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JORNADA 24

El Real Madrid, líder débil tras el empate ante el Celta | 2-2

El Real Madrid, líder débil tras el empate ante el Celta | 2-2
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domingo 16 de febrero de 2020, 22:54h
El conjunto de Zidane dominó el partido, remontando el golpe inicial vigués por fútbol y convicción. Pero en el 85 pagarían muy caro otro apagón mental que significó el resultado definitivo. El talento de los atacantes visitantes encontró el hueco para rascar un punto y torpedear la consistencia del favorito. Por Diego García

El Real Madrid comenzó su partido ante el Celta de Vigo empatado a puntos con el Barcelona, en la cima de la clasificación liguera. Y atisbando en el horizonte la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones (26 de febrero) y el Clásico casero ante los azulgranas (1 de marzo). Por ello, los punteros no debían relajarse si querían seguir alimentando su candidatura a la gloria. Mas, habrían de doblegar a un equipo gallego que arribaba a esta cita en el Bernabéu acuciados por las urgencias -yacían en el decimoctavo puesto-.

Zinedine Zidane, visto el contexto, continuó con las rotaciones y dio la alternativa a Marcelo, a Bale y, sobre todo, a Eden Hazard. El belga volvía a la actividad tras pasarse 82 días de baja por lesión. Acapararía todos los focos de un tridente completado por Benzema. Fede Valverde, Casemiro y Kroos retomaban el mando del novedoso 4-3-3 redondeado por Courtois, Carvajal, Sergio Ramos y Varane. Esperarían turno nombres como Modric, Vinicius, Isco o Jovic. Esta vez se quedaron fuera Nacho, James Rodríguez, Rodrygo y Lucas Vázquez.

Óscar García Junyent, en su caso, apostó por reforzar su defensiva componiendo una zaga de tres centrales -Joseph Aidoo, Jeison Murillo y Néstor Araujo-. Kevin Vázquez y Olaza ejercerían como carrileros, apoyando a Rafinha, Okay, Bradaric en el centro del terreno. Iago Aspas sería el faro creativo acostumbrado y le acompañaría el fichaje invernal Smolov. Los revulsivos que empezaron en la banca fueron Denis Suárez, Pione Sisto, Fran Beltrán, Santi Mina y Brais Mendes. Hugo Mallo (sancionado), David Juncá, Jorge Sáenz y Pape Cheikh no viajaron.

Sacrificó el dibujo capitalino parte del equilibrio que le ha catapultado en estos meses por una querencia más ofensiva, más controladora de la iniciativa y vertical. Y esta elección, con Marcelo y Carvajal sumados a la medular, sembraría un monopolio de la posesión que negó a los vigueses su voluntad de presionar arriba. Sin embargo, los locales se descubrieron con celeridad en desventaja y avisados de los peligros de la complacencia. En el minuto 8, Iago Aspas se filtró en la espalda de Casemiro, Ramos no achicó a tiempo y el zurdo envió un pase quirúrgico para la carrera del punta ruso. Smolov batiría a Courtois con un toque sutil hacia el segundo poste. En su primer tanto como celtiña.

Con esa contundencia recordó el Celta al Madrid la obligación de mostrar intensidad, rigor táctico y compromiso tras pérdida. Por parte de todos sus peones. Así, de un desajuste impropio en la inercia actual merengue nació un enfrentamiento venenoso para los favoritos. Mas, no torcería el gesto el sistema de Chamartín, que se abrazó al plan. Trazaba circulaciones eternas, en campo ajeno, y abrieron la espita del peligro con una apertura de Hazard para el centro potente de Marcelo, que forzó al meta Rubén a salir con tino -minuto 14-.

Al tiempo que se reactivaron las ayudas posicionales madridistas, propiciando robos adelantados, Casemiro lanzaba un derechazo que lamió el larguero -minuto 17-. La combinación en la mediapunta resultaba fluida, gracias a la movilidad interior de Hazard, Valverde, Bale y Benzema, complicando las coberturas gallegas. La filosofía de Óscar pasó a ser arrinconada por la salida de juego en largo y la asunción del encierro y contragolpe como fórmula. Y resistía con seriedad, concediendo saques de esquina y metros, pero nada más.

Aspas, Rafiinha -soberbio- y Smolov alcanzarían a desahogar un poco lo intensivo de la trinchera propia, amenazando con transiciones lucidas que trompicaban el pentagrama del coloso y se asomaban al último pase. Se cruzaría la media hora constatando que el talento técnico de la ofensiva visitante, peligroso, indigestaba el devenir a los capitalinos en tramos cortos pero valiosos. Y se subrayó que a la paleta coral madrileña sólo le faltaba precisión para traducir su domino enérgico en ocasiones. Un lanzamiento inocuo de Bale, en el 33, desesperezaría a Rubén.

Un remate en escorzo y fallido de Sergio Ramos, a pase de Benzema, eludió la montonera de centros laterales que alimentaba la seguridad de los antiaéreos Murillo, Aidoo y Araujo. Y Marcelo descerrajaría una volea fuera de diana de inmediato, en e rechace de un córner -minuto 38-. Ocho guerreros gallegos se apiñaban en su área, atentos a la parábola de turno, proveniente de los costados. Hasta que Hazard tiró una pared eléctrica con Benzema, para concluir centrando para el zurdazo apurado de Bale.

