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TRIBUNA

Por San Valentín

domingo 16 de febrero de 2020, 19:46h

En los matrimonios de conveniencia, celebrar San Valentín ha sido siempre un acto de puro cinismo. La unión cosmética entre Sánchez e Iglesias no está para zalamerías ni presentes. Ni siquiera duermen juntos en el mismo colchón político. Y si Sánchez no se vuelve de la misma condición que Iglesias, algo tramará el comunista contra el trapisondista. El cariño entre socialismo y comunismo sobre el lecho conyugal frentepopulista lo definió con tintes de táctica favorita el comunista Dimitrof, primer ministro búlgaro, timonel del Komintern, creador teórico de las “democracias populares” e inventor y promotor del Frente Popular. Primero, hay que ganar aliados, o sea, conquistar a la chica. Después, ser lo suficientemente elástico evitando todos los obstáculos, es decir, simular con frenesí un idílico noviazgo. Finalmente, avanzar hacia el poder flanqueado por unos amigos que a la hora de la victoria serán implacablemente eliminados. Y se termina asesinando a la esposa para disfrutar de una acaudalada herencia. Así terminará este socialismo de Falcon y gafas de sol en manos del comunismo, contando éste, además, con Maduro en la función simultánea de notario y albacea testamentario.

Hay amores que matan. Manifiesta el progresismo un amor a la democracia cuando realmente ésta muere a sus manos. Exterminando las libertades, el progresismo liquida también la coherencia. Son progresistas quienes no toleran una entrevista a Abascal en la televisión pública callando cuando el entrevistado es un golpista o un etarra que embiste contra el orden constitucional. Progresistas son quienes pretenden tachar como delito el elogio al franquismo, regodeándose ante el enaltecimiento del comunismo. Progresistas son quienes dicen defender a la mujer negándose a investigar la prostitución de menores tuteladas por ellos mismos. Son progresistas los que se escandalizan por una España aliada de la Alemania nazi y callan fascinados cuando el genocida Maduro presume de ser su amigo. Sin duda, que el amor del progresismo por la democracia, la libertad y hasta la moral no pasa nunca de verbal declaración y con la boca pequeña. En cambio, abrigan un exacerbado amor por lo propio y un ferviente deseo de destrucción de todo aquel que no piensa como ellos.

Si Sánchez proclamara un amor insobornable y sincero a la verdad, la carcajada nacional sería atronadora. Cómo no va a saltarse las reglas democráticas, quien también se salta las suyas propias. “Yo no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno de España”, “Jamás gobernaré con el apoyo de los separatistas”. La mentira y el disparate se han convertido en forma de gobierno. Algunos han obtenido una cartera ministerial antes de tener sentido común y decencia. La verdad es una necesidad de la que no debemos privarnos en ningún momento de la Historia y en este preciso instante se necesita con urgencia liberar la verdad de los grilletes del progresismo y librar a la vida pública de las cencerradas del sectarismo gubernamental. Algún día, por San Valentín, Sánchez recibirá de Iglesias ese regalo tan letal bajo un hermoso envoltorio con la leyenda: amor y unidad.

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