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TRIBUNA

Dios que buen monarca

viernes 03 de enero de 2020, 20:26h

¡Dios que buen monarca,

Aunque oviessen malos

Gobernantes de España¡

Esta frase que acabo de acuñar, tiene su concomitancia con la ya conocida en el vigésimo verso del Cantar del Mio Cid, épica gesta apócrifa que relata el destierro y las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid Campeador), que como sabemos el verso literal expresa:

¡Dios que buen vasallo¡ ¡Si oviesse buen Señor¡, en alegoría al Rey Alfonso VI que lo confinó fuera de tierras castellanas, arrebatando con valentía y honra a la Ciudad de Valencia de las manos de los musulmanes.

El discurso del Rey Felipe VI en estas Navidades, ha estado sensacional, comprobando un tanto afligido la carencia de alabanzas en los medios audiovisuales con las que nos ha obsequiado el Rey en estas pascuas, por parte de intelectuales, dirigentes políticos, sociólogos, y periodistas de reconocida valía.

Felipe VI, nos está demostrando día a día que no solo está dedicado hasta la médula en la resolución de los problemas de España, sino qué en cada nuevo discurso, da muestras del crecimiento de su acervo cultural, humano y social.

Destaco solo unos párrafos del discurso:

“ Y de entre estos valores, quiero destacar en primer lugar, el deseo de CONCORDIA que gracias a la responsabilidad, a los afectos, la generosidad, al DIÁLOGO y al respeto entre personas de ideologías muy diferentes, derribó muros de INTOLERANCIA, de rencor y de incomprensión que habían marcado muchos episodios de nuestra historia.

En segundo lugar, la VOLUNTAD DE ENTENDIMIENTO y de integrar nuestras DIFERENCIAS dentro del respeto a nuestra Constitución, que reconoce la DIVERSIDAD TERRITORIAL.”

Me enorgullezco de haber leído a escritores de toda laya y condición, desde los clásicos atenienses, romanos, del Renacimiento, de escritores del siglo de Oro, de los del Romanticismo, de pensadores existencialistas y como no de los que están de vanguardia, y de ellos, alguna frase o pensamiento ha conmovido mi espíritu y ha enriquecido sin duda mi acervo cultural. Cito el discurso de Catón el Viejo durante una sesión en el senado romano:

Al cumplir su 85 cumpleaños, unos jóvenes aspirantes a senadores, intentaron burlarse de su ancianidad. Catón con la energía de un rayo les replicó: “Es cierto que algunos que alcanzamos los ochenta, piensan que la edad se les vino encima más pronto de lo que pensaban”, pero decidme ¿Quién os hizo meditar tan falsamente?, por analogía, tendríais que preguntarse si el recorrido de la vejez ha ido más aprisa arrinconando a la juventud; de lo que hizo la juventud para arrumbar a la niñez.

Viene a colación para cuestionarnos ¿ A que edad nos llega a los seres con capacidad de aprender y de avanzar en el pensamiento el momento del Nirvana?, es decir el punto alcanzado de gracia, de bienaventuranza o sabiduría. Nadie lo sabe.

Haciendo referencia al Rey Felipe VI, tengo la sensación de que ha llegado a ese momento de valía personal, al darse las circunstancias por un lado, la de haberse ido ilustrando desde infante en una esmerada educación universitaria y militar, unido a su innata vocación de servicio a la sociedad. Felipe VI ha creado su particular linaje, enmarcado dentro de su realeza troncal, alejándose de la frivolidad de la mayoría de sus Primus inter Pares europeos, entregándose de lleno a reconciliar las posturas cainitas de los partidos que aspiran al poder, y que amenazan con retrotraernos a la España medieval de los reinos de Taifas.

Con este magnifico discurso, Felipe VI ha llegado a su punto de madurez y sabiduría, que una vez contextualizada con su propio criterio aporta en su mensaje navideño las soluciones para la cohesión y vertebración de España.

Proclamo sin ambages, y creedme sin bailarle el agua o por adulación al Rey, que me emocioné con el contenido de su mensaje a los ciudadanos, en el que prevalecía: El deseo de Concordia, la Tolerancia y la Voluntad de Entendimiento, enfatizando que las divisiones y los enfrentamientos solo consiguen erosionar nuestra CONVIVENCIA.

De ahí mi titular de esta crónica. ¡Por Dios si tenemos la fortuna de tener un MONARCA! con un prestigio Internacional reconocido, con unos valores éticos encomiables, adornados con una exquisita PRUDENCIA y la de ser un excelente embajador. Los aspirantes a dirigentes de la nación y el Gobierno en funciones están obligados a dar la talla para lograr una gobierno estable que cuiden de los intereses de España, más que de sus conveniencias propias y las de su partido.

FELIZ ENTRADA DE AÑO a todo los ciudadanos de buena voluntad.

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