El minutaje se aceleraba hacia el descanso, con la hiperactividad local descendiendo. No así el tesón. El Celta bregaba por llegar a la orilla del intermedio con ese marcador, ciertamente cansado por la exigencia física y mental a la que habían sido sometidos en 45 minutos de agobio. Mas, localizaron en el 44 una llegada clarísima. Olaza puso en vuelo un saque de esquina y Aidoo cabeceó sin marca. Courtois salvaría a los suyos con una estirada de foto. Y con esta jugada, revestida de síntesis -de las virtudes y defectos de los contendientes-, de factura capicúa, se bajaría el telón. Con el club y afición merengues ofuscados -porque el colegiado no añadió descuento a pesar de las interrupciones viguesas y, también, por su impotencia atacante-.

Zidane debía decidir si contemporizar o incendiar la reanudación. El empate les valía tanto como la derrota. No suplió a ninguna de sus piezas, a pesar de no haber tirado a puerta todavía, nutriendo de confianza a sus subordinados. Y comenzarían la intentona de remontada con una concatenación de pases brillante que desembocó en gol de Sergio Ramos -anulado por fuera de juego-. Y acelerando, con Carvajal llegando a línea de fondo para meter un pase espinoso. En la siguiente maniobra, Marcelo desbordó promocionado por Benzema y su pase atrás fue embocado a la red por Kroos. Con un golpeo de zurda pegado al poste -minuto 51-.

Además, se lesionaría Kevin Vázquez, el único lateral diestro en la nómina celtiña. Óscar reaccionó con valentía -tampoco le valía el punto-: metió al extremo Pione Sisto. Redoblaba el reto, ahondando en su vertiente contragolpeadora. Se exponía a sufrir un tiroteo. El centro de Carvajal que sacó lo mejor de Rubén y la volea fuera de Kroos, en tres minutos, anunciaba que se le podía hacer larga la noche a los gallegos. Valverde redundaría en el escenario incipiente con un recorte y chut mordido, que atajó el arquero.

Paladeada la mutación del pentagrama, y sin un botín que proteger, el Celta inició el despertar de su presión. Pero se estamparía con una galopada de Hazard, que se coló entre dos rivales para provocar un penalti ante la mala salida de Rubén. Sergio Ramos amortizó el entuerto anotando en 2-1 -minuto 64-. El extremo belga se gustaba, pegado a la cal y fluctuando en diagonal, asociándose con Marcelo -mejorado- y Benzema. Se disfrazó de determinante y foco, todo lo contrario que Bale. Y los visitantes no se acercarían a Courtois en el segundo acto más allá del chut de Okay tras rechace.

Denis Suárez relevó a Smolov y Vinicius a Hazard -sobresaliente para haber estado casi tres meses en el dique seco-, a falta de 20 minutos. Los celtiñas quisieron cambiar la piel y aglutinar más balón, o, al menos, discutir la posesión. En el balcón del desenlace, el Madrid entendió que curarse en salud para abortar las transiciones celestes significaba subir su dureza. Y aplicó este mantra sobre Rafinha. Amén de buscar la clausura de la cosecha por el cauce del cuidado de la iniciativa. Desafiando a los oponentes a quemar el fuelle restante persiguiendo sombras.

Comparecerían e la recta postrera Modric, Santi Mina, y Mendy -por Kroos, Bradaric y un Bale que pidió la expulsión a gritos-. El decantar conllevó una desinflado del tempo rápido impuesto por los de Concha Espina con anterioridad. La prioridad aparente se limitaba a recetar anestesia, con Rafinha e Iago Aspas agotados. La porterías se habían revestido de anécdotas en una extinción del envite calmada, hasta que Denis Suárez imaginó un pase letal que Santi Mina usó para instalar el 2-2 -minuto 85-. Un nuevo apagón mental del gigante, desunido en el repliegue tras pérdida, le asomó al abismo del pinchazo terrible. Benzema controlaría y remataría fuera en la respuesta, y Rubén neutralizaría el arreón restante. No daría tiempo a los madridistas para espantar las dudas nacidas en Copa y escondidas en Pamplona.

- Ficha técnica:

2 - Real Madrid: Courtois; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos (Modric, m.81), Valverde; Bale (Mendy, m.84), Hazard (Vinicius, m.73) y Benzema.

2 - Celta: Rubén; Kevin Vázquez (Pione Sisto, m.55), Aidoo, Murillo, Araujo, Olaza; Rafinha, Okay, Bradaric (Santi Mina, m.83); Iago Aspas y Smolov (Denis Suárez, m.70).

Goles: 0-1, m.7: Smolov. 1-1, m.52: Kroos. 2-1, m.65: Ramos de penalti. 2-2, m.86: Santi Mina.

Árbitro: Alberola Rojas (Comité Castellano-Manchego). Amonestó a Bale (m.72) y Carvajal (m.74) por el Real Madrid; y a Olaza (m.56) y Okay (m.76) por el Celta.

Incidencias: encuentro de la vigésima cuarta jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 72.000 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria del periodista David Gistau.

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