www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Contra la infamia, el camarote de los hermanos Marx

sábado 11 de abril de 2020, 19:47h

Voy a intentar no opinar, que eso es cosa de viejos, sino comentar, darle escritura a mi buen pensar seguramente equivocado. Y dos huevos duros. Suena el claxon de Harpo: que sean tres.

Antes de que llegue la posguerra, en estos tiempos de guerra caliente como el falo de las manadas, se ha abierto la infamia envuelta en un acceso de, queremos pensar, transitoria locura. Me refiero a este minúsculo grupúsculo que todas sabemos quién es y dónde está. Esto es, encerrado en el camarote de los Hermanos Marx en aquella bellísima película de título Una noche en la ópera.

Efectivamente, mentes hay que desde el camarote -veamos aquí la metáfora de una ideología radicalizada que, estando ya bajo mínimos, sólo piensa en cortarse las uñas -palabras de Groucho- para que quepa más gente en ese cubículo de un barco ebrio a la deriva. Y dos huevos duros. Suena como una metralleta la bocina de Harpo: “Y todos los huevos duros que le queden”.

Lo que más a mí y a muchísima gente molesta quizá sea este humor -así nos lo tomamos algunas, como no puede ser de la otra manera- que no es tal; en todo caso, turbiedad y vicio y el escudo que se forjó en aquellos tiempos de los Reyes Católicos. Si bien, como marxiano que soy, fue Isabel una mujer como hoy son algunas -entendiendo todo esto dentro de un contexto histórico-. Isabel de Castilla se enfrentó a su hermanastro Enrique IV y a aquella hombrada poderosa de la nobleza, más algún que otro clérigo que ahora mismo le definiría como feminazi.

Prosigo, pues, aunque dé la impresión, no me estoy yendo de cuerda. Lo que pasa es que, dentro del camarote de los Hermanos Marx, con tanto balanceo, con tanto fontanero y hasta con un mudo que habla, pues uno, qué le vamos a hacer, pues que se marea.

Digo que, contra la infamia, contra este poder que ve de qué manera se le están yendo, por arte de birlibirloque, sus santísimos privilegios, debe existir la denuncia, el contrabulo, la llave que dé encierro y sepultura a una ultraderecha que está gestionando las redes sociales y la desinformación como virus de living-room con tal de desestabilizar al Estado, a todos los Estados por los que desde un punto de vista de reconstrucción económica hoy se vuelve a oír más que nunca la voz de Keynes y otros grandes economistas que hoy todavía -afortunadamente- o se han reconvertido o lo han sido siempre.

Me gustó el otro día la reposición que hizo este mismo periódico de una reflexión que realizó Luis María Anson en la revista El Cultural sobre Juan Carlos Monedero. Y es que suele suceder que como entendía el gran Gregorio Marañón, como liberal que era, todo liberalismo debe consistir en dos argumentarios básicos: a) la tolerancia ante ideologías distintas; b) el fin nunca debe justificar los medios.

Sucede que, desde la caída del muro del Berlín, quizá antes, el capitalismo más monolito lo ha entendido todo al revés, es decir, que la intolerancia debe nutrirse de todo tipo de residuos y que los medios son las armas adecuadas para justificar los fines.

Dentro de este camarote de los Hermanos Marx, se esconde, pero abriendo siempre la puerta un caballo blanco, militar por supuesto, para que entre el mayor número de gente por lo natural indignada o fácilmente manipulable con la intención manicurista de que continúen cortándole las uñas a Groucho.

¿Quién es Groucho Marx en esta noche en la ópera? Que cada uno se lo vaya a preguntar al Oráculo de Delfos si no lo ha adivinado ya, pues ñoño será aquel que no lo haya visto ya actuar en esta pantalla de cinemascope que es el negacionismo de la política frente al positivismo del humanismo de la gente, de los pueblos, de esta lentitud tan urgente que ya está dando muestras de sabedores conocimientos sobre de qué va esto de la Covid-19.

Termino con una de escenas del camarote de los Marx, con Groucho pidiendo la cena al camarero:

-“¿Se admiten propinas a bordo?”, pregunta Groucho.

-“Sí, señor. Con cinco dólares bastaría”, confirma el camarero.

-“Pues no los gaste, porque a lo mejor te los pido luego”, responde dignamente Groucho.

¿Alguien entiende esta nueva metáfora que tiene un cariz de infamia política?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(1)

+
0 comentarios