www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La vida como eterno retorno

viernes 17 de abril de 2020, 20:21h

Una ha visto por ahí alguna información en forma de documental de nombre Gaia. La Gran Madre -por cierto, diseñado de manera escrupulosa por grandes investigadores catalanes- en que, resumiendo demasiado brevemente, nos indica cómo fue el comienzo del Multiuniverso, de nuestro Sistema Solar, la Vía Láctea, las convulsiones de los planetas, estrellas, movimientos destructivos que construyen, hasta arribar a la vida de esta cosita tan muñequita linda que es el planeta Tierra -sí, lo recuerdo, aquí donde todavía vivimos-.

El Espacio y el Tiempo, que era en donde realizaba sus investigaciones Stephen Hawking, sobre todo en su conjetura de protección de la cronología, rubrican toda esta eternidad que ha de retornar. Algunos dicen que no deberíamos denominar a esta muñequita Tierra sino el muñecón Océano, pues agua es vida y vida será el camino que nos haga volver a leer esta extraña felicidad que algunos han perdido o por lo menos lo disimulan o, lo que es peor, lo fomentan con tal de general contra más confusión y caos posible en beneficio propio. Todas sabemos a quiénes nos referimos y qué son y por qué están ahí. Por tanto, no me entretengo ni un nanomicrosegundo más en darle vueltas a esta nueva religión -eufemismo que debe desentrañar cada uno que acaso esto leyere-.

Mi gran maestro y del que hice mi tesis doctoral don Cristóbal Serra i Simó -a quien sólo en la Península caso hiciérele el gran Rafael Conte y aquí en este archipiélago balear algunos pocos, como Basilio Baltasar, Perfecto Cuadrado, profesor mío de la UIB, y otros muchos más, más otros que continúan aullando cual lobos esteparios su legado sin ni siquiera ir a echarle unos versos en latín al cementerio de Andratx- escribió un Itinerario del Apocalipsis -después de cartearse con Juan Larrea en su exilio en Córdoba, Argentina- en el que viene a decir que eso del apocalipsis, invención de un hebraísmo confuso, más otras evangelios políticos y económicos, se ha aspaventado a lo largo de toda la noqueada historia de la Humanidad. Lo apocalíptico no es cierto, dado que carece de esa auténtica espiritualidad positiva y hacia un mundo en progreso de la que don Cristóbal poseía.

“Habrá -me decía en aquellas largas conversaciones- un tiempo de fuego, de convulsiones, de guerras, de movimientos sísmicos, pero, según tengo escrito en mi libro Visiones de Catalina Dülmen, aquella monjita alemana postrada y enferma que escuchó a un Jesús humano, pasado el fuego, regresará un nuevo tiempo de una belleza común que nadie todavía hoy ni siquiera puede imaginar”.

Aquellas palabras entre nietzscheanas y letras del Tao -Cristóbal era más de Chuang-tzu que del sifilítico alemán- intuyo que normalizan el ciclo magnético y constante entre el ying y el yang, esto es, la vida misma, la Madre Gaia y el Sol cuando se convierta en un granito de arena.

Todo comenzará de nuevo tal y como se inició hace ya -según el calendario que manejan los geólogos, los astrónomos, los científicos, los antropólogos, los… también la filosofía y este nuevo misticismo laico- ni se sabe cuántos trillones de no sé qué ni no sé cuántos años tal vez varados en un único instante.

Por eso una se sorprende que en estos momentos bastante complicados con la Covid-19, el ser humano esté dale que te dale con el miedo novatado en pánico, para luego, gracias a este analfabetismo global de quiénes todas sabemos, alcanzar esa tendencia subnormalizada que peregrina por la desinformación por esos caminos dantianos -sin Virgilio, claro- con el objetivo de provocar en la ciudadanía planetaria una psicosis colectiva.

Y me callo ya, porque he de ir a regar mis macetas de plástico que me compré hace cuatro meses en El Corte Inglés, además de continuar con mi salvífica huelga de sexo, como Lisístrata en la que me he convertido.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+

0 comentarios