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EDITORIAL

Sánchez y Torra, cual jefes de Estado

jueves 06 de febrero de 2020, 15:40h

Antes de que comenzara la reunión entre Pedro Sánchez y Quim Torra, Iván Redondo al saludar al president le rindió pleitesía con una exagerada reverencia; como si se tratara del Rey. Luego, el jefe del Ejecutivo pasó revista a la Guardia de Honor de los Mossos a la entrada del Palacio de San Jaime, engalanada con una pancarta pidiendo la libertad de “los presos políticos”. Ambos gestos suponen la escenificación perfecta de un encuentro entre dos jefes de Estado, lo que pretendían, y han logrado de nuevo, los dirigentes separatistas. También como siempre, el presidente del Gobierno reconoció que fía la entera resolución del “conflicto” al diálogo, mientras el de la Generalidad insistió en la autodeterminación y la amnistía. Ninguno de ellos se salió de esos manoseados, e inútiles, argumentos.

Pese al evidente fiasco de la reunión, tanto Sánchez como Torra se mostraron encantados con el resultado de su “reencuentro”. Con estos planteamientos, no darán ni un solo paso adelante en la resolución del desafío secesionista, pero el presidente del Gobierno ha cumplido con ERC, su gran obsesión, y el de la Generalidad, ha celebrado su primer acto de campaña ante las inminentes elecciones autonómicas. Y es que, de eso se trataba.

No le ha importado a Sánchez humillarse de nuevo ante un presidente de la Generalidad inhabilitado por los tribunales y hasta por su propio Parlamento. No le ha importado cometer de nuevo el error de insistir en “desjudicializar el conflicto”. Porque solo ha ido a Barcelona para cumplir con ERC y contar con sus imprescindibles 13 escaños para aprobar los Presupuestos, el primero y más importante de los retos de la Legislatura. Pues resulta inaudito que el Frente Popular esté gobernando con las cuentas de Rajoy-Montoro.

El encuentro de la vergüenza, como lo ha calificado Pablo Casado, no ha sido más que un paripé. Infame, eso sí. Han acordado celebrar inmediatamente una ronda de negociaciones entre ambos Gobiernos. Y no es difícil vaticinar que por mucho que se reúnan, la conclusión será la misma: uno seguirá con el diálogo y el otro, con la amnistía y la autodeterminación. Mientras, el presidente del Gobierno se mantiene en La Moncloa con la tranquilidad de contar con el apoyo de ERC. Y Quim Torra alardea de ser el jefe de Estado de Cataluña. Pero con esos planteamientos, jamás resolverán lo esencial: que los dirigentes catalanes acepten que nunca serán independientes. Porque, ni aunque quisiera, Sánchez puede complacerles.
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