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TRIBUNA

Soy experto en mirar techos

lunes 06 de abril de 2020, 20:25h

Soy experto en mirar techos. El “bicho” está dentro de mí y no hay afuera como parece. Estoy bien de salud, pero me enferma llevarme encima. Cuando salía al exterior me olvidaba de mí mismo y solo existía lo que veían mis ojos. Cielos grises con nubes blancas, un algodón contaminado, amargo y dulce a la vez, como la realidad. Pájaros azules se escondían en ellos y los picoteaban para extraer su parte tóxica. Mi vista siempre ha sido de una nubosidad variable. Los coches aparcados simbolizaban la tristeza que ahora sienten todas mis extremidades y empatizan con ellos. Al volante de ambos solo hay un hombre invisible.

Y es que ahora solo puedo mirar techos. Mi mirada puede acercarse al de mi habitación hasta golpearse con él. El choque con la única verdad produce monstruos. Mi paisano Goya, no fue el que lo pintó, pero bajo él está mi cama donde sueño sin razón alguna. En el piso de arriba, mis vecinos no descansan nunca. Gastan el suelo 24 horas al día. No pueden ir a ningún sitio, pero siguen buscando una salida. Una celda demasiado conocida donde los barrotes son invisibles y se los colocan ellos mismos. Sus imaginaciones los van colocando por toda la casa, acotándola cada vez más. Es lo más parecido a a(hogar)se en un vaso de agua, y el flotador no tiene sed.

Soy experto en mirar techos cuando me siento perdido. En la inseguridad de lo que me iba a ocurrir ahí afuera, siempre encontraba mi camino. Ahora las calles están vacías, como la habitación donde paso la mayor parte del tiempo. En el ruido de los demás es donde mi paz pasa más desapercibida y así puede ser feliz, aunque sea solo por un tiempo. Volver a casa solo para asegurarse de que el techo aún sigue en su sitio y que solo se caerá cuando quiera que mi cama se convierta en tumba.

Soy experto en mirar techos cuando quiero verme lejos. Estoy tan cerca de mí estos días que le he hecho un agujero. Siempre es de noche en la suela de los zapatos de mis vecinos. Solo amanece cuando la oscuridad les guía hasta su cama. Una luz azul como la estela que dejan los pájaros en mi cielo. El aire de la habitación es más limpio. Mi techo es la nube más blanca. Ojalá al despertar pueda pisar esos cascotes goyescos y mi realidad esté descapotada y pintada por los demás.

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