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TRIBUNA

Recreación de La escopeta nacional

martes 21 de abril de 2020, 20:14h

Una, que es uno, en este hermafroditismo intuyo que tan útil en estos momentos, sigue sorprendiéndose ante toda esta guerra de la Covid-19. Y, cuando hablamos de guerra, nos referimos no a este ombligo del mundo que algunos piensan que es la Península Ibérica, sino a la entera humanidad. Quizá, en vez de tantas velas, tantos aplausos, tantos cánticos, y, lo más lamentable, tanto tertulianismo pagado y vendido al mejor Rockefeller Center, deberíamos asumir que este hiperbolismo no nos conduce a parte alguna.

Luis García Berlanga -nacido en Valencia el 12 de junio de 1921- se llevó a la tumba un testamento en el que dejó por escrito no se abriera hasta que se cumpliera el centenario de su nacimiento. Poco queda pues, si alguien sabe lo mínimo de matemáticas para este humus.

Flotemos con las matemáticas, la astronomía, la filosofía, etc. A lo mejor, lo aprendemos en Hipatia, aquella agnóstica griega de más o menos 391 d. C.

Sucedió que, como hoy, aquellos convulsos tiempos del fanatismo cristiano y otros tantos mezclados como mantequilla con cicuta devoraron la biblioteca de Alejandría y, por arte de birlibirloque, descuartizaron el cuerpo -que no su legado- de una mujer que fue algo más que fémina y saber.

Sorpresa nos depara, digo, el testamento de Berlanga. Pero no urge esperar al 12 de junio del año que viene. Ya todas lo sabemos. ¿Dónde se anuncia ya la ingenuidad? ¿Quién o quiénes nos van a continuar diciendo lo que tenemos que pensar cuando, con ráfagas de disparos de esta escopeta internacional, algunos creen que van a perturbar nuestras heridas ya cicatrizadas?

Lo dijo Chuang-tzu: porque siempre fue peligroso ir trazando a los demás el camino que deben seguir. El que elige un país para servirlo, espere espinas. Y ahora mismo lo está suscribiendo demasiada gente, más seres que estares o más razas que imperios.

Leo en Yuval Noah Harari, historiador y filósofo -Kyriat Atta, Israel, 1976-: El 2021 será tarde, controlemos qué hacen los políticos en este preciso momento. La historia se acelera: el viejo libro de las reglas está hecho trizas, el nuevo aún no existe. Tenemos que estar alerta, esta crisis no es sólo sanitaria, sino también política. Estamos haciendo grandes experimentos con cientos de millones de personas, quien gobierne en los próximos años no podrá revertir lo que se decida ahora. Nuestros mayores enemigos no son los virus, sino la codicia, el odio y la ignorancia. Es importante dar una buena educación científica en la escuela a todos los ciudadanos.

Podría una, que es uno, que somos todas y todos, continuar con las citas, lo que ocurre es que las citas se han transformado en esa manera de no citar lo que les duele a los personajes que persisten aparecer/desaparecer en esta escopeta internacional. Y es que este conejil pesimismo es taquilla de envoltorio para inmensionar la especulación copulando con este catastrofismo como manera de mantener aquella idea de que Gaia, la Madre Tierra, es plana y no elíptica, como descubrió la citada Hipatia.

Acabo ya, pues no quiero incurrir en estos comentarios míos pues una/uno vislumbramos ya los vestigios de la información. Y finiquito -ah, cómo me gustan las contradicciones que leí en Ese maldito yo de Cioran- con esta información:

La OMS, fundada en 1948, se convirtió en un ring científico bajo control de EEUU que al año ya sufrió un boicot de la URSS. La segunda gran etapa de la OMS llega con la asamblea de Alama Alta en 1978 -en la entonces república soviética de Kazajstan-: salud para todos, se decía entonces. Los norteamericanos -su economía y poder, que no es lo mismo que su ciudadanía- habían perdido parte de su liderazgo dado que había entrado en el escenario teatral aquella fuerte ampliación del personal y un sistema descentralizado que debilitó la que ha tiempo creíamos que era la Europa que hoy no es.

Fue entonces cuando el berlanguismo preparó su escopeta nacional. Aquella espiral de gastos el presidente Reagan la comenzó a cuestionar, junto a su damita de hierro fundido Miss Margaret Thatcher.

Y todo, como suelo escribir aquí, tornó a filmarse con sus grandes dosis de flashback. La historia no es que se repita, sino que se aprovecha.

Y todo lo demás ya ustedes lo saben.

Vean, si así lo desearen en este tiempo de películas, series, guerras alejandrinas entre los mass media, La escopeta nacional de mi compadre Berlanga, quien acostumbraba a pasear por la gran Avenida de este pueblo de mis orígenes que es Requena. Busquen en Google maps si quieren dar con la calle Somera, que es donde nació mi madre.

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