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LETRAS DESDE MÉXICO

Aquí todos alegan; menos el virus

viernes 24 de abril de 2020, 20:20h

Cerrados los estadios y ausentes los encuentros de boxeo, los mexicanos hemos encontrado en la epidemia nacional; pandemia universal, el mejor pretexto para el juego favorito de todos: discutir, alegar, pelear, cubrir con diatribas a medio mundo, insultar, desestimar, descalificar y a la hora de la hora alzarnos de hombros.

Alega el taxista sin pasajeros y el Presidente sin dineros.

Todos culpan a alguien de todo y por todo y las cifras de la epidemia, como si fuera un asunto de actuarios y estadísticos, demógrafos y calculistas, no convencen a nadie. No importa, nadie se muere por las cifras, se muere cuando los hospitales ya no tienen capacidad de atención como tampoco la tenían antes de la plaga.

No se si en España, donde discutir no es un deporte sino una religión, las cosas hayan sido así en los peores momentos. Mis lecturas y asomadas a la TVE no me han dado para un panorama claro y definitivo. Además, con lo de aquí me basta y me sobra para estar hasta la coronilla del Coronavirus.

Sin embargo me supongo distinta la respuesta del poder político frente a los medios de comunicación. Aquí ha sido un linchamiento desde la Casa Presidencial en contra de la prensa “tradicional”; no la de las redes sociales.

Explico:

Siempre ha habido una discrepancia entre el interés del político por usar a los periodistas para su propaganda, y de estos por aprovechar la información sin dejarse manipular por la propaganda. Excepto cuando la manipulación forma parte de un proyecto personal y comercial. De todo hay.

Y ni así. Hasta la fecha no conozco un presidente ileso tras su relación con los medios. Hasta López Mateos –tan guapo y simpático--, sufrió embestidas feroces por parte de los bisabuelos de la actual izquierda cuando reprimió a los ferrocarrileros, los médicos y los maestros.

Todos los presidentes han pasado reprobados a la historia.

No importa cuanto hayan gastado en eso llamado “fomento a los periódicos” en los gobiernos liberales del XIX, tan románticamente ejemplares.

Por eso hoy, cuando la conducta opositora o crítica al menos de los medios determina, a los ojos del Señor Presidente, su calidad, hasta el punto de negársela a toda la profesión (“…no hay en México un periodismo profesional, independiente, no digo objetivo porque eso es muy difícil, la objetividad es algo muy relativo; pero ético, estamos muy lejos de eso. Es parte de la decadencia que se produjo…”)me parece oportuno releer al liberal Zarco, quien es figura recurrente en los discursos presidenciales, junto con el anarquista Flores Magón, cuyo periódico "Regeneración”, le da nombre al movimiento ahora conocido como Morena. Movimiento de Regeneración Nacional.

La decadencia descubierta por el Señor Presidente en los medios, no es cosa nueva. Cito a Zarco.

“(El Demócrata”, 5 de julio de 1850.- Hemos defendido la más amplia libertad de imprenta, y hemos reclamado que se la deje la mayor independencia, porque deseamos que ella sea útil al país y sirva para indicar buna civilización adelantada en la República. Hemos indicado la medida que hemos juzgado más a propósito para remediar en su mayor parte los males que hemos indicado y ha sido suprimir en los presupuestos de partida que se distinguen con el nombre de “fomento de periódicos”…”

Pero hubo en toda esta discusión, una frase particularmente llamativa, al menos para mi:

“…el buen periodismo es el que defiende al pueblo y que está distante del poder, el que no defiende al poder, el que defiende al pueblo”.

Sin embargo en repetidas ocasiones el Señor Presidente –como si no fuera la representación del poder nacional--, ha exaltado a quienes lo acompañaron, solidarios y militantes en su búsqueda de una silla, cuando “los conservadores”, le habían tendido un imaginario “cerco informativo”.

Esos, quienes día con día, jornada con jornada lo apoyaban a él (un político en pos del poder, un líder de masas, un agitador social) desde una trinchera, ¿defendían al pueblo o propiciaban el triunfo de un movimiento político?

El periodismo es una actividad política, no un simple servicio social con alertas de huracán. Es un ejercicio de interlocución entre fuerzas sociales y de poder, cualquier poder.

Posiblemente en esa definición de la buena prensa (como se llamaba la propaganda de la Iglesia), el Señor Presidente haya encarnado, él mismo en el pueblo, porque como dice Jan Werner Müller:

“…los populistas pueden gobernar, y es probable que lo hagan, en concordancia con su compromiso básico, con la idea de que sólo ellos representan al pueblo…”

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