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EDITORIAL

La Inquisición española vuelve con el coronavirus

sábado 28 de marzo de 2020, 10:24h

Hasta el más desinformado sabe que hay que quedarse en casa para evitar contagiar o ser contagiado por el coronavirus, pues como dicen los pedantes, el llamado aislamiento social es la mejor vacuna. El Gobierno ha desplegado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad para que se cumplan a rajatabla las medidas del Estado de Alarma. Las calles y carreteras de España aparecen tomadas por patrullas de la Policía, la Guardia Civil y el Ejército que realizan los controles pertinentes para frenar la expansión de la enfermedad con desplazamientos injustificados. Algunos españoles, aunque pocos, todavía se saltan por capricho o estupidez las normas.

Pero son las Fuerzas de Seguridad las encargadas de que se cumplan las medidas multando o deteniendo a los infractores. No esos ciudadanos que se erigen en guardianes de la ley. Hasta ahora, el comportamiento de los españoles resulta ejemplar. Son pocos los que se atreven a salir a la calle por las bravas. Pero quizás demasiados, los que se enfrentan, insultan o reprochan a quienes salen de sus casas desconociendo los motivos. Nadie puede aliviar así la tensión que sufre por el confinamiento. Ni siquiera los comentaristas de la televisión que condenan sin paliativos a las personas que circulan por la calles cuando emiten determinadas imágenes. Que se escandalizan, a menudo, sin razón. Bastante tabarra dan al repetir cual papagayos todos los días y a todas horas las consabidas recomendaciones de que la gente se quede en sus casas y se lave bien las manos. Son los sermones de los habituales partidarios de lo políticamente correcto.

Sí es recomendable que los ciudadanos denuncien a la Policía cuando asistan a una evidente y peligrosa infracción de las medidas. Pero nadie tiene derecho a insultar y, menos aún, agredir a alguien. Por desgracia, sin embargo, abundan los inquisidores que se creen los guardianes del orden. En el supermercado, en la farmacia o en la calle, algunos ciudadanos agobiados por el miedo provocan altercados. Bastante desazón atenaza a la ciudadanía para que también tenga que soportar a los que se agitan cuando creen que alguien se salta la ley. Para eso, como decimos, está la Policía. Basta una llamada de teléfono y, llegado el caso, la presentación de una denuncia. Pues solo las Fuerzas de Seguridad pueden encargarse de que se cumplan las medidas del Estado de Alarma.

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