El ojo axiológico o conciencia moral puede equivocarse. También los ojos de la carne se equivocan. Pero sus errores pueden corregirse con unas gafas. ¿Existen algunas gafas para el ojo axiológico? Sí existen. Se las conoce desde siempre como la Regla de Oro.
En el libro de Tobías aparece en forma negativa: no hagas a los demás lo que no quieres que hagan contigo. En los Evangelios, en forma positiva: trata a los demás como quieres que te traten a ti. De una manera u otra, esta idea se encuentra en los refraneros de todas las lenguas del mundo.
Kant la expresa en su típico estilo pedante: que la máxima de tu conducta pueda convertirse en regla universal. Preparándola para ser formalizada, la Regla de Oro suena así: si A es un valor ético, entonces si todos los humanos -todos sin excepción- hicieran siempre A, todos saldrían ganando y nadie perdiendo.
Superando a Kant en pedantería, la Regla de Oro se formaliza en esta validez lógica
(∃xFx → QF) → (x)(Fx → QF)
Los que conocen el cálculo lógico enseguida se darán cuenta del trascendental detalle de que la variable x no entra en la expresión QF. Si en su lugar pusiéramos Qx, la verdad absoluta de la fórmula quedaría arruinada.
Este crucial detalle nos asegura una vez más que lo que debe ser es el valor F o QF, y no la acción concreta x con que puede ser realizado, o sea, Qx..
Como ejemplos de materias valiosas F podemos indicar la limpieza o respeto a la naturaleza, el respeto a la persona o buena educación, la justicia, la lealtad como pacta servanda, la veracidad como decir la verdad a quien tiene derecho a saberla, la discreción o saber estar en el sitio adecuado, el agradecimiento, etc., etc. Si todos los humanos, todos sin excepción, viviésemos siempre esos valores, todos saldríamos ganando y nadie perdiendo. Es un experimento mental, por así decir, que cualquiera puede hacer. Los posibles errores de la conciencia moral se corrigen mediante la Regla de Oro.
En realidad, las materias suficientemente delimitadas de todos y cada uno de los valores éticos F han sido ya descritas en muchos libros. Lo que no está escrito en ningún libro es la decisión concreta x que yo debo tomar aquí, ahora, en estas precisas circunstancias en que me encuentro. Esa decisión la he de tomar yo. Y sólo yo puedo tomarla. En estricto rigor, es la primera vez que tal problema moral acontece para mí en la historia de la humanidad. Por eso soy libre frente a los valores F. Esa es la gran gloria y el gran riesgo de ser libres.
Que la Regla de Oro pueda formalizarse en una validez lógica no dice mucho a quienes ignoran el cálculo lógico. Pero los que lo conocen saben que la verdad absoluta de la anterior fórmula es algo mucho más serio y decisivo que dos y dos son cuatro, que el vulgo suele tomar como paradigma de la verdad. Para que dos y dos y dos sean cuatro hace falta que exista un mundo con al menos cuatro entes individuales. Es una verdad relativa. Pero la verdad de una validez lógica es absoluta. Era verdadera antes del Big Bang con que comenzó este mundo. Y seguirá siendo verdadera cuando desaparezca este cosmos.
Como la ideología de género está ahora en lo más alto del candelero, es obligado plantearse estas dos cuestiones.
Primera. ¿Qué pasaría, si todas las mujeres, todas sin ninguna excepción, abortasen siempre, y nunca diesen a luz un hijo vivo?
Segunda. ¿Qué pasaría, si todos los hombres, todos sin ninguna excepción, tuviesen siempre relaciones homosexuales y nunca heterosexuales?
En ambos casos llegaríamos al mismo final feliz: todos los idiotas y todas las idiotos habrían desaparecido de la faz de la Tierra.