Bien saben cuántos me conocen la aversión que tengo a escribir de política, porque además de saber que la cultura une y la política desune a las gentes cuando no las enfrenta, es tema que no me agrada. Pero el panorama que toman muchas cosas y la deriva del actual gobierno que nada tiene que ver con la izquierda tradicional ni tan siquiera con el comunismo, sino más bien con el inquietante panorama de destruir España, un país hermoso y próspero, situado en lugar privilegiado del planeta, en su zona más templada. Junto a la cuenca del Mediterráneo, me obliga a ello.
Toma el Gobierno la decisión de abrir el sistema de las pensiones y otorgar la caja de las pensiones, dando transferencia de poderes, en un próximo futuro, al País Vasco de su gestión.
Con ello se quiebra un principio fundamental de igualdad social de trato y solidaridad entre todos los españoles. Felipe González ya lo ha advertido y Alfonso Guerra.
José María Aznar – a quien conocí personalmente al inicio de su campaña electoral, en el teatro Beatriz de Madrid; yo iba con Carmen Troitiño la empresaria teatral y con Javier Escrivá, el actor, que morirá poco después en accidente de automóvil –; alarmado, advierte de lo mismo.
En lugar de echar balones fuera las pensiones deben tratarse a través del Pacto de Toledo o la reforma de las mismas pero en bloque.
Trocear el poder recaudatorio destinado a pagar las pensiones en función de cada Autonomía supone romper la idea de igualdad, justicia y solidaridad; puede hacer que a un mismo nivel profesional se cobren pensiones de cuantía doble o triple en una Comunidad que en otra.
Y si esto se añade a un sistema ya de por si complejo, precario y de trascendencia para más de ocho millones, apaga y vámonos
Si se medita este asunto y se une a los que cada día nos aportan los medios nada más abrir el ojo, la sensación - tipo Hitchcock,- es parecida a que si España se introdujera en un turmix puesto a toda potencia durante diez minutos a ver que producto saldría tras la rotación vertiginosa de las afiladas aspas.
Al percibir, como antes comentaba, que medidas como estas de socialismo no tienen nada, ni de progresismo, ni de comunismo, llegué a pensar en la incapacidad de sus responsables. Más adelante y ya cuando gritaban Felipe González, Alfonso Guerra y el pobre Rubalcaba, de haber estado aquí, me dio por relacionarlo como el “trastorno mental transitorio” de algunos. Pero ayer por la noche tras saborear algunos documentales sobre cómo quedó Alemania tras la muerte de Hitler y Eva Braun en el bunker en Berlín rociados de gasolina y tras pegarse un tiro, me di cuenta que esta gente es incapaz de hacer todo esto, y que hay una fuerza oscura llámese trilateral, mafia, masonería o potencia extrajera dispuesta a debilitar Europa reduciendo España a la edad de piedra.