Según el Google Maps la distancia entre Perpiñán y Lourdes es de unos 375 kms. Según la misma fuente, entre Barcelona y el Palacio de La Moncloa viene a ser de unos 635 kms. Los viajes organizados para ambos destinos tienen un denominador común: “hacer milagros”
Hay matices a tener en cuenta porque no todo es agua bendita. En Lourdes sí, pero es que por allí no asoman los caraduras. La Virgen de Lourdes es otra cosa para quienes no profesan la fe de los advenimientos ni depositan en ella el ruego de la justicia divina. Por eso los catalanes independentistas prefieren venerar a su santo felón haciendo el camino francés hacia Perpiñán para ser ungidos de primera mano; y si no que se lo pregunten a Quim Torra, que tan pronto se sienta a la diestra del Maese Pedro en la Moncloa como saca en andas a San Puigdemont por las calles hermanadas de la ciudad francesa. Por cierto, municipio galo tan afrancesado como puede serlo Marsella, pero el alcalde de Perpiñán bebe los vientos por los separatistas catalanes y les ha dado un agasajo municipal al más puro estilo de “Bienvenido, Mister Marshall”
Hombre, un gesto del presidente Macron sería de agradecer, más que nada por evitar que la Unión Europea se vea ninguneada por tres prófugos de la justicia y dos inhabilitados por los tribunales, que se dice pronto en cuestión de tomadura de pelo en política de altura. Ya sabemos que en Francia nos dan una de cal y otra de arena según los índices de solidaridad democrática que se enmiendan desde París.
Lo que sucede es que los franceses no han valorado bien la estrategia de estos iluminados separatistas, muy capaces de tomar La Bastilla en versión Puigdemont y quedarse con Francia al completo. La cosa es entrar y avanzar en olor de simpatías y embelecos para luego jalonar sus logros y extender sus territorios. Ya verán ustedes como Cataluña se les queda pequeña en dos días y luego quieren más. Porque Quim Torra, una vez bendecido en Perpiñán por su santo patrón, vuelve a la Moncloa con aires de renovada autodeterminación. “Tenemos que preparar la lucha definitiva” -exclamó el santo Puigdemont. Y sus predicadores se encaminan a la mesa del culto servil presidida por don Pedro en clara sintonía con aquella representación quijotesca de la obra musical para títeres de Manuel de Falla.
El día festivo de Perpiñán ha resultado ser un éxito para cuantos han recibido la luz que emana del iluminado Puigdemont. No hay nada mejor que encarnar el papel de un ser superior para subordinar voluntades ajenas. En el fondo somos seres muy apegados a las cañadas reales, no en vano las vías pecuarias tienen su origen en la trashumancia inventada por el famoso Vicente que implantó el gregarismo contumaz con aquello: ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Pues eso.
Volviendo a Perpiñán, ya saben, lugar de peregrinación en día de apariciones esotéricas, cabe la posibilidad de que el fraternal alcalde de la ciudad convierta el municipio en un santuario de fieles separatistas, una especie de pirámide de la felicidad. Algo parecido a la iglesia de la cienciología, pero en versión catalana-francófona, eso sí, todo ello amenizado con folklore tan divertido como es la sardana. A medida que este fenómeno paranormal se convierta en parque temático, todo en Perpiñán quedará bajo la advocación de San Puigdemont y su luz se extenderá como lo hizo en su día la llamada del cine prohibido que tanto hizo por allanar el camino de la luz perpetua, eróticamente hablando. Y no lo digo yo, es que el glorificado y huido de la justicia española lo ha dejado bien claro: "Siempre que los catalanes hemos necesitado ayuda y solidaridad, hemos buscado una luz más allá de las oscuridades que nos han perseguido durante siglos, y la hemos encontrado en Perpiñán". Ya lo creo, sobre todo en el mítico cinéma Castillet para ver “El último tango en París” o “Emmanuelle”.
Ante semejante riqueza lumínica –a veces la luz es cegadora- a uno solo le queda acudir ante la Virgen de Lourdes y exponer en primera instancia el acontecimiento vivido en Perpiñán. Raro será que mis plegarias en favor de San Puigdemont caigan en saco roto. Voy a pedir por él, lo necesita para que revierta su falsa creencia en lo de sentirse un hacedor de luz allá por donde purifica sus declamatorias apariciones. Mi dominio del francés me resultará tan útil como mi propia fe en los casos de difícil comprensión, no en vano el santuario de Nuestra Señora de Lourdes es uno de los lugares más visitados del mundo y son muchas las curaciones que de allí se reportan. Algunas sanaciones son físicas, pero otras son emocionales y espirituales. Insisto, si lo hago es por él y porque la mesa de diálogo en Moncloa sea seria, aplique la ley y acabe cuanto antes con este suplicio. Es decir, encerrando a los “iluminados”. Por el bien general, s’il vous plait.