Más de cuarenta días, digamos muchos más, ustedes volvieron de nuevo a erigir las armas concretadas por -uno así lo imagina- pensar que la Historia ha de repetirse siempre. Siento arruinarles su forzado laberinto encriptado en los más sementales añicos de los laboratorios, pero hoy, mayo ya de 2020, la Historia ya de ustedes carece, pues nuestra es.
Por eso escribo aquí -léase la metáfora de quien haya visto la película musical dirigida por Jacques Demy y solfeada por el gran Michel Legrand- mis propios Paraguas de Cherburgo. Por ello y por razones semejantes, les digo, silbando en este claustro tan dulcemente humano:
Quizá por querer poseer todo tiempo y todo espacio, acabará alguien desposeído de su propia vida.
Nosotras sabemos que no existe nuestro desaparecimiento. Y, aunque ustedes, arquetipos de lo arcano, así, noche a día, se lo susurren a los pájaros, lunas somos en fortuna por a continuación darle a los cuartetos alejandrinos.
Que no hay olor, ni sabor, ni cielo que nos cubra. Que no hay arado, ni red, ni memorias sucesivas de difuntas. Y es que nuestras vaginas, como versos, mejor digamos, retornan a abrirse por atraparos sin cuenta daros. Cual almadrabas minuciosamente dibujadas vaga o convulsamente en hora elemental, cazados seréis en desnudez de duna. Cigotos nuestros, entonces, concluiréis contemplando nada. Y nada, como polvo en la entrevista, habrá en la vuestra postrera leyenda amada.
Siento o no advertirles que soy yo inquilino de todo despertar. ¿Quién quiere meterse en la cama conmigo? Tal vez tú, mujer que eres hombre que eres niño que eres mi anciana que sois todos y todas en mí desoñando esta realidad en la que todos los mundos que ya llegan cruzando van y van y van en esta víspera del entero Universo.
Leamos las palmas de nuestras manos. Alivio es ser dolor y amor unidos. Creámonos. ¿Alguien lo duda? Llueve lloviendo soles en donde el agua vida es siendo amor y estando. Atrás la herida. Lejos las batallas. Únicamente la célula que comienza contigo y a mi lado.
Lo real es aquel sueño que santificó esta realidad que jamás nunca será soñada.
Los nuestros citan ahora y en esta tarde que no tarda vuestros actos y gestos y esa amplia terraza en donde tú te mueves. No es el lenguaje el que cambia la voz que surge de la tierra. En todo caso, haceos caso, se trata de todo lo demás. Pues ahí continúan ellos y, lo que más terrible asoma, el que viene tras vosotras, con su cuerpo original y transparente, aunque tan mal educado.
¿A quién temes? ¿Por qué te temes? ¿No es suficiente con tener una casa, comida, un huerto tan inmenso como la energía que sale por partes todas? Nada tan fácil, pues. Nada imposible habita. Piensa, pero no demasiado.
Sencillamente, hazlo.