Nunca me ha interesado hacerme un hueco en el mundo y menos ahora que todo el mundo está escondido en un hueco. Lo único especial es el espacio que ocupo. Mi casa camina conmigo, lo hace a cámara lenta, una tortuga que necesita de la foto-finish para justificar el allanamiento de morada. El fuera de juego es una práctica que ralentiza la acción. El confinamiento está claro que a mí me ha cogido con un pie fuera de casa.
Me pongo a caminar por el pasillo del mundo. Está adornado por cuadros sujetados por pájaros. Se sujetan suspendidos en un aire alado. Una lámpara amarilla y otra roja pelean por conseguir que mis pies sigan indecisos. Siempre he intentado tener buen gusto y por eso nunca compré una que diera luz verde. Saber que puedes seguir caminando demuestra el sinsentido de los semáforos. Tras el paso de cebra, las baldosas grises y blancas llevan a la mirada felina de una puerta cerrada. La curiosidad atropella más que los coches obedientes en los que amarillea más el reflejo que da la luz, que enrojecería la que hubiera dejado mi sangre si no lo hubieran sido.
Lo que hay detrás de lo que no se ve es lo más parecido a un tiro en la nuca. Tengo claro que a David Lynch se le ocurrían las ideas de esta manera. A él y a mí nos gustaría saber quien es nuestro pistolero. Nuestro asesino cierra la puerta, pero por muy rápido que la abras, él ya no está allí. Y el sudor frío te vuelve a caer por la nuca, gotas que vuelven a hacer un mar de mi espalda. La mejor idea es la que te mata. Si no pierdes la vida por llevarla a cabo, merecerás seguir viviendo. Fue Laura Palmer quien mató a Lynch y no al revés, como bien sabemos algunos.
Tras abrir la puerta, las calles siguen vacías. Mis pasos son adornados por jardines de macetas vacías. Las únicas plantas se hunden con mis pies, revoltosos como enredaderas. Hay un árbol del que cuelgan mis chaquetas. Cada rama se viste de un adiós que no acabo de decir.
Me encuentro con un edificio del que nace una pantalla que en España está siempre encendida. Son las once de la mañana, y dos mujeres se pelean por hacer del Apocalipsis un lugar mejor que sus programas.