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TRIBUNA

El espíritu de la solidaridad

sábado 11 de abril de 2020, 19:45h

La solidaridad es un espíritu, un genio invisible que viene cuando se le necesita porque está en la base de la propia sociedad, que también actúa en el ámbito jurídico y en la Unión Europea incluye a los estados, pero también a los pueblos y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

En el Tratado de la Unión Europea concretamente está presente en el preámbulo relacionada con la historia y la cultura tradicional popular, en el articulo 2º considerada una característica social, en el artículo 3º generacional y en el artículo 21º formando parte de la acción exterior, lo que incluye a los países de ultramar.

En el Tratado de Funcionamiento de la Unión está incluida en la política económica del articulo 122º, donde inspira las medidas en caso de dificultades graves de suministro, también en la política energética del artículo 194º para la protección medioambiental. Y el artículo 222º contiene la llamada “cláusula de solidaridad” que sirve para que actúen unidos los estados y la Unión frente a ataques del terrorismo internacional y catástrofes de carácter humano y natural.

Además ahora la Comisión Europea ha propuesto ampliar el Fondo de Solidaridad a las crisis de salud pública para responder de manera eficaz a catástrofes que repercutan gravemente en las condiciones de vida de los ciudadanos, el medio natural o la economía regional o estatal y después llevar a cabo las operaciones esenciales de emergencia y recuperación.

La solidaridad, lo mismo que sale el genio de la lámpara cuando es llamado, también acude cuando es convocada porque representa los valores que nadie pueden ignorar cuando una sociedad está pasando una crisis de tanta gravedad como la actual del corona virus, lo cual con la siguiente historia se puede ilustrar:

Hace mucho tiempo en un país muy lejano había un desierto muy inhóspito donde vivía un dromedario muy inhóspito también, bien porque el desierto era tan inhóspito o porque él era así de inhóspito a su vez. El caso es que el dromedario no quería ayudar a los otros animales, los cuales le decían que se pusiera a trabajar y él como el que oye llover, lo cual es un decir pues ni él oía ni allí llovía, total que allí se quedaba de pie sin nada que hacer. Y sí le preguntaban porque no trabajaba solo decía joróbatey se ponía a mascar sin mirar a más.

Las animales, jorobados de tanto trabajar mientras el dromedario no quería colaborar, llamaron a un genio que vivía en la parte más inhóspita del inhóspito desierto. El cual, como era tradicional, vino envuelto en una nube de humo descomunal, como suelen venir los genios cuando se les llama de manera formal. Y una vez pasada la humareda le preguntaron si es que era justo que hubiera en aquel desierto tan insolidario animal que no pegaba un palo al agua del oasis y no quería trabajar.

No, ni es justo ni solidario comportarse así. ¿Y quién dices que es tal animal? dijo el genio.

Pues, tiene patas largas y cuello largo también, unos 2 metros de alto y se pasa el día rumiando.

“¡ Por todo el petróleo de Arabia, ese es el dromedario, ahora mismo hablo con él !exclamó el genio.

Mi pomposo amigo ¿porqué no te pones a trabajar como los demás?le dijo el genio poco después y el dromedario contestó joróbate.

Como lo digas otra vez soy yo el que te va a jorobar, le dijo el genio, y joróbate, respondió él otra vez.

En ese mismo instante por el arte de la magia del genio al dromedario la espalda se le empezó a hinchar y a hinchar cada vez más y el genio le dijo:

Has estado sin trabajar y no has tenido solidaridad, así que ahora vas a ser tú quien se va a jorobar.

Y el dromedario jorobado se quedó con esa joroba tan abultada como la que lleva hoy.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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