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TRIBUNA

Espectros del virus chino (desde el punto más negro de la peste)

viernes 01 de mayo de 2020, 19:44h

Desde la ventana de un cuarto del piso superior miro a la calle, desolada y, en apariencia, absolutamente desierta. Noche vernal fría y lluviosa. ¿Digo desierta y sin un alma? No, con muchas almas espectrales que la cruzan, como vapores blanquecinos inasibles, como vahos que salen de la boca en días invernales, espectros visibles transparentes que la recorren nerviosos, desorientados, como buscando una casa o una salida de su paseo angustioso. Sombras vaporosas, atemorizadas, espantadas, que llaman a las puertas, pero incapaces de hacer ruido sin poder presionar nada no las abren, y llaman, y llaman. Y una de ellas también a la mía, quizás atraída por el insidioso y perturbador número 13, y bajé, y casi hipnotizado le abrí la puerta. Y me encontré con el rostro reconocible de Don F***, antiguo párroco de la Virgen de***. Nos dimos un abrazo gaseoso, y le cedí el paso para que intangible pasara. Sus zapatos húmedos no dejaban ninguna huella en el suelo. El reloj de una Iglesia lejana daba las tres de la mañana, y el sonido llegaba traído dulcemente por el aire húmedo.

-Si Dios – dije yo – permite que las leyes ordinarias de la naturaleza sean turbadas, es que Dios tiene un objetivo. Dime lo que quieras, amigo mío, y pasemos al salón a calentarnos un poco en esta noche fría.

El fantasma del muerto subió las escaleras sin oírse sus pisadas, pasamos a la habitación, y nos sentamos en el sofá. Parecía tener frío, y subí la calefacción. La sombra empezó a hablar con cierta voz cascada, como por falta de uso.

-Andaba desorientado desde el Paseo del Cementerio. He recorrido muchas calles que en la noche lúgubre no reconocía pidiendo socorro espiritual, y desesperadamente llamaba a las casas y ninguna me abría, hasta que la casualidad hizo que tú me hayas abierto…No salgas por la noche a la calle. Te encontrarás a muchas personas conocidas que no debieran andar. Deberían descansar ya en lugar de andar. Recorren como yo la “nigra peregrinatio”, una peregrinatio sin fin hasta que los vivos celebren como Dios manda los ritos fúnebres que nos saquen de estos helados intermundia, y nos lleven al Reino de los muertos. Porque, además, homo fui, et peccavi, et passus sum, et plura adhuc passurus sum. Sólo puedo hablarte diez minutos con permiso de la muerte, luego se disolverá esta concentración de sombra vaporosa, y volveré a los lastimosos intermundia. No opongo resistencia a los designios de Dios, no niego a la tierra lo que es suyo; sólo pido unos instantes de conversación con un vivo para salvar mi alma y mi dignidad de hijo de Dios.Cuente, Don F***, con una misa que yo mismo encargaré y a la que asistiré para pedir por su alma. Parece mentira que en un país como el nuestro, en el que no se consiente que nuestros muertos vayan mal vestidos, y hasta donde algunas familias les cambian de ropa, tal como nos cuenta nuestro común amigo Paco Nieva en su asombroso Día de Capuchinos, la Administración actual haya reglamentado un trato inhumano con los muertos por el virus chino; los animales domésticos cuando mueren son mejor despedidos. Nuestros muertos han sido tratados como “corpora vilia” por el gobierno. Desde la ventana tuve la impresión de que una interminable procesión de seres invisibles pasaba junto a usted, llevados y traídos por el viento, luchando en vano por pararse, por agarrase a algo, como las verjas, que los pusiera de nuevo en contacto con el mundo de los vivos del que habían formado parte muy recientemente.

-Son las ánimas que no saben aún que están muertas, y a las que sólo se las puede salvar con los ritos fúnebres de nuestra Iglesia.

-¿Qué ritos fúnebres son esos, Don F***?

-En principio, rezarás en la casa de Dios: “Oremus. Inclina, Domine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericordiam tuam supplices deprecamur, ut animam famuli tui F***, quam de hoc saeculo migrare iusisti, in pacis ac lucis regione constituas, et sanctorum tuorum iubeas esse consortem. Per Dominum Nostrum Iesum Christum”. Con esta oración me salvarás a mí, y cambiando el nombre propio a otros muchos.

-Aunque es un latín fácil de entender me lo tengo que memorizar. No se preocupe.

-Pues ya está, Martín. Gracias eternas. Le daré recuerdos a los tuyos cuando los vea. Y piensa siempre mientras vivas que no se deben convocar las fuerzas de la Naturaleza cuyo mecanismo aún el hombre desconoce, pues, como hemos podido comprobar, siempre acuden. Y lo último: mientras los supervivientes no honren a estos muertos, sobre todo las autoridades, se sentirán observados mientras vivan por presencias intangibles y hostiles, que se podrán echar sobre sus espaldas de un momento a otro, y no podrán evitar lo que se les avecina.

Y el vapor frío y concentrado que formaba el cuerpo de Don F*** se fue disolviéndose, desdibujándose la figura hasta hacerse imprecisa, y escapó de la estancia por debajo la puerta, como absorbido por una fuerza poderosa que estaba fuera, en la calle. Me quedé solo con una copa de rosolí del mismo Rute en la mano. ¿Habría sido todo una visión? Quizás la eclosión formidable de mis photinias, al igual que muchos perfumes, había tenido la propiedad de crear visiones en mi cerebro. Una ráfaga de viento estremeció los cristales de las ventanas, y miré por una a tiempo de ver la blancura de un ala de gaviota agitarse en la oscuridad del otro lado de los cristales; un anuncio de futuro y de salud sin duda.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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