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TRIBUNA

El Brexit cae en viernes

lunes 13 de enero de 2020, 20:32h

Ya está, el Reino Unido se va el 31 de enero que es viernes. El viernes es un día de mala suerte para embarcarse en Gran Bretaña. Aquí es el martes, ya se sabe “en martes ni te cases ni te embarques”, pero allí es el viernes. La Royal Navy estaba tan aburrida de esta superstición entre los marineros que decidió un día a primeros del siglo XIX acabar con ella e hizo lo siguiente: construyeron un velero llamado HMS Friday, la quilla del barco la hicieron un viernes, le botaron un viernes, el primer viaje fue un viernes, y le pusieron bajo las ordenes del capitán James Friday. Nunca más se supo del barco.

Otro viernes famoso fue el de Robinson Crusoe, que fue como bautizó al nativo al que se iban a comer los caníbales de El Caribe en aquella isla donde acabó él tras haber naufragado y que, entonces nosotros para hacernos una idea cabal de lo catastrófico del asunto antropofágico tendríamos que traducir como Martes no como Viernes.

El artículo 50º del Tratado de la Unión (firmado en Maastricht el 7 de Febrero de 1992, que era viernes) para la retirada de la organización, con prórroga incluida, que el Reino Unido ha puesto en aplicación no tiene parangón en el derecho internacional, donde uno tiene que preguntar primero a los demás en la organización antes de marchar. Lo cual siendo en viernes no es nada raro.

Las fases de preparación del artículo 50º tienen reflejo fuera del ámbito jurídico precisamente en la vida de Robinson, aquel naufrago ensimismado en una isla deshabitada que después de haber vivido allí varios años se quiso marchar, pero que quedó frustrado tras dos veces de haberlo intentado, hasta que finalmente se pudo largar. Para ello (así es la vida de rara) tuvo que recurrir a lo que a toda costa quería evitar, que era el contacto con la humanidad, que era lo que le podía salvar, salvando él a su vez a una pobre víctima del canibalismo internacional, perdón quiero decir criminal.

Si quiere irse uno de una isla desierta (aunque desierta en el mar no termine de cuadrar) y dejarla otra vez deshabitada como estaba antes de llegar y uno ha llegado allí naufragado, lo que no puede uno es estar ensimismado pues en ese estado no puede percibir que aquella isla estaba en la desembocadura del Orinoco, unos de los ríos principales, y que no estaba vacía sino que era un resort de caníbales. Pero, cuando uno está ofuscado, como le pasó a Robinson y le pasa ahora a la Unión, uno no es capaz de ver ni lo que tiene al lado.

El artículo 50º del tratado, con su escrúpulo democrático, es obra del ensimismamiento europeo y lo mas parecido que se ha visto en el derecho internacional a como se las pira de una isla un naufrago que se empeña en marchar tras fracasar y vuelve a intentar otra salida, una en tierra y otra en el mar.

Así Robinson Crusoe después de llevar varios años en aquella isla pensó en volver a su casa y que lo mejor era hacer una piragua. Para ello taló un cedro que tenía un tronco de 1,5 metros de diámetro en la parte inferior y de 1,2 metros en la superior, y 7,5 metros de largo sin contar las ramas. Ni en El Líbano en tiempos del rey Salomón se vio un cedro igual, ni en toda América piragua tal. Y ¿porque hizo tan grande la piragua Robinson (o porque es tan grande el artículo 50º del tratado de la Unión) ? Él dice que puso manos a la obra y que la obra le cegó; el artículo también es cegador.

Como preparación Robinson invirtió, como el que se mete en una negociación, 20 días en cortar y labrar el tronco, 14 días en quitar las ramas, 30 días para darle forma y podarle y 90 días en hacer el hueco. Jamas se vio tanto trabajo inútil, porque Robinson hizo la piragua en el bosque muy lejos del agua y como era tan grande no la pudo mover ni echar al agua. Después de aquel desengaño pensó Robinson que podía hacer un canal para ir navegando hasta el agua montado en la piragua, no obstante, calculando la profundidad y la anchura de la zanja, le salían entre 10 y 12 años de trabajo, así que desecho el canal y allí se quedó la piragua como una isla dentro de otra isla, rodeada de tierra pero en medio del mar.

Pero Robinson, que era muy tenaz, animado por su fracaso inicial volvió a la carga poco después con una segunda votación perdón botación, la cual fue todavía peor que la inicial, pues seguía con las prisas por marchar. Su construcción, eso si, fue más sencilla pues experiencia ya tenía, pero solo eso no le valía pues una vez en la orilla cuenta se dio que no pensó ni en el viento ni en las corrientes del mar. No obstante lo cual, él al agua se tiró muy decidido en su piragua y sin tardar no muy lejos de la orilla ya se vio metido en una gran profundidad inesperada y una corriente que le arrastraba hacia el agua internacional. Ademas, aunque no tenia compás a bordo y como ahora el barco iba provisto de vela, puso el mástil, desplegó la vela y enfiló adelante para salir de la corriente, pero unas rocas inesperadas que no se veían desde tierra firme dividían la corriente: una tiraba para el sur y otro para el norte ¡qué corriente era aquella corriente marina!

Sobre la marcha descubrió Robinson, como le pasa ahora a la Unión, que entre aquellas dos grandes corrientes el agua estaba sorprendentemente quieta y como hacía en aquel momento un poco de brisa con dirección a la isla, puso proa de nuevo hacia ella con viento fresco que llegaba de levante. O sea que hizo lo que previeron aquellos expertos navegantes que diseñaron el articulo 50º en Maasstricht: poner un apartado para luego volver, con lo cual otra vez vuelta a empezar en viernes.

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