Tuvieron que remontar ante el West Ham, en un duelo que supieron sacar adelante a pesar de las complicaciones en las que se metieron.
El Liverpool corroboró el pasado martes, en Madrid, que la inercia apurada que estaba dibujando en la Premier League para sostener su tendencia a la rotura de plusmarcas locales no valía para Europa. En concreto, para la paleta defensiva y rigurosa de Diego Pablo Simeone y su Atlético. Los colchoneros les desafiaron a crear en estático y esa suerte no es la que más favorece a los pupilos de Jürgen Klopp. Acabarían cayendo, viéndose forzados a repetir guión y a remontar en Anfield.
Con esas dudas, y heridas en el orgullo y la convicción, afrontarían el duelo liguero de este lunes. Su liderato en Inglaterra no admite debate, pero se trataba de recuperar sensaciones. Por ello sacaría su once de gala el técnico germano, con Firmino, Mané y Salah arriba, Alexander-Arnold y Robertson en los laterales, Van Dijk y Joe Gomez en la zaga, y Fabinho, Wijnaldum y Keita en la medular. Sacó todo para enfrentar, en casa, a uno de los colistas: el West Ham de David Moyes.
Y abrirían camino con rapidez los 'Reds'. En el décimo minuto embocó Georginio Wijnaldum un gran centro de Trent Alexander-Arnold -segundo máximo asistente de la Premier, sólo por detrás del mediocampista del City Kevin De Bruyne-. El neerlandés taladró la meta rival con un testarazo que susurraba una noche plácida en Merseyside.
Pero los 'Hammers', que yacen en la posición decimoctava, desempolvarían los fantasmas del favorito casi de inmediato. Un puñado de minutos más tarde Issa Diop instaló el 1-1 en el marcador, de astuto cabezazo -al adelantarse a toda la retaguardia del vigente campeón de Europa, en un saque de esquina mal defendido-. En consecuencia, se le presentaba al puntero un examen mental inesperado.
Y la prueba se agudizaría con el paso de los minutos, pues el West Ham entregó metros y la pelota por completo. Sólo dejaría descolgados a Antonio, a Pablo Forlnals y a Snodgrass, con Mark Noble como lanzador de contragolpes. Esa fórmula le bastaría a la pizarra de Moyes para sobrevivir al descanso e, incluso, para congelar a la grada del afamado templo del balompié británico.
En el minuto 54 Fornals anotaría su segundo tanto del curso en la competición de la regularidad. El ex jugador del Villarreal, y talento ya internacional con España, pescó un centro raso de Declan Rice, dentro del área, para cruzar un remate que Alisson no alcanzaría a repeler. El exquisito mediapunta asumió el papel de delantero y detonó la sorpresa. Una campanada que, si bien no iba a despertar el sueño del Manchester City de ser campeón -pues median 22 puntos de distancia-, podría ahondar en la sobrevenida inestabilidad del Liverpool.
Amontonaba centros y llegadas sin tino, sin acierto en los últimos metros, el equipo de Klopp. Era la primera vez que su conjunto encajaba dos goles en un mismo partido desde el 4 de diciembre -había recibido una diana en los 11 duelos precedentes-. El estratega germano sentó a Keita y metió al llegador Oxlade-Chamberlain, que chutó con peligro a las primeras de cambio. Esta sustitución aportaría más juego entre líneas y, en resumen, verticalidad venenosa.
Y en el 68 empataría Salah con un golpe de suerte. Una sensacional combinación por el perfil de Mané dejó a Robertson en la línea de fondo, presto para centrar. El cuero se dirigió hacia el punto de penalti y, allí, el egipcio chutó de zurda -y sin marca- un envío que salió raso y centrado. Entonces, Fabianski, ex del Arsenal, cometería el error grosero que ejercería como punto de inflexión. El intento se le colaría, mansamente, por debajo de sus piernas. El horrible fallo anunciaba la mutación del éxtasis a la resignación del West Ham.
Acelerarían los locales con 2-2 en la mochila, llegando a registrar 25 aproximaciones rematadas, con siete tiros entre palos. Y por otro cauce no habitual, redondearían la remontada. Joe Gomez se incorporó en conducción y chutó desde media distancia. Su lanzamiento fue desviado y se uniformó en asistencia para Alexander-Arnold, que figuraba en el área como extremo. El lateral se adelantaría a Fabianski para pasar a Mané, que anotó el 3-2 a placer. El tanto del africano premió a la fe de su escuadrón y rubricaría el 4-2 justo después, mas el VAR anularía el doblete por fuera de juego -la asistencia también había corrido a cargo del lateral diestro-.
Escapó de sus sombras finalmente el combinado 'Red'. Se fundiría en el paroxismo con su tribuna, apuntando al escenario que esperan repetir ante el Atlético. Y, de paso, recobraron el triunfalismo regional. Con esta victoria igualaron el récord del City -18 victorias ligueras consecutivas- y alimentaron otras cuentas vertientes que pueden derivar en plusmarcas. En la soñada primera conquista de la liga inglesa desde que asumieron el formato Premier-.