www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Humildad bien entendida

miércoles 15 de abril de 2020, 20:19h

Para según qué o quienes parece que lo de rectificar sea cosa de sabios, y como dijo Felipe González, “y de necios tener que hacerlo a diario” Cuando uno rectifica de buena obra y mejor talante es un claro gesto de humildad sin mayores incentivos; ahora bien, cuando uno es obstinado y piensa que es el mundo quien gira a la inversa de sus postulados, entonces se da paso a la afrenta y a los malos rollos por la arbitraria y empecinada conducta del actor principal.

Hoy voy a hacer una breve mención a los actuales gobernantes sin utilizar maneras desdeñosas. Ahora bien, tampoco sería de justicia el omitir que este gobierno miente más que habla. Eso sí, luego rectifica sus continuas contradicciones, pero lo hace sobre asuntos menores; de manera que lejos de mejorar lo empeora, lo cual agranda su propia insolvencia y a la vez amplia nuestra desgracia. Suele pasar cuando alguien te dice aquello de: “Voy a decirte la verdad, pero es mentira” Del plantel voy a excluir a la ministra de Defensa Margarita Robles, a la vicepresidenta Nadia Calviño, y al ministro de Agricultura Luis Planas Puchades porque tanto ellas como él lo merecen por méritos propios. Al menos para mí.

Hago un inciso en política de altura, pero no por ello dejo de mirar hacia atrás y confieso que me da vértigo lo que veo. Más de 18.000 muertos son muchos teniendo en cuenta que uno solo ya es multitud. No quisiera caer en la retórica de las responsabilidades, llegará en su momento como tiene que ser; sin embargo, ahora debemos guardarnos en la custodia de nuestros propios actos. La cosa no va a resultar nada fácil porque lo que nos vamos a encontrar fuera de esta cápsula del tiempo no va a ser precisamente la tierra prometida. Tendremos que fabricarla y eso se antoja una tarea de lo más complicada, eso sí, jugamos con ventaja porque ahora ya existen la fauna y la flora e incluso el planeta Tierra se ha oxigenado sin nosotros de por medio. Algo es algo.

Mientras los daños culposos toman carta de naturaleza habrá que atribuir las calamidades terrenales que venimos padeciendo a la bíblica versión de Adán y Eva como nuestros primeros padres que fueron. Siendo sincero creo que deberíamos renegar de ellos. A mí no me parece justo que por cinco miserables minutos de las 50 sombras de Grey de aquél entonces, hoy estemos como estamos y nos encontremos en una encrucijada terrenal tan peligrosa. Se distrajeron porque la tentación de la carne pudo más que el mordisco de una simple manzana fruto del árbol del bien y del mal. Está claro que a nuestros progenitores les faltó responsabilidad. Por muy sensual que se pusiera Eva frente al aburrido Adán, no hay excusa para aquella imperdonable metedura de pata. Luego apareció la malévola serpiente y ya se sabe, todo es perfecto hasta que llega un tercero y nos jode la vida. Lo que sucedió a partir de ahí creo que ya casi todos lo sabemos. Hombre, ha habido cosas más o menos interesantes, lo que sucede es que llevo casi la mitad del artículo y prefiero acortar los bajos para dejarlo a su medida.

Como de aquellos polvos vienen estos lodos, clase política incluida, algunos párrafos más arriba les hablé de humildad, por cierto, un valor al alcance de muy pocos. La RAE define a este vocablo como: “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento” Y como buen término de nuestro lenguaje, esta palabra goza de sus antónimos; a saber: Soberbia, vanidad, rebeldía. Estos ingredientes me llevan al plato estrella de la semana que no es otro que la habitual retórica, es decir, idénticos mensajes con similar falta de soluciones por parte de quienes tienen la obligación de protegernos. Y así seguimos hasta la fecha.

De don Pablo Iglesias me mueve una mención especial. A día de hoy no he tenido ocasión de coincidir y aunque nos movemos en mundos ideológicos muy desiguales no significa que nuestra educada disonancia nos privase de tratar otros aspectos más introspectivos de la vida misma. Según parece el vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales, ha señalado en TVE lo siguiente: “Debemos ser extremadamente humildes y ni este Gobierno ni otros gobiernos estábamos preparados para una pandemia como la del COVID-19” O sea, mal de muchos, consuelo de otros. La pretensión de escurrir la absoluta incompetencia en la gestión cuando España ya está como el segundo país con mayor número de contagios y el país con más muertos del mundo por cada millón de habitantes, no hace más que retratarnos colocándonos como líderes de la insolvencia gestora. Por cierto, y el país del mundo con el mayor número de profesionales contagiados por coronavirus. No lo olvidemos.

Y nos habla de humildad, don Pablo. Y yo le hablo de la humildad bien entendida que son dos cosas bien distintas. La humildad como vaguedad en el decir tiene escaso recorrido, no va más allá del juego de palabras; sin embargo, la auténtica humildad es la que está unida a la acción protectora, esa que se desprende de quienes juran o prometen acatar la Constitución y entre otros su Artículo 43 en el que se reconoce el derecho a la protección de la salud: “Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios” Y esto está recogido en la Constitución Española que tanto interés despierta según sea el articulado que venga a cuento.

En fin, no olvidemos que a veces la humildad la tenemos tan próxima, que no sabemos ni que existe. Yo me quedo en casa y escribo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (17)    No(0)

+

2 comentarios