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Oro, plata, bronce y chocolate: el toro de verano (como el tinto)

domingo 17 de agosto de 2008, 21:09h
Ortega y Gasset se pronunció con clarividencia y tachó la tauromaquia, su desarrollo –más en involución que en evolución- como referente de lo consustancial a una sociedad y viceversa.

Estamos en calendas de Juegos Olímpicos. Se ansía el oro; se valora, conformistas, la plata; y no se desdeña –como mal menor- el bronce. Incluso, con gran autocomplacencia, y según que casos, se potencia el “chocolate” (así llaman al umbral de las “metales”), lo que antes – y supongo que ahora, también, orillada la cursilería de moda- eran los diplomas.

A favor de paisanaje, Barcelona 92, nuestros deportistas tocaron techo. Y dieciséis años después no sólo es válido rozarlo de lejos si no utopía. ¡Vaya tela!

Tras la euforia de “La roja”, “la coloradita” (los púberes olímpicos –algunos se afeitan tres veces por día-) ni se clasificó. Los gigantes de la ÑBA han empequeñecido ante la apisonadora americana (la culpa es de Las Azores, y principalmente de Aznar). Marta Domínguez, floja de remos, se cae. Paquillo, no aguantó el primer “puyazo”. La ciclista se “chuta”. Los ganadores sobre dos ruedas del Giro, Tour y Mundial, abdican de su protagonismo, para ceder el olímpico a otro de su “rol”, otro gregario “vestido de limpio”: Samuel Sánchez; ¡así me gusta!, haciendo peña.

Son triunfadores de ocasión, modelo gaseosa, como le ocurrió a un tal “Frasquito” muerto Manolote, a los que les queman los pies en lo más alto del “cajón” (podio).

Y etc., para no hacerlo, más que largo, doloroso; por real. Y por que siempre nos quedará Nadal y para estas guerras un tal Llanera y otro que se llama Gervasio y pocas y pocos más, que entre todos, dietas incluidas, “levantan “en cinco año lo que Belén Esteban y otras pedorras y pedorros al uso en una letrina televisiva y en una “peoná”.

Sin embargo, hemos asistido durante los días de vísperas al “calentamiento” del globo olímpico (y a pesar de la cruda realidad, a día de hoy, todavía se sigue sin cambiar el “chip”) a un espectáculo grotescamente voluntarista de creación de expectativas sobre indicios ilusos y no sobre fundamentos.

Sosias de lo que, en coincidencia de calendario, ocurre en el “planeta de los toros”, pero en vez de ciclos de cuatro años, uno tras otro.

Y te cuentan que la “Corrida del Siglo” de El Puerto no zirvió, punto. Lees y lees, oyes y oyes, y nadie te explica si la corrida de los escogidos Cuvillo fue de toros de oro, plata, bronce o chocolate, en su envoltorio y seriedad, si fue de toros o de toras (a lo Ibarreche o a lo ministra Aído). Sólo les ha preocupado atacar su inservibilidad para el toreo (dicen, como axioma, que todos los toros tienen su lidia, pero a la collera galáctica se les exime por excedencia de cupo). Omiten que al “monstruo” lo prenden por detrás –una vez más- y no aclaran que la insuficiencia respiratoria de “El Espíritu Santo vestido de azabache” se produce a nivel del mar, mientras –con tales precedentes- elogian que se anuncia con seis toros, seis, al nivel del río: Zaragoza.

La semana me ha tocado en Gijón. Gran feria taurina sobre el papel, todas las figuras, y todos los días la Puerta Grande abierta de par en par… con el toro “chocolate”, ¡eso sí!. Lógico, te dicen los “adosados” de los toreros y apologetas, disfrazados de impecables críticos,: “es que está andando, sensacional, ¡no veas como ha estao en Huelva, en Ubrique, en Huesca,…. ¡uf! si lo ves en Bollullos, ¡no veas! que toro cuajó. ¿¡Y en Moralzarzal!? ¡Cumbre, cumbre! Y así. Y te lo cuentan pronunciando la palabra toro sin pudor alguno.

No disciernen entre el “toro de oro”, mejor o peor de condición y comportamiento pero toro, de Madrid, Bilbao y, si se quiere, Sevilla (Pamplona es otra historia, más tirando a buey). No reparan en el aceptable “toro de plata” de los siguientes cosos en importancia; se ofenden si hablas del “toro de bronce” como el medio toro o toro medio, que no es lo mismo, pero para el caso…y se recrean en el circunloquio sin reparar en el “toro chocolate” santo y seña de las ferias de junio, julio, agosto y septiembre, a excepción de plazas reseñadas e intuidas.

Reseñas, espacios taurinos en medios generalistas y prensa especializada, papel o Internet, no reparan en titulares pomposos sobre los grandes triunfos de los toreros en fechas en que cabe todo el escalafón sin discriminación alguna. Más de uno aprovecha que son clientela de número, y números, para “hacer patria”.

Ha sido en Gijón, como antes fue en cualquier otra plaza, fuerte o floja: ¡No veas, mi arma, como está este tío!. ¡Para bueno el mío, que cuajó ayer un novillo en un festival de quitar el sentío! ¡Mira, mira! Y te enseñan la prensa, la del gremio, y a veces, en un descuido, se confunde la crónica con gran titular con la página de publicidad ad hoc. Y uno, y otro: el turiferario de la figura, y el “abogado de pobres” de los modestos; y el tío del novillero, y el padre de cualquiera de las criaturas. Y tu tragas, y tragas, hasta el punto de reventar si no escapas: “cuéntamelo en Bilbao”.

Queda una semana para que la Semana Grande sea historia, fecha en la que habrán periclitado los JJ.OO.

A falta de oro, con mesura; plata, en cantidad conveniente; o bronce, en suma de presumir en Beijing o en Bilbao, a los cortesanos del deporte y del toro, más a los ganapanes, agradaores, leotarderos y “jesuseros”, siempre les quedará “el chocolate” de las ferias posteriores de gran ciudad y novillote con guarismo al límite; hasta hartarse.

”Chocolate” del suizo y del moro (del de abajo) para asimilar el bajón y equilibrarlo instalándose en el “flash flipe” de las ferias de septiembre como alternativa estacional a la realidad de fondo.


El que quiera, ¡nos vemos en Bilbao! Invita la casa.


Pedro J. Cáceres

Crítico taurino y Periodista

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