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Y DIGO YO

Podemos y la ética del líder

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 03 de marzo de 2020, 20:04h

Ya queda poco para el congreso de Podemos y hay que atar bien atado todo aquello que pueda generar un revés para la familia Iglesias-Montero o Montero-Iglesias. ¿Y qué puede ser lo que preocupe a los vecinos más famosos de Galapagar en estos tiempos? Pues todo lo que un político acostumbrado ya a la buena vida del que manda desea: dinero y poder. O como en el caso de los apellidos, poder y dinero. No sé con exactitud en qué orden de su escala de valores va cada cosa.

Empezando por eso del peculio. El líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno quiere quitar ese tope salarial que se habían autoimpuesto en la formación morada de tres salarios mínimos. No hace mucho, la mano izquierda de Pedro Sánchez decía que “sería de vergüenza que nosotros, elegidos por los ciudadanos, digamos que, al tiempo que usted va a cobrar 645 euros, que es el salario mínimo, yo voy a cobrar 8.000 euros. Usted es casta”.

Presumía Iglesias por aquel entonces de que a la gente de Podemos, con esos tres salarios mínimos, “no se le puede comprar”. La pregunta que me hago es si ahora, que gana más de 4.000 euros, sí se le puede comprar. La ética del líder de Podemos queda en entredicho por razones tan obvias que da hasta vergüenza explicar.

Del mismo modo, quiere derogar la limitación de mandatos. Actualmente está fijada en 12 años. Montero decía, tampoco hace mucho, que esta era una cuestión fundamental porque servía para que “una persona que entra en la institución nunca se olvide que está ahí por un tiempo y para representar a la gente y para hacer lo mejor para la gente”.

Otra pregunta que me hago es: ¿para qué gente? No hay que olvidar que mucha de su “gente” ya no se siente representada o los ha echado el líder supremo o se han visto obligados por coherencia y dignidad a marcharse para formar sus propios partidos. Eso de la honorabilidad no es cosa fácil.

Montero, contundente como es ella para decir las cosas, afirmaba, insisto, no hace mucho, que “la limitación de salarios o la prohibición de las puertas giratorias son vacunas contra la corrupción como forma de Gobierno en este país”. Se vanagloriaba la ministra de Igualdad de dar ejemplo porque ellos ya se lo aplicaban para sí mismos. ¿Creen ustedes que se lo aplican ahora?

Del mismo pensamiento, lógicamente, es Pablo Iglesias, que no se imaginaba continuando en política después de dos legislaturas: “Yo no me imagino dentro de 8 años diciendo ‘venga va, otras elecciones...’”. Ahora quiere ir más allá de las tres porque no podría presentarse en unos días a la reelección como líder de Podemos.

“Es que nosotros no estamos aquí para tener una larga trayectoria política”, dijo el responsable hoy de políticas sociales de España. Claro, los tiempos cambian. Uno nunca sabe lo que va a pasar en el futuro. No es lo mismo hablar a los que en esos primeros momentos son iguales que tú, con los mismos intereses que tú, que cuando la perspectiva es elevada y de posición noble por las responsabilidades de Gobierno.

Se justificaba Montero con que eso de donar un porcentaje de entre el 5 y el 30% en función del salario es “una propuesta encaminada a mantener nuestras señas de identidad”. Pues leo en los periódicos y escucho en la radio que con las normas que se han dado, que te eximen de ese pago también si se tienen niños, que ninguno de los dos apenas tendrá que donar.

Cómo cambia el cuento cuando se pisa moqueta. Haz lo que yo diga, no lo que yo haga, que decía el otro. Ya engañan a pocos. Cada vez a menos, como se ha demostrado en las últimas elecciones. La fragilidad de Sánchez y su necesidad imperiosa de gobernar ha salvado a Podemos en tiempo de descuento y casi cerrando el chiringuito.

Una vez recolocados todos los que se iban a quedar fuera porque “Papá Estado” paga por escaños y éstos cada vez son menos, de Iglesias y los suyos depende jugar bien sus cartas y utilizar a su merced todas las armas que estar en el Ejecutivo te facilita. Pero claro, que este juego no suponga arruinar un país porque, como jugar a la política cuando se empieza y cuando se llega a lo más alto, una cosa es proponer lo imposible como elemento diferenciador y otra muy distinta jugar con el empleo y la economía de miles de familias.

Porque una cosa es sentarse en la Puerta del Sol con un litro de cerveza a gritar “no hay pan para tanto chorizo” y otra hacer pagar más a la España que trabaja por el IBI, en el IRPF, por donaciones y sucesiones, patrimonio, el tabaco, por las cosas con plástico, la comida basura, la tasa Tobin y la tasa Google, el juego, el diésel y los contaminantes viajes en avión. Seguro que me dejo algún impuesto y los que se inventarán para su derroche.

¡Ah! y espero no ser un periodista demasiado incómodo y que me metan en la cárcel por escribir lo que opino.

Javier Cámara

Periodista

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