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EDITORIAL

Hasta los chinos engañan a Pedro Sánchez

viernes 27 de marzo de 2020, 08:35h

La tragedia sanitaria del coronavirus ha puesto en evidencia la inconsistencia del Gobierno. Ha demostrado que Pedro Sánchez diseñó un Ejecutivo para tomar el poder, no para gobernar. El ministro de Sanidad es el mejor ejemplo. Salvador Illa, hombre de confianza de Miquel Iceta, fue nombrado como parte de la cuota catalana, como interlocutor con los independentistas para asegurarse el apoyo de ERC y tender puentes con la Generalidad. No por sus cualidades políticas. El resultado ahí está: un fracaso sin paliativos en la gestión del coronavirus.

Los errores del Gobierno se encadenan sin cesar. Primero negó el riesgo letal de la pandemia para celebrar el 8-M por todo lo alto, lo que provocó que se infectara medio Ejecutivo y sin duda cientos o miles de manifestantes. Luego se resistió a tomar medidas drásticas para frenar la expansión del coronavirus, lo que facilitó la propagación de la infección hasta convertir a España en el segundo país del mundo en número de muertos. Pues la escasez del material sanitario ha provocado el desabastecimiento de los hospitales, el consiguiente colapso y, lo peor, miles de fallecidos por la infección.

Y entre otros muchos errores, ahora ha comprado a una empresa china sin licencia un lote de test rápidos defectuosos, que dan falsos negativos. Conviene recordar que el pasado día 21, en una de sus múltiples comparecencias desde el plasma para aparentar que controla la tragedia sanitaria, Pedro Sánchez declaró que el Gobierno se disponía a comprar miles de test para detectar el coronavirus “con todas las garantías, fiables y homologados”. Tan fiables y homologados que han tenido que ser retirados por ser inservibles y ha obligado a la Embajada china a denunciar en un comunicado que la adquisición del producto ha sido precipitada y sin garantías. Que el Gobierno de España ha sido engañado por una empresa sin licencia. Un ridículo mundial. Otro fiasco del Gobierno.

La arrogancia de Pedro Sánchez no tiene límites. A pesar de la catástrofe sanitaria producida en buena parte por esa cadena de errores, todavía insiste desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados o en sus comparecencias desde el plasma de La Moncloa, que el Gobierno está actuando con eficacia y rigor. Si el presidente del Gobierno tuviera un mínimo de dignidad debería destituir fulminantemente al ministro de Sanidad. Pero no lo hará. Seguirá con su relato narcisista, con la manipulación de los hechos. Y cuando España supere esta tragedia sanitaria, tendrá la desfachatez de salir a la palestra para presumir de su éxito. La inconsistencia del Gobierno no es más que el reflejo de la inconsistencia política de Pedro Sánchez, que se ha encaramado la presidencia del Gobierno por la carambola de unir a los comunistas, los separatistas y los proetarras para enrocarse en el poder y, si puede, fumigar a los partidos del centro derecha. No para gobernar. Una carambola que ya ha producido más de 4.000 muertos por el coronavirus. Y suma y sigue.

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