estado, cuya sustancia puede darse por desaparecida. En todo proceso de escisión o separación parece que ha de suponerse un núcleo respecto del que se extraen esquirlas o respecto del que se produce la separación. Si ese núcleo no se reconoce acaso no debiéramos hablar de separación o de escisión, sino de explosión, disolución o atomización. Las partes resultantes tendrán un carácter antes material que formal. No se reconocerán como partes del todo, sino como elementos descompuestos de una unidad irreconocible desde sus partes, una unidad irreproducible y extinta que careció siempre de naturaleza.

La España nuclear no se ve por ninguna parte cuando no ya Cataluña o el País Vasco, sino la misma Castilla – reunida en Villalar – quisiera liberarse de España. España se concibe entonces como un agregado insustancial, un Estado sobrepuesto a una pluralidad indefinida de elementos sin cohesión interna, reunida por efecto de la simple potencia represiva del Estado. En esa situación de avanzada descomposición los Reyes Magos nos traen este año nuevo gobierno.

Según esta imagen España no habría existido o sería un Estado fantasma cuyo rostro muestra las costuras históricas entre realidades nacionales milenarias. A lo sumo podremos buscar un acuerdo de federación en función de intereses compartidos frente a terceros, sin alcanzar a significar en ningún caso una unidad intrínseca y esencial. España es esa figura política deforme, sin raíces históricas: una estructura administrativa e instrumental que no debiera limitar la dinámica real de las partes que combina.

Cuántas veces habré escuchado en los últimos treinta años que el PSOE era el partido que más se parecía a España. Por su orientación federal y republicana. Diríamos entonces que el PSOE, como España, es un fantasma. Un partido fantasma para una realidad histórica frustrada y muerta, pero un partido asimismo frustrado y muerto en el que sus partes federadas corresponden a las naciones vivas – otrora nacionalidades – cuya fatal agregación forzada va, por fin, a superarse. Respirarán las federaciones como unidades autónomas y respirarán las naciones, históricamente asfixiadas por el pellejo mal cosido de la piel de toro.

Y una vez liberadas, las partes pujantes ejercerán sobre las subordinadas su poderío “benéfico y protector”. La federación catalana, el PSC, sobre el resto de “partes del partido” del mismo modo que han empezado a ejercerlo ya unas sobre otras nacionalidades. ERC se presentará como centinela de nuestro bienestar, como EH Bildu es ya el representante egregio de la nación vasca y liberador de otras naciones escondidas bajo el manto atroz del Estado. El nuevo gobierno, por fin, ha decidido adecuar el Estado a los “sentimientos nacionales de pertenencia” de una pluralidad de naciones.

Ésa es la imagen, repugnante y falsa o repugnantemente falsa, que divulga ahora el gobierno de asociados en torno al ínclito presidente. Pero dispongámonos a comulgar con tales ruedas de molino, no bastará con cantarlas en falsete, habrá que reproducir como verdad indudable las nuevas fórmulas sagradas. Nada diremos del resto de políticas sublimes, porque lo esencial es un acuerdo fundado en la misma negación de la patria. Seguirá disfrutando los parabienes del cargo el Sr. de la Moncloa y en calidad de vicepresidente se elevará a las alturas de ese Estado fantasmal y sobrepuesto el ínclito politólogo y librepensador, el defensor de “la gente”. Y seguiremos comulgando con ruedas de molino, mayores cada vez y cada día más amargas.

Sin unión común se desatará la ya abierta guerra entre las partes, empezando por el cava cuyo monopolio se otorga la parte catalana o por la abolición de la lengua de los otros que ha de ser erradicada de entre los nuestros, pero también extendida para beneficio de los hablantes insuficientes de lenguas anómalas. Y pronto las unidades, secularmente favorecidas por la estructura del fantasma político, buscarán la colonización del resto. El histórico favor económico y demográfico, estructural y sistemático, se devolverá mostrando que nunca pudieron ser españoles esos recalcitrantes… empezando por Navarra o Aragón, Valencia o La Rioja. Dispongámonos, pues, a comulgar con la nueva verdad eterna.

Habrá que tragar esas ruedas de piedra capaces de demoler la obra de muchos años. Ruedas que devoraremos hasta el ocaso de cualquier conciencia – que pronto será delictiva y criminal – que afirme la realidad de España. Pero comulgar a la fuerza no construye comunión, comulgar con ruedas de molino no funda ningún valor común. Hay que mantener intacta la esperanza de que sólo la verdad prevalecerá.

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