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Ensayo

Marc Petitjean: El corazón. Frida Khalo en París

domingo 12 de enero de 2020, 18:52h
Marc Petitjean: El corazón. Frida Khalo en París

Circe. Barcelona, 2019. 184 páginas. 19 €.

Por Soledad Garaizábal

En su autorretrato El corazón, una barra metálica atraviesa el cuerpo de la pintora Frida Kahlo y deja un vacío en el lugar que debería ocupar este órgano. Un corazón enorme y sangrante yace en el suelo y se derrama en ríos de rojo sobre el campo. Un uniforme de colegiala y un traje folclórico mexicano cuelgan del cielo y señalan a Frida que, con el pelo corto, bañada en lágrimas, vestida con falda blanca y lisiada de un pie, interroga con su dura mirada al espectador. Lo pintó en 1937 y se lo regaló el 23 de marzo del 39, en París, a Michel Petitjean, de veintiocho años, padre del autor de este libro.

Frida Kahlo pasó lo más crudo del invierno de 1939 en París, lejos de casa y de Diego Rivera. Llevó hasta la capital francesa diecisiete de sus cuadros y dejó por primera vez al público europeo boquiabierto con su tremenda historia, su fuerza expresiva y su arrolladora personalidad. La muestra incluía obras tan inquietantes como Mi nacimiento, Mi nana y yo, Hospital Henry Ford, Ella juega sola o El Marco, adquirida por el estado francés, la única que se vendió. La exposición había sido organizada por André Breton, que creyó que la obra de Kahlo era genuinamente surrealista. Ella se desmarcaba de la consideración alegando “yo no pinto mis sueños, pinto mi propia realidad”.

De los dos meses largos que Frida Kahlo pasó en la capital francesa más de veinte días estuvo ingresada en el Hospital Americano, aquejada de una infección renal. El bando republicano perdía mientras la Guerra Civil española. Antes del ingreso se alojó en casa de los Breton y en el hotel Regina, después, en la casa de Marcel Duchamp. Durante toda la estancia tuvo como amigo y amante al joven Michel Petitjean. Él le ayudó a sacar los cuadros de la aduana a la llegada y a embalar la muestra rumbo a casa a la vuelta. La cuidó y la acompañó en su convalecencia. En señal de agradecimiento, de amor o de cariño, él último día, Frida le dijo que eligiese una obra como regalo.

La historia merece un libro y Marc Petitjean lo ha escrito. Se crió con El corazón en el salón de su casa. El autor realiza una encomiable tarea de documentación para reconstruir de forma amena los días de Frida en Francia y rastrear los datos sobre la relación que tuvo con su padre. El gran valor del libro publicado en España por la editorial Circe es que, con sus descripciones, Petitjean logra que el lector se sienta por momentos parte de ese ambiente poblado por figuras que la historia ha convertido en iconos del siglo XX, como Man Ray, Dalí, Breton, Picasso, Dora Maar, Kandinsky o Duchamp, y que, a escasos meses del inicio de la Segunda Guerra Mundial, hacían que París arrojase una altísima tasa de genialidad por metro cuadrado.

Libro
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