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ESCRITO AL RASO

El Nautilus de Guillermo Busutil

lunes 13 de abril de 2020, 20:10h

Recuerdo nuestras copas elegantes y cómplices en el club Clandestino de Santander, como si de un rito se tratase, en las citas del periodismo cultural. Abandonados a la conversación sobre libros y cine, los periodistas escritores –o escritores periodistas– beben y sueñan cerca de la playa del Sardinero, quizá pensando en superarse cada día, en un reto creativo e intelectual. Confieso que como si se tratase de Mariano de Cavia, me pareció del orden de las quimeras que todavía pudiera verse al periodista y al dandi bajando de un coche de caballos, con un crisantemo en el ojal y un libro bajo el brazo. Como Oscar Wilde. O, al menos, evocar esa sensación… por los nada sacramentales bulevares de la bohemia elegantísima. Al frente de la revista Mercurio, devolvió la crítica literaria a la categoría de arte, porque había olvidado que lo era.

El año pasado, como si de un manifiesto se tratara –de hecho, en su interior contiene uno por la cultura–, irrumpió en el escenario periodístico un precioso volumen, La cultura, querido Robinson, del escritor y periodista Guillermo Busutil, una deliciosa recopilación de entrevistas, artículos y reflexiones en torno a la literatura y al hecho cultural del maestro malagueño, exquisitamente editado en Fórcola. Guillermo principia con Muñoz Molina, se almuerza con Eloy Tizón y termina con Antonio Soler en el ritual perpetuo de las bellas letras en que ha convertido su existencia, a orillas de La Malagueta. Escribe frente al barullo de la actualidad para ordenarlo y ha sido capaz de dejar, negro sobre blanco, su propia melodía sonante, confundida con el oleaje andalusí y mediterráneo que tanto ama. Guillermo Busutil sabe que el periodismo, herido de muerte por un sistema acrítico y dominado por el adanismo, regurgita sus últimas verdades desangradas. Pero con su armadura antigua y moderna, entre góndolas de poesía y lechos de cuento con doseles de leyenda, asume hoy la doble misión de timonear su propia nave submarina en este mar de los Sargazos víricos y rescatar del olvido el pecio de su canon personal, hacerlo emerger y compartirlo con todos. Abre cada libro como la valva donde habitan todos los misterios.

Así, se ha ajustado la gorra del capitán Nemo y ha descendido por debajo del nivel del mar hacia las profundidades de YouTube, para observar todo lo que ocurre desde su Ventana del Nautilus. Se trata, en sus propias palabras, de un sitio desde donde cada día Busutil lleva a los ciudadanos confinados “una canción y una lectura, escogidas para despertar el ánimo con música que les mueva las alas, y con versos o párrafos escogidos en torno a la esperanza, a descubrirnos mejores, a gozar de lo que antes obviábamos”. Hanif Kureisi, Isak Dinesen, Manuel Alcántara, Felipe Benítez Reyes, Caballero Bonald, Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero, Italo Calvino, Lucia Berlin, Eduardo García o Aurora Luque son algunos miembros ilustres de esta tripulación de lujo, cuya obra glosa su contramaestre. A partir de ahí, mi amigo y referente Guillermo Busutil crea un mundo que no remite a un mercado o público concretos, sino a un uso placentero común, general, que tocamos y disfrutamos gracias a su empeño.

La crítica literaria ha usado y abusado del cliché, fosilizada demasiados años por un Sanedrín estéril que no nos dejaban ver la riqueza que ocultaban las obras comentadas. Guillermo se sirve tanto de los “viejos” libros como de las novedades para recordarnos que el ojo de buey de su submarino o por el montante del marco de la cámara es un buen lugar para asomarse y aprender. Porque muchos sabemos que, así las cosas, un refugio como el suyo, con el despliegue de mapas sobre la mesa, es perfectamente distinguible de otros llamados “booktubers” por su rameado sapiencial y la doble nostalgia del dandi y el raconteur. Es la suya una extensión de la conciencia cultural de la que se olvida un día un ministro de Cultura, por ejemplo. Algunos somos conscientes de que el niño pequeño que era él, que ve entrar los libros por la casa y se eleva con ellos, aún lo habita desde su humildad y modestia no advertidas. Brindemos por el tiempo perdido y subamos a su nave paladeando un generoso y unas aceitunas mientras curioseamos por sus anaqueles. Nada tan exaltante como la verdadera soledad del náufrago de esto que es el periodismo cultural hoy, en cualquiera de sus modalidades, fabricando intimidades y singularidades como las de mi querido Guillermo Busutil. Bendito sea.

Twitter: @dfarranz

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