“Las puertas de la tarde” – (Envejecer con esplendor), es un libro de la religiosa Dolores Aleixandre que nos propone la forma más digna y menos dolorosa de envejecer; lo hace con un sustrato profundamente religioso y en conjunción también con las doctrinas budistas tibetanas.
Nos ofrece el desasimiento del Ser en su forma más radical, como el mejor de los caminos para alcanzar la dicha en plena vejez, en la decrepitud y en la muerte.
Vaya por delante queridos lectores, que ahora que tengo todo el tiempo del mundo, del día y de la noche para pensar - que es y ha sido mi único y verdadero oficio en este mundo y el que me ha gustado siempre ejercitar -, he de deciros que lo normal, lo natural no es morir, no es la muerte; lo natural, lo normal es vivir, vivir para siempre con tus amigos, con tus hijos, en el calor de tu casa, en los viajes internacionales, en las lecturas reposadas pero absorbentes y apasionantes.
Mi religión es escribir y nadie puede imaginar los beneficios que me ha producido esta actividad durante cerca de ochenta años.
He conocido el amor, y es peligroso; a no ser el sobrenatural el amor nace, vive y muere. La amistad es otra cosa, se acerca a la divinidad y generalmente sobrevive más allá del amor; es de más largo recorrido. Pedid ser “confidentes” y os veréis caminando por esos platós, en esos decorados diáfanos para la danza semejantes a los de “Un americano en París” o “La ciudad de la estrellas”; sencillamente porque los confidentes están más allá que los amantes, en una dimensión más oxigenada y sana, más profunda que la anterior.
Cuando un sacerdote muy querido nos preguntó – estaba mi mujer delante - que si era Jesucristo quien daba la línea conductora de unidad a mi vida, se lo negué rotundo y le añadí que no, que había sido la literatura.
¿Imaginan ustedes lo que es levantarse de la cama cada mañana y contemplar conmovido un paisaje maravilloso y diferente al del día anterior?.
¿Es eso el paraíso?. No; es ser escritor en plena fase de creatividad e inspiración más puras.