TRIBUNA
Sic Podemos creatus est
martes 17 de marzo de 2020, 20:30h
Esto de estar encerrado entre cuatro paredes hace que uno somatice la testosterona y el rock and roll a través de los textos. Y por eso escribo de Podemos con la beligerancia que el cuerpo pide y la situación exige.
Decía Alan Chalmers que en tiempos de crisis uno descubre lo que realmente es. Y por eso confío en que el coronavirus haya hecho ver a los alienados que el partido con sede en Galapagar no es otra cosa que un intento articulado de venezuelizar España. Eso, y una hermosa pasarela para que el nacionalismo alcance su misión histórica. Así está escrito.
En el consejo de ministros más largo de nuestra democracia, Iglesias olvidó la mascarilla y se le cayó la careta. Así, vimos el lado más marxista -de la rama de Groucho- de quien ha venido a infectar la política con demagogia, ideología y sectarismo ahí donde debería haber sentido de Estado u otras virtudes que ya hemos olvidado en política.
Para Iglesias, todo lo personal es político y todo lo privado debería ser público. Por eso obedece a sus pulsiones más primarias cuando nos habla de expropiar/nacionalizar como solución mágica a la pandemia y a todas nuestras miserias. Y de ahí, que no le saquen.
Gobierno único y centralización de los recursos son conceptos ininteligibles para Torra y Urkullu, cuyas orejas están tapadas con ideología y terruño. Por eso necesitan como interlocutor a Iglesias, que es el único capaz de toser todas esas reivindicaciones nacionalistas y hacerlas pasar por justas y necesarias. Si son semanas duras para todos los españoles, imaginen cómo lo serán para quienes creen, como ellos, que en España hay tres, ocho o diecisiete naciones.
Que durante quince días todos los españoles seamos iguales en derechos y obligaciones, sin discriminaciones ni privilegios, es una afrenta que el vicepresidente florero, el lehendakari y el molthonorapla no pueden tolerar.
Tan mal está la cosa que Nadia Calviño y Margarita Robles se han erigido en buque de contención contra las monomanías nacionalistas/podemitas. Ay, qué barato está ser héroe en tiempos del Gobierno de coalición.
Si Iglesias se saltó la cuarentena fue por nobles labores: nacionalizar la sanidad, intervenir los medios de comunicación, y hacer de vocero de un racista y de un vasco que tira al monte con la frecuencia de un cabrito de Azpigorri.
No podemos culpar a Iglesias de ser fiel a sus filias, pero sí podemos exigir al presidente del Gobierno que, pasada la cuarentena, se replantee sus compañías. Solo así podremos hacer frente al otro virus que asola España. Ese que comenzó un 15-M.