www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Y DIGO YO

Tiempos de noticias falsas

martes 07 de abril de 2020, 21:23h

Siempre discuto con un familiar, en buen tono, sobre muchas de las informaciones que comparte en el chat de hermanos, tíos, sobrinos y demás. Si lo que coloca para público conocimiento es el enlace a un medio de comunicación de reconocido prestigio, en una dirección ideológica o en otra, da igual, mi “cabecita” se relaja. “Ya ha pasado el filtro”, quiero pensar. Cuando el mensaje no lleva rúbrica, está firmado por “La Retranca” o el que habla es un robot en una sucesión imparable de imágenes con, casi siempre, el mismo o los mismos personajes en disposición ridícula, salta automáticamente un resorte en el subconsciente que me obliga a decir: ¡Es fake!

No me considero ninguna lumbrera, también hay que saber a qué medios se les da mejor el sensacionalismo o quien, por su histórico bagaje, te ofrece más credibilidad, al margen siempre, claro está, de que uno pueda estar de acuerdo con la orientación política, ética o moral del citado periódico, emisora de radio o canal de televisión. A nadie se le escapa que no es lo mismo una crónica de Internacional de El País, un reportaje de investigación de El Mundo o un artículo de opinión de ABC que un programa de entretenimiento en Telecinco donde meten, nadie sabe a cuento de qué, información política. Entre medias, muchos y diversos tonos y matices informativos.

En todo caso, vemos muchas noticias falsas, sacadas de contexto o exageradas que no vienen a cuento... Es la lucha hoy, junto con la propia supervivencia, dentro del periodismo. Lo primero que te enseñan en la facultad y que luego se constata en el día a día es la importancia de comprobar las fuentes. ¡Qué hacer cuando no las hay!

Ahora nos invaden con las supuestas infidelidades del líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias; ayer con los supuestos respiradores que tanta falta hacen en los hospitales en la casa de la exacaldesa de Madrid, Manuela Carmena; antes con la madre del presidente Pedro Sánchez y el padre de su esposa Begoña Gómez en Moncloa con trato preferente; también con ambulancias casi exclusivas en Galapagar para la ministra Irene Montero...

Pero antes le tocó al PP. Que Andalucía, La Rioja y Castilla-La Mancha son las comunidades que más recortaron sus presupuestos en Sanidad entre 2008 y 2017 es un hecho comprobable yendo a los libros, a las estadísticas oficiales. Claro, es una pesadez. A nadie que no se dedique a ello le apetece andar buscando datos y datos, sobre todo si la final sale que el expresidente Mariano Rajoy no tuvo tanta culpa de unos recortes que ahora sirven de arma política para culpar al de enfrente de no tener medios para luchar contra el coronavirus.

Y digo yo: ¿Qué debemos opinar si leemos en un diario conocido que España va a distribuir material sanitario que no tiene la garantía europea, nos fiamos? ¿Cómo nos enfrentamos a ello en un sistema en el que decir una mentira no es delito al tiempo que hay que preservar la sagrada libertad de expresión?

Como ciudadano, no es fácil detectar en ocasiones un bulo. Desde el punto de vista de la Justicia, tampoco. Lo que hay que investigar y dirimir es si esa noticia falsa acaba en una calumnia, una injuria o, incluso, un delito de odio. En cualquier caso, y desde lo incipiente del espacio en el que nos movemos, se hace necesario articular instrumentos que decidan una responsabilidad penal ante una noticia falsa, que ponga coto al todo vale y se pueda escribir o colgar en la Red sin confrontar, demostrar, comprobar. Se torna fundamental por el bien de la sociedad de comunicación en la que vivimos averiguar si una argumentación es falaz y engaña.

La parte contraria, también como siempre, es saber, conocer y validar los criterios y mecanismos para decidir si una noticia es falsa, si hablamos de una opinión o es verdad, pero al que debe decidir si la retiras, por ejemplo, de las redes sociales no le gusta porque “no es de su cuerda”. ¿Quién vigila al que vigila? El censor también puede estar contaminado.

Vivimos tiempos de noticias falsas. Pero es que llevamos mucho tiempo ya entre la nueva y la vieja política, la independencia de Cataluña, los partidos populistas y de ultraderecha, la imposibilidad de formar gobierno estables, la necesidad de descrédito del rival político, la gestión de crisis económicas o de pandemias sanitarias viviendo tiempos de bulos y mensajes que buscan un interés.

Puede ser tan difícil demostrar una información que uno llega a la determinación de creérselo todo o no fiarse de nada. Cada uno, según su criterio. Para ello, se hace más necesaria que nunca una mínima educación y un poco de espíritu crítico con todo, no solo con lo que crees que te conviene. Porque a lo mejor no es lo que te conviene, sino lo que beneficia a otro.

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+

1 comentarios