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ESCRITO AL RASO

Y los Reyes Magos trajeron nuevas carteras

lunes 06 de enero de 2020, 19:40h

Gracias a los Reyes Magos de Oriente hemos tenido un día de sosiego parlamentario. Porque la camorra se ha instalado en el Hemiciclo: sus señorías consiguieron reeditar las dos Españas y el guerracivilismo, donde se muestra científicamente que el alma española es tal cual la describió Antonio Machado, “entre una España que muere/y otra que bosteza”, alguna de las dos nos ha de helar el corazón, especialmente este gélido comienzo de enero. La bronca investidura la estábamos viendo venir, especialmente con el ataque de Bildu al rey y su defensa de Otegui. Y a buen entendedor… Los nuevos cronistas saludan el pacto y los clásicos del socialismo dicen que esta coalición nos va a perjudicar a todos (como si ellos no lo hubiesen hecho cuando nos desgobernaban).

Lo que se viene es una legislatura diabla, de maximalismos agrios y descalificaciones gruesas para chamuscar al vecino de escaño. Sánchez, el Hombre Traje, solo mira arrobado a Iglesias y a Rufián cuando hablan, en una ejercicio de falta de educación galopante; de igual forma, Suárez Illana, secretario cuarto de la mesa del Congreso, le dio la espalda a Mertxe Aizpurua durante su intervención, mostrando poca clase, porque está ahí para escuchar –en su caso especialmente, porque no se le puede pedir más–; e Inés Arrimadas, lejos de lanzar un discurso brillante, toda divertida les hacía los cinco lobitos al presidente en funciones y a Adriana Lastra… Los asesores y negros “bienpagaos” habrán facturado ya estas paridas que les dejaron por escrito a sus jefes: una babilonia de sal gorda. Porque este es el nivel y estas las cosas que están teniendo suceso en las Cortes ante 47 millones de españoles, entre los últimos polvorones y los estertores musicales de villancicos y zambombas. Las Cortes se han transformado en un patio de colegio y en un telefilme de filibusterismo parlamentario. Apenas se habló de las cosas que nos importan –educación, cultura, I+D+i, política internacional, pobreza infantil, nuestros mayores, el futuro económico del país…– y mucho de izquierdas y derechas por do más pecado había.

Estos colmeneros de votos podrían pensar en quienes los pagamos, porque empezar el año así no es plan: ni estamos en la España de los Reyes Católicos o el “tanto monta”, ni los incendiarios socios de Sánchez en Cataluña y periferias son una hermanita de la caridad constitucionalista. La ajustada victoria del candidato a ser investido, que el martes parece que será definitiva, pespuntea un Gobierno difícil, deshilvanado, de muñeco hinchable que irá perdiendo aire a medida que avance la legislatura. Los pactos están cogidos con pinzas y antes de la investidura Podemos, en arrebato de ansia viva, lanzó las campanas al vuelo y repartió el oro, incienso y mirra de sus carteras –nuevas y viejas– a destiempo: a Pablo Iglesias, su ansiada vicepresidencia; a Manuel Castells, Universidades, a Alberto Garzón, Consumo, a Irene Montero, Igualdad; y a Yolanda Díaz, Trabajo. Es decir, que a las Reinas Magas les entraron las prisas antes de las rebajas y les llevaron sus maletines de cuero el domingo cinco y no el seis de madrugada, como es uso y costumbre. Van así molturando el Ejecutivo antes de que tengamos siquiera presidente del Gobierno.

La Cámara baja ha sido escenario estos días de besos a lo Erich Honecker y Leónidas Breznev entre el PSOE y Podemos, que hasta hace poco se dijeron de todo menos “bonito”, pero que ahora solo les falta ponerse un piso, hacerse la postal dinástica de parejas felices o elegir a Rosalía ministra de Educación. Y Casado y Abascal, al grito de cierra España, no se dieron besos y pusieron al candidatísimo de la investidurísima como chupa de dómine, así como a la izquierda abertzale que, le guste a la derechona o no, ha sido elegida democráticamente. Así que tras conseguir el favor de PNV, Más País, Compromís, Nueva Canarias, BNG y Teruel Existe, y la abstención de ERC y Bildu, tendremos que sufrir de nuevo una era de testosterona de Sánchez, que surfea sobre una ideología de ascendente social que dudamos siquiera que sea la suya.

Para los palmeros del “nuevo” Gobierno, a las pruebas nos remitimos: nos encontramos a la cola de los países más desarrollados –puesto 22 de 41– en desigualdad de la infancia según Unicef; ocupamos el puesto 57 en el nuevo ranking mundial del Índice de Libertad Económica; la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) concluye en un estudio reciente que España está a la cola de Europa en la renovación de la tecnología sanitaria; la OCDE señala a España como el país del euro que más ha retrocedido en sus indicadores avanzados; y, de remate, las dos asociaciones españolas de prensa, la AEP y la FAPE, acabaron el año denunciando los vetos del Gobierno a los periodistas y que la libertad de prensa está en riesgo en nuestro país. Y esto es grave. Y aquí no hay desmadre carmesí que valga.

El miércoles Sánchez jurará su cargo ante Felipe VI y por la tarde anunciará la composición del Gobierno. España, sí, es socializante, pero la vida que pasa sin enterarnos nos dice que todo lo “hecho” hasta ahora por Sánchez, aparte de la necesaria lucha contra la violencia de género, es manifiestamente mejorable. Quizá las panteras rebeldes y leones antisistema de ayer se estén quedando en los empalagosos gatitos de angora de hoy que se ronronean mutuamente y solo buscan su sofá y su chimenea encendida. Y en España de compra-venta comienzan a escasear talentos y estadistas: por eso hasta los Reyes Magos tienen que responder con urgencia al mondongo de la carta de los ministros. A la efebocracia, sobre todo, hay que saberla leer entre líneas.

Twitter: @dfarranz

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