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Maradona se confiesa sobre 'La mano de Dios': "Cállate la boca, boludo, y abrázame"

Maradona se confiesa sobre 'La mano de Dios': 'Cállate la boca, boludo, y abrázame'
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viernes 17 de abril de 2020, 21:50h
El astro argentino rememoró sus afamadas aventuras durante el Mundial de México 1986.

Diego Armando Maradona escribió una de sus páginas distinguidas dentro de la historia del fútbol el 22 de junio de 1986. Se trataba de la disputa de los cuartos de final del Mundial de México, el que acabaría ganando Argentina, para gloria de la mística de 'El Pelusa'. En aquel enfrentamiento, cargado de simbolismo político (Malvinas mediante), el genial zurdo anotaría dos goles para tumbar a los británicos y meter a los suyos en semifinales. Uno con la mano y el otro, el definitivo, regateando a todo el rival que le salió para rematar al portero con terciopelo.

Pues bien, Maradona no reconoció nunca que abrió el marcador aquel día con la mano. Por extraño que pudiera parecer, el autor de 'La mano de Dios', un gesto rellenado de contenido y romanticismo con el paso de los años, renegaba de la picaresca. Lo hizo hasta 2005, cuando la vida le entregó la conducción de un programa televisivo en su país. Quizá en busca de audiencia, aconsejado por especialistas del medio audiovisual, 'El Diego' admitió haber batido al meta contrincante con la mano, de forma ilegal.

"Fue algo que me salió muy de adentro, de haberlo hecho en Fiorito, en las inferiores, también algunos en Primera División. Fue un gol que realmente lo quise hacer con la mano, porque soy chiquito y porque (Peter) Shilton (entonces portero de Inglaterra) mide 1,86 metros y yo no le ganaba de ninguna manera con la cabeza. La pelota me quedó muy alta. Shilton es mentira que me ve. Él sale con las dos manos y no ve que yo le doy con el puño, con la izquierda. El que le dice es (Terry) Fenwick", narró.

Desvelada la verdad que sólo el artista se empeñaba en esconder, Maradona culminó el desnudo de una de sus obras más afamadas con esta anécdota: "Después, Shilton dijo que no me invitaba a su partido de despedida porque yo le había hecho un gol que no vale. Y yo le dije: 'Claro, no voy a poder dormir... ¿qué me importa?". Había abierto sus particulares puertas de la verdad, décadas después del episodio.

Pues bien, con la intención de amenizar el confinamiento de sus compatriotas, Diego Armando ha tenido a bien conceder una charla a la Asociación de Fútbol de Argentina. En esa intervención de este viernes ha ampliado el relato. "Yo buscaba una pared porque los ingleses eran una roca. Fenwick, Butcher, todos en la defensa eran grandotes. Y también Sansom, que es el que me da el pase. Valdano no me da el pase. Lo anticipa a Sansom. Y Sansom la quiere jugar para atrás, dársela al arquero para que él siguiera. Cuando vi que iba para arriba, dije 'no la alcanzo nunca, bajá por favor'. Se me ocurrió una idea. Meter la mano y meter la cabeza. Claro, cuando caigo, no entendía dónde estaba la pelota", recordó.

"Miro y la pelota está en la red. Entonces, empiezo a gritar 'gol, gol'. Y Checho (Batista), el boludo de Checho, me pregunta si lo había hecho con la mano. 'Cállate la boca, boludo, y abrázame', le dije. Ahí me empezaron a abrazar todos. Valdano también me pregunta: '¿No me digas que fue con la mano? Y le respondo lo mismo. 'Después te cuento, Valdano, déjate de hinchar las pelotas'", desglosó.

En la conversación con AFA Play, Maradona rememoró, del mismo modo, su debut en Primera. "Éramos pobres, tan pobres que el partido contra Talleres se jugaba a las tres o cuatro de la tarde, había un sol de la puta madre, pero yo fui con un pantalón de corderoy (pana). Es que el único pantalón que tenía era de corderoy. En esa época, los guachos (chicos) usaban los de corderoy en invierno y los otros en verano", admitió. Y rubricó la anécdota recordando lo que sigue: "Pero yo me mandé derecho: qué me importaba el calor si tenía el corazón que me latía de manera Increíble. Me tomé el tren 44, el 135 y me bajé en Boyacá y Jonte. Ahí me encontré con mi viejo (padre), que había ido a trabajar. Cuando los jugadores de Argentinos (Juniors) me vieron con el corderoy, pensaron que me equivoqué de placard (armario). Pero la realidad es que no teníamos ni placard. Lo juro por mi mamita que está en el cielo".

Por último, pasó de puntillas sobre su presunta pelea con Passarella, quien era un icono en el Mundial 1986 pero no jugó ni un minuto. "Passarella se echó solo. Decía que, teniendo en la cabeza a Menotti, no se podía jugar con Bilardo. Pero yo tenía en la cabeza a Menotti, y salí campeón con Bilardo", apuntó, retratando la profundidad del dilema futbolístico que primaba en aquella época. Y se despidió aportando luz sobre el campeón argentino. "Fuimos con un equipo mediocre. Pero cuando nos juntamos en Barranquilla (Colombia), nos miramos a la cara y nos dijimos que teníamos más equipo de lo pensado. El tema es que unos días después jugamos contra Junior y no pasamos de mitad de la cancha. Éramos malos, malísimos, una banda de perros, no podíamos tirar una pared. Después decidimos no ir a Bogotá. Viajamos a México y ahí el grupo se hizo fuerte", sentenció.

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