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ELOGIO DE LA INMORALIDAD

Aurora Nacarino-Brabo
sábado 16 de agosto de 2008, 20:40h
Estoy de vacaciones. O casi. Para ser precisos, lo cierto es que continúo trabajando, pero con toda la libertad que me puede proporcionar un ordenador portátil, que no es poca. Eso quiere decir que, en lugar de escribir desde la habitual jungla de asfalto madrileña, lo hago tras la muralla medieval de un pueblecito burgalés. Y aunque el deseo haya corrido al Mediterráneo y añore su calor pegajoso, la verdad es que no me puedo quejar de mi suerte.

Desde aquí todo parece de color de rosa. Por ejemplo: resulta que algunos medios ingleses puritanos han acusado de racismo a la selección española de baloncesto por posar en una foto para los Juegos Olímpicos rasgándose los ojos. ¡Y yo me río! Lo que hace unos días me hubiera hecho bramar, hoy me parece una excentricidad más de la flema británica. Pero la risa deriva en carcajada cuando pienso en Lidia Valentín, la levantadora de peso española que profirió con estruendo un rotundo “¡me cago en dios!” para todo el planeta cuando le dijeron que no había logrado medalla. Aunque lo expresó en un castellano clarísimo, yo confío en que no tarden mucho en llegar las traducciones al mundo anglosajón, pues estoy deseando recibir las reprimendas de sus tabloides contra la inmoralidad española. Le gente se ofende por todo, y eso me divierte.

Primero fueron los matrimonios homosexuales, después las exposiciones racistas y ahora la blasfemia, ¿qué será lo próximo? Seguramente la culpa de todo la tenga Zapatero, que está viciando la moral de los españoles. Que se ande con ojo el presidente, pues no me extrañaría que después de esto Rajoy planteara una moción en el Congreso, o que los tipos de las faldas volvieran a ejercer su derecho de manifestación, al que solo recurren en situaciones desesperadas. Hasta ahora sólo se les ha visto detrás de una pancarta para salvar a España de la aniquilación de la familia, algo por lo nunca les estaré suficientemente agradecida. Es un alivio saber que mi familia y yo contamos con un ejército de sotanas que rezan por nuestra alma mortal.

Por lo demás, me tomo la vida con calma y observo embelesada la depurada técnica de Michael Phelps. Este delfín de la natación, que ya ha logrado su octavo oro, batiendo el récord que hasta ahora poseía Mark Spitz, me hace recordar con añoranza mi pasado de nadadora ¿Han observado qué movimiento ondulatorio? ¿Qué virajes? ¿Qué patada submarina? El americano es un portento sobrenatural. Su asombrosa capacidad física es digna de compararse con la de un dios y eso debe ser, sin duda, una inmoralidad. Creo que por eso me gusta tanto.
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