RELEVO INCIERTO EN PAKISTÁN
lunes 18 de agosto de 2008, 20:48h
El hasta hoy presidente pakistaní, Pervez Musharraf, ha presentado su dimisión, “en interés de la nación”. Lo hace anticipándose a las intenciones de la coalición gubernamental, quien planeaba presentar contra él una moción de censura. Así, Musharraf mantiene la dignidad de irse por propia voluntad, con la excusa de una supuesta intención de no crispar la ya de por sí enrarecida atmósfera política de su país.
El ejército –no hay que olvidar la condición de militar de Pervez Musharraf, con rango de general- ya ha manifestado su voluntad de mantenerse al margen de toda actividad política. Lejos de ser un mero gesto, tal decisión de no intervención política aporta una dosis de tranquilidad sumamente necesaria. Cualquier atisbo de pretorianismo en la política pakistaní tendría consecuencias imprevisibles.
Las elecciones presidenciales se celebrarán en un plazo no inferior a un mes, y muchos son los motivos por los que conviene estar alerta. Para empezar, el enclave geográfico de Pakistán. Linda con vecinos peligrosos; entre otros, Irán y Afganistán.
Precisamente es en la frontera afgano-pakistaní donde las fuentes más solventes de la inteligencia americana sitúan al núcleo duro de Al-Qaeda. Es, además, un país densamente poblado, con más de 150 millones de habitantes, musulmanes en un porcentaje superior al 90%. Se trata de un país de enormes contrastes pero altamente sofisticado y con una capacitación científica y técnica acreditada. Su ejército está bien entrenado, y el armamento de que dispone no es cuestión baladí: aparte de la ayuda americana que haya podido recibir, está su capacidad nuclear y balística. Por cierto, Pakistán es el único país del mundo con un monumento dedicado a la bomba atómica. Cuando menos, resulta inquietante. No en vano, otro de sus vecinos, India, tiene tropas desplegadas en Cachemira, zona de conflicto entre ambos países.
El caso es que, quien venga, tendrá ante sí la difícil papeleta de lidiar con un integrismo en ascenso, y de mantener a la vez unas complicadas –e imprescindible- relaciones con Estados Unidos. A Musharraf, amen de su autoritarismo y ciertas sospechas de corrupción, le ha pasado factura el haber sido visto como el principal aliado de Washington en la zona. En aras de la estabilidad internacional, es de esperar que su sucesor siga con la vista puesta en Occidente porque cualquier desviación parecida a la de Irán tendría consecuencias sumamente preocupantes. Para todos.