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TRIBUNA

En cuatro minutos y dos etcéteras

miércoles 06 de mayo de 2020, 20:17h

Pepe Mujica -siento que a algunos no les gusten las opiniones o, mejor, comentarios, de quien fue el cuadragésimo presidente de Uruguay entre 2010 y 2015- lo ha dicho todo o casi todo en tan sólo cuatro minutos y dos etcéteras que son cuatro y vayan ustedes a multiplicar.

Desde su chacra a las afueras de Montevideo -propiedad de su esposa, que fue donde residió en el tiempo en que duró o, mejor, hicieron algunos que durara su mandato presidencial, en vez del palacio Suárez y Reyes-, confinado como sus gallináceas y su comida vegetariana, ha soltado en estos días en que el mundo ruge cual rugían las pinturas negras del gran Goya -por cierto, llevadas al teatro con palabras que son colores por otro de los grandes de nuestra escena dramática, Antonio Buero Vallejo-, en cuatro minutos y algunos segundos esta incierta realidad que nos compone. Voy por ver si acierto en resumirla:

Antes de la plaqueta: que nadie se crea que la posguerra será un abrazo fraternal ni un beso en los labios ni siquiera un tiempo para la esperanza en su velocidad de bellísima hermandad. No. No, no sucederá así. ¿Por qué?, se preguntarán alguna lectora o lector que esto acaso leyere.

Primer minuto: acontecerá esta predicción del uruguayo, de entrada, por causa del consecuencialismo, que no es lo mismo que consensualismo. Y es que hay por ahí algunos y algunas que ya están diseñando en beneficio propio, personal, familiar, político y económico, su inamovible posguerrismo. Todo, quede claro, prefabricado desde esa actitud en donde se habilita la peor vileza que aqueja al ser humano desde que el chimpancé se bajó del árbol -o no se bajó, pues, quién sabe si algún chimpancé sapiens aún continúa colgado en su ramita de esta selva que es la jauría humana globalizada, tal y como la interpretó Marlon Brando-, etcétera y etcétera…

Segundo minuto: la política, en todos sus ámbitos, colorines, fiestas a guardar, chaparrones a resguardar, no será la que reorganice este humanismo de justicia social y de otra nueva normalidad -apestosa asociación de palabras que ni a Aragon ni a Soupault se les hubiera ocurrido sacar de la chistera para sus cadáveres exquisitos- como excusa para reconstruir esa transparente democracia civilizada de la que tanto se habla en algunos medios y opiniones. Pues todas, amigas mías, sabéis que, por encima de la política, hermosea en su ocultez -que no es tal, sino que desnuda permanece ante los ojos perplejos de tantísimas comunidades sufrientes y sufridas- la casa en donde se dibuja con algoritmos y controles cibernéticos, más las palabras de El guardián entre el centeno que escribiera J. D. Salinger, este mapa de otro planeta que sigue siendo el mismo que antes de la pandemia, pero con más chimpancés sapiens de por medio, etcétera y etcétera.

Tercer minuto: La recontraultraderecha, más sus asociaciones civiles, añadiendo, como no podía ser de la otra manera, a estas instituciones añejas como son el FMI, la OCDE, el Banco Mundial, el BCE… hasta incluso la Organización de Naciones Unidas, y -por lo que a nosotros, íberos, celtas, visigodos, asturianos, mallorquines, monárquicos y anarcos, etcétera, etcétera-, cómo no: nuestro Banco de España, que está en manos de quiénes todas ustedes conocen, continuarán haciendo uso de la peor arma que cualquier hombre, mujer, niña o anciano haya conocido. ¿Lo adivinan? Sí, ya lo saben: el miedo que reactiva por consecuencialismo el pánico, del cual, consecuencialmente y por combustión, nucleariza, gracias a esta salivilla del asesino en serie, esta universal psicosis colectiva que nos afecta. No a todos ni a todas, pero sí a los más vulnerables, que no son precisamente los pobres de espíritu, sino los que, como rebaño, están siendo conducidos hacia el precipicio cuando a veces se despista el guardián entre el centeno, etcétera y etcétera.

Cuarto y último minuto, más algún segundo más: desde la chacra todo cambia, todo se muta y retorna a revolcarse entre nosotros la Madre Naturaleza y su Fauna. Aflorará -se intuye-, pese a quiénes les va a pesar, este optimismo bastante generalizado que vislumbramos en todas las calles, en todas las personas de corazón en calma, de tantos sapiens que ya hace muchos siglos se han bajado del árbol para contribuir con una canción, con una emoción, con un sabor, con toda esta beldad que convive dentro de nosotras y nosotros con tal de heredar toda contemplación de la belleza del ser humano, del astro Sol o de la más aún y por siempre heroica conciencia circular y tan nutrida, y el último etcétera.

Acabo con una de las frases de Holden Caulfield, el verdadero guardián entre el centeno en las manos de un Salinger, quien decidió dejar de publicar para retirarse al campo y escribir con las manos limpias, escribir y escribir, y el aire puro de la mañana tarde y noche:

Creo que un día de estos averiguarás qué es lo que quieres. Y entonces tendrás que aplicarte a ello inmediatamente.

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