www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Respiradores

domingo 19 de abril de 2020, 20:26h

A la demanda de respiradores sanitarios para combatir el virus, se une la inaplazable necesidad de respirar con libertad en medio de una atmósfera amenazada por la censura totalitaria, que persigue “minimizar la crítica contra el Gobierno en las redes”. Estamos ante un virus tan peligroso como una pandemia y tan obsesionante como una pesadilla. La que estamos padeciendo muchos españoles por un Gobierno enredado en una cadena nefasta de desaciertos y traspiés.

La coalición gubernamental pretendía mantenerse en el poder durante, al menos, dos legislaturas. La primera para cambiar el régimen; la segunda para alterar la sociedad. El régimen se desmontaría mediante el BOE transformando estructuras e instituciones. El cambio social resultaría más lento y complejo al someter personas con mentes y almas que han saboreado y degustado la libertad y la prosperidad en los últimos cuarenta años. Pero la epidemia, lejos de frustrar la agenda progresista de la coalición, está siendo aprovechada engañosamente por ésta como coartada aceleradora de plazos. El cambio de la verdad por progresismo impidió el aprovechamiento de valiosas experiencias y enseñanzas de otras latitudes, perdiendo un precioso tiempo para prevenir y hallar soluciones. La incompetencia gubernamental ha acarreado caos y descontrol de cifras, de material sanitario y del propio virus. Este calamitoso Gobierno ha asumido su ineptitud iniciando una desesperada huida hacia adelante.

Una convulsión como la sanitaria está provocando devastación, desesperación, agotamiento y necesidad. En el frontispicio del Plan Marshall, cuyas campanas Sánchez ha oído pero no sabe dónde, el presidente norteamericano Truman esculpió estas palabras: Las semillas de los regímenes totalitarios se nutren del sufrimiento y de la necesidad. El comunismo, siempre hábil para aprovecharse de la candidez y penurias ajenas, se enmascara detrás de la cortina de humo que determinadas palabras (escudo social, renta mínima vital, público y común), pueden representar y se erige con prepotente desfachatez en campeón de la democracia (será la popular y netamente soviética, no la real). Sus objetivos son disuadir a los ciudadanos de que desarrollen su talento envenenando el estímulo y ahogando la competencia, agitar una decimonónica pero implacable lucha de clases contra los empresarios hasta su liquidación total, politizando y dirigiendo la economía, burocratizando la producción y distribución y proletarizando la sociedad. En suma, paralizar los resortes de la prosperidad social, cegar las fuentes de riqueza y ahogar la ambición y la libertad individual. Así se cambia una sociedad.

En un Estado de Derecho son los jueces los únicos competentes para juzgar el recto ejercicio de las libertades de expresión, opinión e información. No el Gobierno, que en la últimas semanas parece un incesante surtidor de una repugnante mezcla de los más descarados y burdos embustes, vergonzosas hipocresías, huecas y absurdas frases y vanas promesas. Repudiamos esa manipulación ideológica que se infiltra por todas partes como polvo sutilísimo, hasta en los pulmones. Sin libertad de palabra sucumbe la democracia. Y nosotros la necesitamos ahora más que nunca como el aire que respiramos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (13)    No(0)

+
1 comentarios