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TRIBUNA

Hansel y Gretel

domingo 26 de abril de 2020, 20:03h

En la España pandémica, varios millones de infantes han invadido calles, plazas y avenidas cual niágara de entusiasmo desembalsado. Acompañados de adultos prestos a moderar la fogosa irrupción infantil. Quien ya de por sí desconoce el encanto del reposo, ha protagonizado una febril jornada con un rebullir vehemente y pleno de curiosidad. Una hora que habrá sabido a poco, pero estos torbellinos infantiles han realizado sueños y perseguido estrellas afanándose por vivir intensamente y alcanzar todo sin que se les escapara nada.

Cuando la ministra Celaá desconcertó a los españoles afirmando que los niños pertenecen al Estado, nadie imaginaba que papá Estado decidiría cuándo y cómo los niños podrían salir a la calle. Si los comunistas están detrás, los estados de alarma son como la tecnología de doble uso: o benefician a la ciudadanía salvaguardando sus derechos o la atacan menoscabando sus libertades. Desgraciadamente en la España gobernada por un frentepopular prima lo segundo.

Desde un Ministerio comunista se animaba a las adolescentes y jóvenes a volver solas y borrachas a casa. Los bolcheviques siempre confundieron libertad con esclavitud. Es manifiesta su malvada intención de adoctrinar e influir tendenciosamente sobre los niños pequeños y no tan pequeños con frío y siniestro rigor para conformar multitudes engañadas y tiranizadas. El plan quinquenal checoslovaco de 1946-1950 fue aprovechado para incluir la supresión de los cuentos de hadas. Han matado a las hadas, susurraban atónitos los ciudadanos en la antigua Checoslovaquia. Igual que el Decreto del estado de alarma fue aprovechado para situar a un comunista en el CNI. La economía planificada fue un cuento de hadas. Lo que verdaderamente provoca alarma es sentar a un totalitario en las reuniones del CNI. El comunismo engloba bajo el concepto burgués lo mismo a los autónomos y empresarios que a la sanidad privada; igual a la música de Beethoven o Bach que a los cuentos de Perrault o de los hermanos Grimm. Tal es su afán por extirpar en el hombre el talento, creatividad, imaginación, en suma, todo lo que eleva a las regiones del espíritu. No digamos ya la fe. Esa perversa obsesión por arrebatarle el alma y convertirlo en una ciega máquina que trabaja por destruirse bajo el impulso de su propia necesidad y desesperación.

Debemos protegernos, niños y mayores, evitando que este Gobierno haga de nosotros unos nuevos Hansel y Gretel. Que ante un débil PSOE, que ha renunciado a la lealtad constitucional y a su identidad de factor de concordia, la madrastra Sancheztein nos abandone en el espeso bosque de la miseria y la subvención para terminar ingenuamente atraídos por el chalecito de chocolate del comunismo y caer en poder de la implacable y tirana bruja comunista con coleta. Allí nos esperaría, como a Hansel y Gretel, la prisión y los trabajos forzados. Frente a panorama tan desolador debemos asumir unas ideas básicas pero bien amartilladas sobre la libertad para así prever y conocer las señales de la Historia no fiándonos de las apariencias y combatir la tiranía y la injusticia.


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