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DESDE ULTRAMAR

Lozoya ¿en la olla?

Marcos Marín Amezcua
jueves 20 de febrero de 2020, 20:29h
Actualizado el: 20 de febrero de 2020, 20:47h

Ojalá que ya lo esté, porque la detención de este sujeto en España puede ser el punto de partida para desenmascarar a Enrique Peña Nieto y a su falaz gobierno priista. Su abogado ha mandado decir: “(Lozoya) no se mandaba solo”. Justo eso es lo que muchos deseamos saber: quiénes más están involucrados en sus crímenes en concreto, de serle probados.

El priista Emilio Lozoya, ex director de la petrolera mexicana Pemex, que dejó quebrada, prófugo de la justicia, perseguido con ficha roja por Interpol, fue capturado en el malagueño barrio de La Zagaleta, donde se escondía como rata de alcantarilla, y que en México ha sido descrito como barrio de millonarios. Se desconoce cómo lo pagaba o quién le dio cobijo. Con prisión preventiva, parece una persona dispuesta a hundirse sin remedio. Su abogado confiesa en la radio que no estaba dispuesto a entregarse.

Mientras lo acusan de un fraude tras otro, de nexos con la mafia rusa, con compras indebidas y relaciones comprometedoras con empresarios españoles, con estancias en Rusia, novia rusa –un rumor– y pescado con papeles falsos en España, bajo el nombre de Jonathan Solís, –lo verídico– miente al juez español sobre los días que lleva en España, disque de reciente llegada y todo suma para refundirlo en la cárcel por unos primeros 45 días, mientras el otrora flamante director se niega a ser extraditado a México. Solo en la cárcel, parecen lejanos los días en que lenguaraz dijo a los medios: “Tengo tiempo y recursos para romperles la madre” a quienes osaran tocarlo.

En México fue muy celebrada su captura porque tanta chulería de corte priista se atraganta, justo por la soberbia de quienes se sabían poderosos y créame, hay muchos que no se resignan al saber que no lo son. Porque no se deja un país quebrado y se persiste en victimizarse y creerse dueños de él. Así va de extraviado el PRI y sus simpatizantes, siendo intrascendente si tienen o no carnet de pertenencia a ese partido. Recuerde usted que los priistas además de robar a manos llenas, hacían suculentos negocios a costa del erario público. Era la parte elegante de su ladronería.

De Lozoya decir que es priista en toda regla. Un priista por mentalidad, enchufes y procederes tales, que el presidente del PRI niega que sea miembro de ese partido, cuando lo supo capturado, sin poderse deslindar del caído en desgracia y ambos enlodando las siglas priistas, porque no hace falta ser miembro activo para ser priista y lo sabe. El caído es caído por reventarse el cordón por lo más delgado, no por ser el único corrupto. Tiene el bendito don de estar su nombre relacionado a un sinnúmero de fraudes del sexenio priista. Demasiada casualidad para no estar involucrado. Un sujeto que acusa haber sido traicionado (se entiende que en sus criminales conductas) por el priista Peña Nieto y el por el priista Luis Videgaray, el consabido brazo derecho del ex presidente mexicano. Una partida de impresentables priistas. Lozoya no pudo llegar a dirigir Pemex si no era por lo menos, afín al priismo que encabezaba al gobierno Peña Nieto.

Con el enorme tino de hundirse más y más cada vez que abría la boca mintiéndole al juez español, el mexicano se quedará en prisión 45 días mientras se decide su futuro, resguardado en una cárcel a donde nadie pasa a visitarlo, ya le digo. Después de todo, el ex director de la petrolera mexicana, que embarró a su madre y a su esposa en sus fechorías, y cuyo nombre público de funcionario aparece en todas las tranzas del sexenio priista reciente, deja la incógnita del porqué se le relaciona con tanto fraude y desfalco, si su origen familiar acomodado conduciría a pensar que no lo necesitaba…pero todo indica que sucedió.

Lozoya representa a ese priismo ramplón que se creyó impune, que ha desfalcado a México por décadas y todavía alardea de que México le debe la vida por haberlo construido. Tanta idiotez es frecuente oírla entre correligionarios y simpatizantes priistas, que se callan que menudo favor se lo cobraron con creces. Dieron un pan por el costal de harina del que dispusieron para sí. Lozoya pinta para ser el corazón de un entramado de complicidades y corruptelas con sello de gobierno priista, de altos vuelos y cantidades exorbitantes, a las que hay con considerar como propias y compartidas. Y siguen impunes hasta hoy.

Cuando uno oye o lee a los priistas adornarse tanto y ser tan execrables con el presente gobierno opositor a sus siglas, hay que recordarles nombres como el de Emilio Lozoya Austin, un preclaro recordatorio de la corrupción desmedida que termina siendo innegable cual sinónimo el PRI y que les cancela toda estatura moral para criticar nada. Lo saben perfectamente bien y las veces que haga falta, hay que repetírselo porque son convenencieramente olvidadizos. A los priistas les dijo el presidente López Obrador meses antes de que asumiera la presidencia: “van a apretar los dientes cuando me entreguen la banda presidencial”. Le atinó y eso también es restregable en su cara, visto que no se resignan a que el pueblo de México los echó apunta de votos y les privó de la ubre del presupuesto que no se hartaron de robar y es lo que verdaderamente les duele.

Se lo dije a usted amigo lector en ambos hemisferios en diciembre de 2012: los priistas regresaron voraces. No me equivoqué. Lo que no dimensioné fue lo muy voraces que regresaron a desfalcar a México.

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