www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MIRADA ESCOLÁSTICA

Juicio universal

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 20 de marzo de 2020, 20:20h
Confinados en la casa, escondidos, con la esperanza de que no nos toque el coronavirus, y pase de largo como el Ángel Exterminador, en el supuesto de que aún no lo llevemos dentro, con el espíritu lleno de caos y tempestad, y teniendo una admiración sin límites a los buenos médicos que están entregando su vida por los demás, no estaría mal releer el “Juicio Universal”, que Giovanni Papini estuvo escribiendo durante muchos años hasta formar unas nuevas Danzas de la Muerte del grosor de casi un Calepino, una Enciclopedia con una endiablado frenesí taxonómico de tipos de resucitados. Tras la resurrección de nuestra carne, ¿cómo nos justificaremos ante Dios en el Valle de Josafat? Giovanni Papini tuvo que enterrar el voluminoso manuscrito a dos palmos bajo tierra por miedo de que los soldados americanos y británicos, al asaltar su casa, tras la Batalla de Anzio, lo destruyesen. Pero para ser inquisidor hay que tener cultura y prejuicios fanáticos, y los jóvenes soldados que salvaron Europa del terror nazi – pero no del terror comunista - no tenían ni una cosa ni la otra. Además, el libro de Papini sintoniza perfectamente con la gran Democracia Americana y el espíritu liberal de Inglaterra. Además, en estos momentos, la meditación sobre la muerte puede ser la medicina más cierta contra el terror de la muerte y a favor de la esperanza.

Aquí los Ángeles acusadores, como Secretarios Judiciales del Cielo y oídos de Dios, interrogan y escuchan, una vez que la gran experiencia terrena de la especie humana ha concluido, a los Resucitados antes de que Dios los salve o los condene. No conocemos el sabor verdadero de la vida hasta que resucitemos, con nuestras manos convertidas en helados artejos de esqueleto, las dos sombras vacías del cráneo y ensuciados de tierra gusanosa. Por eso decía el inolvidable Nieva en La Visita del Catecúmeno que necesitamos morir para enterarnos de muchas cosas. Quizás percibamos tras nuestra Resurrección que la clave de la salvación no está en los mecánicos abusos de la devoción vulgar, sino en el amor a los demás, y que todas las teologías son telarañas con la vana pretensión de capturar un rayo. La clerigalla de sucia vida, infecta e infiel, no ha trasmitido nada bien el evangelio.

La mayor parte de los que se glorian de conocer y amar a Dios no son menos sucios y viles que quienes ignoran a Dios o lo han abandonado. Si aquellos mismos que creen en Dios y viven junto a Él, se muestran en ocasiones tan próximos a la bestialidad primordial, ¿no es, quizá, signo de que su fe es pura fantasía o enteramente corruptora? Cristo no pidió a los hombres que le imitasen en su Pasión, sino en su perfección. Nos juzgarán sólo por haber sido malos operarios del mundo, que es lo mismo que ser malos operarios de la vida divina. Cuando sólo se busca la felicidad propia encontramos la angustia, pero quien busca padecer por el bien de los demás encuentra en compensación la alegría o, al menos, la paz.

Papini hablaba de que la Iglesia había conseguido, a base de equivocarse durante muchos años, la gelificación del Cuerpo místico de Cristo. Sólo con los santos más heterodoxos Jesucristo se licúa.

Especial interés toma el Juicio Universal con el coro de reyes, políticos, dictadores y generales. Pues a menudo son más que pastores de las naciones, gozadores indolentes y rapaces voraces. En el poder se sufren las mayores tentaciones, todas las tentaciones. El color de la púrpura revela la sed de sangre que tiene el poder. Su camino por el mundo puede ser un amasijo de sangre y una siembra de cadáveres. Por otro lado, es frecuente que el populacho responda con desprecio al gobernante benévolo, y responda con respeto al malvado terrorista, infatigable instrumento de la ruina del pueblo, y envilecedor de toda esperanza. Algunos se creen dioses, cuando son puros simios de Dios. Ni saben ser hombres ni simios de Dios. El poder es un vino demasiado fuerte para la cabeza de los hombres; por eso el tiranicidio es siempre santo. Aunque el que manda no sepa leer, ni escribir, ni sepa hacer nada, sin embargo, la horda de cobistas, obispos, catedráticos, poetas, militares, se inclinan babosamente ante él. Por otro lado, todo poder es tácitamente homicida. ¿Acaso no tiene todo poder político, en el fondo, derecho de vida y de muerte? Sin tal derecho tácito nadie puede gobernar. Sobre esto el malvado y tortuoso Ricardo III tenía razón.

Cuidémonos especialmente de aquellos gobernantes que no siendo sabios pasan de una casa de bálago a otra con grifería de oro, y que todas las tardes, antes de cenar, suben a un acirate para divisar su creciente heredad. Los gobiernos no liberales no castigan a los delincuentes porque consideren los delitos verdaderos y propios males, sino porque ve en los transgresores de las leyes otros tantos rivales en aquellas acciones que el Estado, por la fuerza de las cosas, considera lícitas sólo para sí mismo; esto es, para sus ejecutores y ministros. No tolera otro ladrón fuera del fisco y del tesoro; otro homicida fuera del verdugo y el soldado. Ahora bien, tanto el Estado como los súbditos o ciudadanos, tienen la misma naturaleza, aunque escondida y celada, que es rapaz como las fieras alpestres. Y paradójicamente los gobernantes absolutistas, mediante el puro terror, retienen a la gente en los confines del bien obrar, con grave ventaja de ellos mismos y del pueblo.

Nuestra propia barbarie ingrata y feroz será sin duda el principal atenuante para los gobernantes que se tomaban en serio el ejercicio del poder en el futuro Congreso del Valle de Josafat. Y mucho miedo han de tener en el Juicio Final los políticos que en su vida pasaron por integérrimos e incorruptibles, pues esos calificativos cuando se exhiben siempre son máscaras del resentimiento y de los celos. Lea, amigo lector, estos días de velatorios vacíos el Juicio Universal e imagine cómo podría usted justificar sus faltas.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (19)    No(0)

+
0 comentarios