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POR LIBRE

¡Todos a la calle!

domingo 05 de abril de 2020, 19:38h

Ya es hora de espantar los perversos y cursis eslóganes que solo buscan aborregarnos. La mayor ñoñería, el mantra de esta campaña desquiciada para apuntillar el pensamiento único y que se propaga como la peste es el “unidos venceremos”. Lo repite hasta el hartazgo el presidente del Gobierno que campa a sus anchas por los jardines de La Moncloa y luego solo habla con Pablo Iglesias, no sea que en el barullo le arrebate la poltrona. Pues ése sigue siendo el objetivo del líder de Podemos para asaltar los cielos. Y probablemente, ahora, esté más cerca que nunca de su objetivo.

Hay otro eslogan tan cursi y ridículo. Políticos y voceros proclaman que “el aislamiento es la mejor vacuna”. Pues no. La mejor vacuna es la que cura, la que mata al bicho. Y ésa llegará después de que el coronavirus haya dejado millones de víctimas esparcidas por el mundo. El confinamiento solo ayuda a frenar la expansión de la epidemia.

No venceremos unidos. Venceremos con inteligencia, o como decía Churchill, con sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo. Esa inteligencia imprescindible para aniquilar la pandemia no abunda en la clase política. El Papa Francisco, un entusiasta de los postulados de Podemos, por fin ha dicho algo con sentido. Ha pedido a Dios “sabiduría a nuestros gobernantes para combatir la pandemia”. Todo un milagro, en especial si se refiere a los dirigentes españoles.

Pues sí. Con inteligencia, con sabiduría y, desde luego, sin sectarismo. No como este Gobierno que antes del 8-m negó que el coronavirus fuera peligroso. Exactamente igual que Trump, Bolsonaro o Johnson, que se burlaban de las drásticas medidas de los chinos y ahora nos encierran como a monos en el zoo. Ya se sabe que los populistas y los bellacos son iguales, sean de izquierdas, de derechas o de Chinchón. Los negligentes estadistas aseguraron también que las mascarillas eran una chorrada. Y ahora nos van a obligar a llevarla hasta cuando salgamos al balcón a aplaudir. Ahora, cuando no queda una sola en todo el mundo. Que se lo pregunten a Illa que entre los chinos y los turcos le han birlado toneladas. Solo ha sido capaz de comprar las más inservibles del mercado.

Pero el eslogan de Pedro Sánchez contiene una trampa. Cuando pide unión, en realidad exige sumisión, el silencio de los corderos. Intenta que cumplamos dócilmente sus delirantes y equivocadas propuestas para combatir la enfermedad. El partido único que buscan el fascismo y el comunismo (que tanto montan) asoma de nuevo su negro hocico en medio del campo de batalla del maldito virus. Está prohibido denunciar la implantación de una suerte de dictadura, el estado de excepción enmascarado en el estado de alarma, el espionaje masivo de la población a través de la tecnología, siguiendo nuestro pasos por el rastro que dejan los móviles, colándose en nuestros ordenadores para averiguar lo que pensamos, lo que decimos, con quién hablamos y, así, tenernos fichados para siempre. El que disienta será multado, castigado y encarcelado como si fuera un peligroso enemigo agazapado en cualquier trinchera de esta Tercera Guerra Mundial.

La sociedad civil se encuentra amordazada y encerrada. La gente está harta. Dispuesta a entonar el grito de “todos a la calle”. No para propagar el virus. Sino para hacer estallar la revolución que desaloje del poder a los incompetentes y autoritarios personajes que gobiernan el mundo. Que aprovechan las guerras para atornillarse en el poder. Que les preocupan los muertos solo porque destruyen su imagen. Esa cuadrilla de políticos, capaces de aprovechar la pandemia para fabricar mascarillas con el poliuretano de las urnas. Porque el aterrador virus, después de matar a millones de personas, dejará la democracia infectada para siempre.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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