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EDITORIAL

Sánchez se atrinchera en la Moncloa en medio del caos

miércoles 06 de mayo de 2020, 12:24h

Pedro Sánchez ha salido trasquilado del Congreso de los Diputados por mucho que haya logrado sacar adelante su cuarta prórroga del estado de alarma. El presidente del Gobierno se ha llevado un merecido revolcón y ha quedado con las vergüenzas autoritarias al aire. Ha tenido que bajar a la arena a negociar con el PNV, que siempre saca tajada, y con Ciudadanos, que siempre se equivoca. Da igual Rivera que Arrimadas. Es el problema de aspirar a estar en el centro; que es el limbo político, sobre todo en estos tiempos del coronavirus. Pedro Sánchez, al menos, ha aprendido la lección. A partir de ahora, tendrá que pactar; y no solo con el PNV y Ciudadanos.

Para muchos, sin embargo, el presidente del Gobierno ha logrado otra victoria, aunque haya sido en el descuento. Se ha salido con la suya, amarrar la poltrona. Pero también ha quedado patente que no podrá seguir abusando del poder del estado de alarma. No podrá seguir actuando como un dictador que gobierna a golpe de decretazos a espaldas de la oposición y en contra de la democracia. Y no solo se lo ha dicho el PP. Ha sido Rufián quien le ha dado un mandoble donde más le duele: “sin diálogo-le ha recordado-se acaba la legislatura”.

Pablo casado tenía el papel más difícil. La estrategia catastrofista del Gobierno había convencido, incluso a sus barones más melifluos. El líder del PP no se ha atrevido votar en contra de la prórroga, como hubieran querido la mayoría de sus militantes. Al final, ha tomado la decisión más salomónica de abstenerse. Eso sí, se ha despachado a gusto con Pedro Sánchez al que ha puesto contra las cuerdas del Hemiciclo con un discurso brillante y demoledor.

Pedro Sánchez, al final, ha logrado otra victoria parlamentaria. Pero ha quedado claro que el caos es él. Porque le da igual pactar con ERC, los republicanos que luchan por la independencia de Cataluña, que con Ciudadanos, el partido que hizo bandera de la unidad de España. A Sánchez solo le interesa el número de votos que recauda. Y, cuando necesita cerrar un acuerdo in extremis, a cada uno le da lo que pide. El PNV dirigirá la desescalada en el País Vasco y Arrimadas charlará un cuarto de hora a la semana con Carmen Calvo. Unos tanto y otros tan poco. Y cuando sea menester, Sánchez dejará a la líder de Ciudadanos en la cuneta y volverá a echarse en brazos de Rufián para agasajarle con todo lo que pide: reanudar la mesa de diálogo, semilibertad para los encarcelados por intentar un golpe de Estado y otra porción de independencia para la Generalidad. Porque, ya le ha dicho Rufián, que se juega la poltrona.

Con esta impúdica estrategia, el presidente busca aguantar los 3 años que quedan de legislatura. Ahora, intenta que el huracán del coronavirus no se lo lleve por delante. Luego, se enrocará para que el caos siga habitando en la Moncloa.

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