www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Avenida de Fernando Simón

Jorge Casesmeiro Roger
sábado 25 de abril de 2020, 19:35h

Quiero evadirme de los bulos y los virus de este gobierno de relleno, hinchado; o sea, farsante. Hay que destazar siempre los abusos del poder. Pero son tantos y tan graves, los de esta gente inicua, y van tan cargados de muertos, con muerte de mi propia sangre, que necesito sacar la cabeza de este pandemonio para respirar un poco. Quiero reír. Sí. He leído, he pensado y he rezado. He llorado y me he sonado los mocos. Y ahora quiero troncharme, con fineza batiente, de toda sugestión unánime.

Así que me derrengo en la mecedora para ver una obra maestra del teleteatro español. La adaptación de Donogoo (1930), la mejor farsa que parió el comediógrafo francés Jules Romains, y que el grandioso Juan Guerrero Zamora realizó para el mítico Estudio 1 de Televisión Española con el título perfecto de Una ciudad en el aire. Hace ya medio siglo y nada ha perdido, esta pieza espléndida, emitida el 2 de abril de 1970, con motivo del Noveno Día Mundial del Teatro. Es genuina crítica de la política a través de la cultura. Para botón de muestra, lo que responde el gobernador de la naciente Donogoo, demócrata patriarcal, al compinche que le pregunta cómo se las arreglará cuando las masas descubran que en esa tierra no existe el oro prometido:

“Mi querido Benin, no has reflexionado suficiente sobre la naturaleza de la actividad humana. Yo también hace muy poco que empiezo a ver claro. Esto ha sido siempre cierto y ahora, en el mundo moderno, lo es mucho más. Porque el mundo moderno se mueve más deprisa que el antiguo, y, por lo tanto, tiene menos tiempo para reflexionar. Lo que precisa la actividad humana es un pretexto. Sí. Puede ser una fuente de agua mineral, un casino con salas de ruleta, una prospección de petróleo... Nada impide formalmente, por ejemplo, que se curen las enfermedades del estómago, o que anden los paralíticos, o que toque un pleno, ¡o que haya petróleo de verdad o se encuentren pepitas de oro grandes como garbanzos! Y cuando esto se produce es como una propina”.

Conocedor profundo de la dramática de Romains, Guerrero Zamora nos lleva en su Donogoo hasta la antesala del realismo trágico por el camino de la farsa. Es decir, a la postración gregaria por la vía del pastoreo sugestivo. Como demuestra en su análisis de otra obra cimera de Romains, que vale para el caso: “Todo hombre es un enfermo en potencia al que basta mostrar las debidas ilustraciones, convenientemente coloreadas, de su anatomía y de los gérmenes que la amenazan para que, impulsado por la impresión, nazca a una cuidadosa vida médica”.

Dicho aquí y ahora: o la oposición se pone las pilas, o acabaremos todos asistiendo a la inauguración de la Avenida de Fernando Simón, y del tótem a nuestra victoria sobre coronavirus: la estatua de una mujer encinta como símbolo fecundo del fracaso político, pero bautizada oficialmente “La verdad de la ciencia”. Y ya no habrá muertos, ni enfermos, ni desempleados; ni nostalgia por el pasado ni ansiedad por el porvenir. Y olvidaremos que en la región aurífera no había oro. Y aplaudiremos al gobernador porque hace sol y nos ha dejado salir de los chiqueros.

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (15)    No(0)

+
1 comentarios