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TRIBUNA

Raza aria

Juan José Vijuesca
miércoles 19 de febrero de 2020, 20:21h

Uno de estos días quiero subir a Barcelona para solucionar ese asunto del separatismo, pero siendo sincero no se bien que ponerme para la ocasión. Mis dudas no lo son tanto en lo referido a mi estilismo porque mi fondo de armario está siempre preparado, lo que me preocupa es que descubran que no soy catalán autóctono. Y lo digo con todo el cariño que me merece la otra mitad de catalanes y españoles que sufren en silencio y con espanto lo que les rodea.

La alcaldesa de Vich se ha encargado de patentar lo de la raza aria en favor de la supremacía desde el instante en que ha manifestado en el Parlament que todo catalán autóctono evite pasar del catalán al español cuando crean que su interlocutor, bien por su acento o por sus rasgos físicos, no sea nacido en Cataluña. Supongo que estas cualidades de primera vista las irán perfeccionando según los destellos que emanen de los foráneos. Por ejemplo, su manera de andar, su manera de reír, su manera de vestir, y así hasta completar el primer scanner con algo más antropológico como inspeccionar su dentadura o el tipo de cráneo. Es de esperar que el protocolo será concluido mediante un test de ADN para descubrir los orígenes étnicos.

Yo soy español y de la meseta, o sea, mesetario de la antigua Castilla la Vieja de toda la vida de Dios; es decir, poseo la paciencia del quicio de la puerta, ya saben, sentados analizamos el mundo y sus pertenencias durante horas. Lo da la tierra misma. Y así, sobre ella, porque la tierra no tiene dueños, solo relevos, enhebramos la España de nuestros antepasados con la visión de lo que a día de hoy sembramos, que no es otra cosa que mala baba y estupideces. Ahora me vienen ustedes a hablar de razas a mí, que llevo debajo del brazo al historiador Vicens Vives quién desarmó cualquier hipótesis del nacionalismo catalán: "Somos fruto de diversas levaduras y si algo ha caracterizado históricamente a Cataluña es su buena disposición a acoger a habitantes llegados de fuera".

Pero está claro que en la Cataluña de hoy a unos cuantos les ha traicionado su propia historia porque no han estudiado a cuantos ilustres aportaron sus eclécticos pensamientos llenos de cordura. Aquellos huyeron de los extremos, mientras que los de hoy se embriagan de irracional compostura. A mí, el oír hablar de razas en pleno siglo XXI, me produce náuseas, por eso, cuando ciertos representantes públicos utilizan la cuestión de supremacía autóctona frente al resto de los mortales, me retrotraen a épocas desterradas por sus desastrosas consecuencias para la humanidad que siempre nos ha traído la xenofobia. Por desgracia resulta innegable que para los insociables aún subyace en su aliviadero mental las prehistóricas e irracionales omnipotencias. Véanse algunos ejemplos: "El andaluz es un hombre poco hecho, que vive en estado de ignorancia y de miseria cultural" (Jordi Pujol- expresidente). "Mis hijos no podían jugar en el parque. Me decían: 'Madre, todos son castellanos'" (Marta Ferrusola-esposa de Pujol). "Los españoles son bestias carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan odio" Obra de Joaquim Torra- Presidente de la Generalidad.

A día de hoy y que me conste, los separatistas catalanes se han atribuido la paternidad de don Miguel de Cervantes, Cristóbal Colón, a la mismísima Santa Teresa de Ávila, a San Ignacio de Loyola y como el delirio nacionalista carece de límites en su tergiversación histórica pues tratan de inscribir en su libro de familia el bacalao al pil pil, la guitarra española, el cerdo ibérico, y todo lo que en su propio beneficio puede ser objeto de la marca “Made in Catalonia” Y en esas estamos. De manera que para el resto de España tan solo nos dejan las torrijas y el autogiro de Juan de la Cierva.

Don Pedro Sánchez y el gobierno que le arropa atribuyen la solución del conflicto a la falta de diálogo, o sea, que el síndrome de la supremacía que vive esa parte de Cataluña es más fácil de corregir de lo que la gente se cree. La cuestión está en hablar catalán, pero antes tenemos que pasar nuestro mejor perfil por el scanner visual, de lo contrario no puede haber entendimiento. Yo dudo mucho el reunir unas medidas de 90-60-90, aunque ahora la ciencia haya cambiado el rango de la perfección corporal situándolo en 99-63-91. En mi caso, ni por esas. De ahí mi preocupación por ir a Barcelona sin saber que ponerme para pasar desapercibido, a menos que aprovechando las fiestas tan carnavalescas me disfrace de Don Quijote de la Mancha, famoso catalán de nacimiento, según ellos, y consiga entrar en Cataluña sin mayor impedimento. Cualquier cosa ante tanta engañifa separatista.

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