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TRIBUNA

Unidos en la defensa de la libertad

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 31 de enero de 2020, 20:03h

Todas las señales y gestos que emite el actual gobierno socialcomunista contra la libertad en todos sus ámbitos y, especialmente, contra la independencia judicial – cuando la separación de poderes y la independencia de la conciencia del juez son la esencia misma de la Democracia – nos inducen a concluir temerosos que la Nación española camina sin grandes tropiezos hacia una dictadura roja, de corte bolivariano. La miseria moral y material acompañarán a las nuevas maneras de la tiranía comunista. Nuestra mejor Prensa ventea ya las cosas horribles que vendrán como magnífico can ventor. Los ciudadanos críticos y amigos de la ley, como Hermann Tertsch, son perseguidos sañudamente por el Gobierno, con el afán de secluirlos de la sociedad en cárceles o campos de concentración. El ministro Ábalos con sus siete mentiras, como siete mentiras bíblicas, ha hecho que le salgan pelos eléctricos en la inteligencia del gobierno. Los grandes cariños duran lo que dura la mejor mentira. Tiene toda la razón Luis Ventoso: se debería promover a Ábalos para el Premio Carlomagno, por su fineza diplomática y excelso paradigma de la sensibilidad democrática de Europa. Hoy el gobierno de España parece el refugio de todos los transgresores del mundo. “Transgresores del mundo, uníos, y venid a España que es vuestra patria”. Uno pensaba erróneamente que el gobierno socialcomunista cumpliría sus metas más despacio, menos aceleradamente, con pensamientos del zorro Iglesias, agazapados y en acecho. Pero la Revolución y el cambio de régimen que ella lleva en sus entrañas ya están encima. Y si vivimos como si nada es porque en España la vida política siempre ha sido muy gaseosa en principio. Siempre ha existido mucho bulle de vida en estos páramos de engaño. Los españoles, estrechos y peleados, parecemos bajar al infierno en El Ascensor de Paco Nieva. Los españoles jugamos a estar vivos. Hay fuerzas que nos traen y nos llevan, y somos almas atolondradas en sus manos.

Cuando toda la Europa respetable recibe con honores al Presidente Guaidó, el gobierno de España se alinea con el bloque de países narcocomunistas, antiguos países no alineados pilotados por Castro. ¿Se acuerdan? Menos mal que Casado, tras saludar con lealtad y fraternidad democrática a Guaidó, ha salvado a España de la indignidad total. Acabaron los Premios Goya, una batahola de agitación y propaganda comunista televisada, festoneada con el peor gusto kitch. Ya metido en el Aquelarre, el divino Almodóvar ha querido probar con gozo adulador la piel del sapo. Calímaco jugaba con la aliteración de los términos griegos “Kórax”/”Kólax”, cuervo/adulador. Desde luego si perdemos la esperanza sobre el futuro democrático de España, aún nos quedará la curiosidad vecindona por los grandes fastos con mucho muslamen desnudo de la mediocridad triunfante. No olvidemos que Comedia viene de “Kômê”, la aldea o pueblo, en cuanto que nace del cotilleo que los vecinos y vecinas hacían en las noches de verano sentados en la calle, celebrando el despellejamiento moral de los vecinos ausentes. Almodovarismo en estado puro. Y ya en el holgorio baboso y cobista de estos Goya tan enmarañados y crípticos, deberíamos construir una hermenéutica para interpretar las señas de telégrafo que le hacía a Sánchez el de Calzada con las cejas. Restos escolares de la Telefónica franquista. Del mismo modo que se subvenciona la bazofia cultural, propaganda política para homínidos inferiores, y no se tiene un detalle pecuniario con la Alta Cultura, “eso” que pasa a formar parte del Patrimonio Nacional, se incauta el helicóptero de la Guardia Civil que buscaba al joven desaparecido David Cabrera – curiosamente apellido de la aristocracia militar carlista – para que nuestro bello Presidente se dé una tour sobrevolando una tempestuosa Mallorca con fotos de modelo de perfumes en la cabina. La propaganda siempre es prioritaria en las dictaduras ante la Alta Cultura y la salvación de vidas cismundanas ordinarias, aunque casualmente tengan apellidos de héroes.

España vuelve a estar enferma de esa letal enfermedad que divide a sus hijos, desde la muerte del malfamado Fernando VII y la reivindicación de su afable hermano Carlos V, una letal enfermedad que hace más de ochenta años originó un bestial fratricidio, un fratricidio estéril como siempre. Tenemos que atacar ya sin pausa y perentoriamente esa enfermedad en los mismos inicios de su rebrote, y no dejar que se extienda por el cuerpo social. No se trata ahora de agudizar el frentismo, sino de fortalecer la libertad para todos. Las elecciones han pasado y con ello el enfrentamiento tabernario de las navajas. Ante la enfática ordinariez del gobierno expresemos nuestro amor por la libertad indivisible de los españoles. La enfermedad de la locura vuelve a acechar a España. Et nullum malum gravius est quam bellum civile. Pero no habrá conflicto civil en tanto no se ilegalice la libertad de expresión amparada por las leyes vigentes. Y el sistema no entrará en barrena en tanto en cuanto exista derecho al pataleo, eso que la Constitución Ateniense llamaba “isegoría”, esto es, el derecho que asiste a todos de modo semejante a la crítica política al poder de turno y a expresar libremente el pensamiento político, acompañada de sus nodrizas, la parrhesía – libertad de expresión total – y la eleuthería – libertad de vivir de acuerdo al parecer de uno.

No fue sólo Luis XIV quien dijo: “El Estado soy yo”. Después todos los políticos desaprensivos y tocados con la misma desfachatez de Sánchez, si no lo han dicho, lo han pensado, y se comportan como si lo hubieran dicho.

Sólo libertad fundamenta la paz. Y miedos y sobresaltos nunca faltarán.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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