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Superliga. Boca Juniors le arrebata el título a River Plate en el último partido

Superliga. Boca Juniors le arrebata el título a River Plate en el último partido
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domingo 08 de marzo de 2020, 06:01h
El 'Xeneize' debía ganar al equipo entrenado por Maradona y esperar un pinchazo del coloso ideado por Gallardo en Tucumán. Tévez se erigió en el héroe.

La Bombonera estalló este domingo en un festejo repleto de liberación y catarsis. Al final de la última jornada de la Superliga Argentina 2019-20, el contexto se asemejaba a un guiño del destino por el que Boca Juniors entraría en el paroxismo. Y es que en el duelo definitivo, el entrenador rival era, ni más ni menos, Diego Armando Maradona. 'El Pelusa' aterrizó con Gimnasia y Esgrima, un conjunto que peleaba por salvar la dignidad. Pero con celeridad se denudaría la noche bonaerense como un tributo al 'Xeneize'.

Maradona fue homenajeado antes del inicio del partido, con el calor de la enorme masa social que le idolatra en el templo del que partió para conquistar el planeta. Y se saludo efusivamente, beso mediante, con Carlos Tévez. En una suerte de bendición que 'Carlitos' haría efectiva con su gol, el único del evento, cobrado en el minuto 76. En ese instante se aflojaron los nervios y la tensión que había atenazado al plantel entrenado por Miguel Ángel Russo.

El preparador llamado a devolver el brillo internacional a Boca, en su segunda etapa al mando de la primera plantilla 'bostera', se estrenaría alzando el título liguero. Porque, en paralelo a la diana de 'El Apache', River Plate naufragaba de impotencia en Tucumán. El sistema construido por Marcelo Gallardo se demostraría incapaz, vaciado de la mentalidad triunfal que le ha llevado a conquistar dos Copas Libertadores desde que el 'Muñeco' tomara las riendas en 2014 -amén de otros 12 títulos-. Debía ganar pero empató a uno.

Como suele ser costumbre en el país argentino, el éxtasis de Boca coincide con la depresión de River. Pues bien, el capítulo de este fin de semana no podía ajustarse más a este paisaje. El 'Millonario' dependía de sí mismo al inicio de la fecha. Con ganar al Atlético Tucumán le bastaba para ser campeón y entregar a Gallardo su primera liga. Incluso un resbalón de su enemigo íntimo le valía para 'campeonar'. Disponía de un punto de ventaja antes del comienzo de la acción.

En cambio, no escaparía el favorito de la inercia trompicada que ha terminado por pintar este curso. El rendimiento de 'La Franja' disparó las expectativas del club con sede en el Monumental hasta el punto de optar a lograr un triplete. Pero el horizonte se le iría nublando. En la Libertadores se dieron el gusto de eliminar a Boca en las semifinales, pero el Flamengo les hurtó la posibilidad de repetir título continental. Después no pudieron retener a Exequiel Palacios y su medular no sería la misma. Más tarde, alzarían la Copa (goleando a Central Córdoba por 0-3) y les quedaba rematar el buen camino trazado en la Superliga.

Sin embargo, el pasado fin de semana emitieron un síntoma claro de dudas, anunciando lo venidero. Cedieron un corrosivo empate en casa, frente al sorprendente Defensa y Justicia. Y la brecha abierta con un Boca que encadenaba goleadas quedó reducida al mínimo. Sin margen de maniobra, Gallardo envió suplentes y canteranos a debutar en la fase de grupos de la nueva edición de la Libertadores. Y cayeron por 3-0 en Quito, ante la Liga. Y la jugada se confirmaría nefasta este domingo, pues la rotación no funcionó: sus titulares no dieron la talla en Tucumán. Boca concluyó con 48 puntos y River, con 47. El 'Muñeco' habrá de aguardar para rellenar ese agujero sentimental que asoma en su vitrina y que corresponde al trofeo de la Superliga.

El relato de su catástrofe se abrió en el minuto 19, cuando Javier Toledo batió a Armani para firmar un 1-0 que multiplicaba los fantasmas del pasado que arrastra River. No son pocos los entorchados ligueros tirados por tierra en las fechas postreras. Matías Suárez logró las tablas relativamente temprano, en el minuto 35, activando una contrarreloj que el 'Millonario' no sabría manejar. Su fútbol florido, que ha situado a Santos Borré como pichichi del torneo y a Suárez y Nicolás de la Cruz como dos de los cinco mejores pasadores, se secó. Y, falto de soluciones, rubricarían otra debacle sangrante.

En paralelo, el Gimnasia y Esgrima de Maradona se evidenciaba guerrero en el barrio de La Boca. Bien plantado en el achique, rebosante de intensidad, rozarían el 0-1 con una llegada tan nítida que sólo una parada de póster de Esteban Andrada la neutralizaría. El portero maravilloso recordó a todos que su defensa sólo ha concedido ocho goles en este campeonato. Una cifra que asegura cimientos. Y el latigazo eufórico de Tévez premió a semejante consistencia. Tenía que ser él.

El cuestionado superviviente del proyecto extinguido que fabricó Gustavo Alfaro. El capitán que perdió la final de finales, en la Libertadores del Santiago Bernabéu. La figura devenida en diana por la ausencia de orden en el club y de jerarquía e ideas en el césped. Se planteó abandonar al equipo de su vida, pero este domingo, con la presencia de Maradona -coincidencia de deliciosa factura para los 'bosteros'-, se congració con su hinchada y con su estatus. Para, quién sabe si propulsar una candidatura seria a la gloria en la presente Libertadores que desempolve el lustre del misticismo de Boca. Desde luego, la primera piedra de la renovada ilusión se instaló sobre la frustración de River. ¿En el inicio de la venganza anhelada por la afición más numerosa de Argentina?

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