www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LETRAS DESDE MÉXICO

El rollo que no cesa

viernes 08 de mayo de 2020, 20:17h

Auspiciado por el Fondo de Cultura Económica, el doctor Hugo López Gatell, vocero de la epidemia y ajonjolí de todos los moles, como se dice por acá, fue invitado a exhibir –mientras la curva de contagios y muertes de Coronavirus, se aplana pero no se vuelve plana--, otra de sus habilidades: como un declamador sin maestro, nos leería un poema del gran Miguel Hernández.

No se si los versos seleccionados pertenezcan a “Perito en luna” o a otro de los libros más conocidos del desafortunado poeta alicantino Hernández, "El rayo que no cesa".

Quizá por similitud pertenezca a este último, para establecer una paralela con “El rollo que no cesa”; obra máxima del nunca solo doctor López Gatell, quien hoy por hoy supera en fama y atractivo a Luis Miguel. A fin de cuentas leyó otro poema sobre el hambre, Pero da igual.

De acuerdo con la información divulgada, el FCE, es decir, Taibo II, la intención de poner al doctor frente al micrófono para leer poesía, guarda relación con la excitativa de permanecer en aislamiento.

Y si se ha buscado un poema alusivo al refugio domiciliario, en la obra de Hernández, pues suena grotesco porque el pobre de Don Miguel murió en la ergástula horrible del franquismo y eso del confinamiento, en su caso... pues no va.

Así pues parece un argumento un tanto cuanto retorcido, lo cual –a fin de cuentas--, no nos debería extrañar. Pero pudo ser el poema elegido, digo, por aquello de las defunciones y su contabilidad. Dice Hernández:

“..Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

“Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

“Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles…”

O a lo mejor le dijeron, doctor, con su entonada voz, díganos esta maravilla a través de https//t.co/NkJ23B9MwZ:

“…Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano…”

Pero en tanto se satisfacen los anhelos líricos del inmune epidemiólogo, ahora declamador sin maestro, la conferencia matutina se anega con la sabiduría de Jenaro Villamil, responsable del Sistema Público de Radiodifusión del gobierno, quien nos explica cómo funciona la otra epidemia: la “infodemia”.

Como cambian las benditas redes sociales a malignas plataformas difusoras de distorsiones malvadas.

“…Lo que ahora estamos observando es que sí hay ganadores en esta pandemia, desgraciadamente, y los ganadores son estas plataformas justamente.

“El nivel de ingresos y de ganancias que han tenido en este primer trimestre del año empresas como Facebook, empresas como Google, empresas como Amazon, como Microsoft y en menor medida, aunque muy importante también, Twitter, son el resultado de esto, justamente.

Facebook, tan sólo en el primer trimestre de este año, tuvo ganancias superiores a los que los mexicanos residentes en Estados Unidos mandaron a México en remesas. Facebook tuvo cuatro mil 902 millones de dólares de ganancia, cinco mil millones de dólares para hacerlo cerrado; facturaron 18 mil 737 millones de dólares.

“Y no hablemos de Google, porque Google es el gran gigante que tuvo más de seis mil millones de dólares de ganancia, seis mil 836 millones de dólares.

“¿Y YouTube a quién pertenece?

“A Google. YouTube generó en este periodo un crecimiento muy, muy importante de 52 por ciento más que en el primer trimestre del año 2019.

“Entonces, cuando estamos hablando de “infodemia” estamos hablando sobre todo de algo que es un fenómeno transnacional en donde están estas grandes plataformas.

Twitter, por ejemplo, también ha crecido mucho, Twitter ha tenido un incremento de los usuarios, de 152 a 166 millones de usuarios en todo el mundo…”

Y el Señor Presidente comenta:

“No es el propósito censurar, es informar a los ciudadanos cómo funciona este mecanismo del todo nuevo porque en siglos no veíamos algo así…” Pues no.

A fin de cuentas los males del mundo provienen todos del mismo surtidor de agua puerca: el capitalismo rapaz, salvaje, incontenible, individualista, clasista, racista y perverso.

+++++++++++++++++++++++

Si partimos de la idea del lenguaje como –entre otras cosas--, un instrumento de poder, algunas palabras con un significado inconveniente para un gobierno, ya sea por indiferencia o por imposibilidad de lograr el enunciado, puede mudarse hacia otro vocablo. A nuevo credo, nueva plegaria.

Por ejemplo, la palabra “conquista”, en referencia a la colonización americana y sus excesos, fue sustituida por “evangelización”. El genocidio por la “reservación”. La “bola” por Revolución; la agitación callejera por “lucha social”.

Este puede ser un principio para analizar el empleo de las palabras en estos días. Pero hay otro punto: la dispersión de los vocablos y su propagación (por eso se llama propaganda), en favor del grupo poderoso.

Así pues estamos viendo en estos días epidémicos y de retiro, una batalla –otra—, ahora por la palabra y su legitimidad.

Si hace muchos años se hablaba de la superioridad letal del verbo sobre la espada, hoy la utilización verbal incontinente, condenatoria, pendenciera, denigrante, descalificadora desde el poder, equivale a una utilización excesiva de cualquier otra fuerza. La palabra es un arma.

Este redactor no recuerda haber visto nunca una abierta purga en el diccionario como esa a la cual nos ha convocado el Señor Presidente en sus reflexiones sobre el uso y el desuso de ciertos términos econométricos ya incorporados al lenguaje común, como desarrollo, producto interno bruto, ingreso per cápita, etc.

Son mediciones convencionales en cualquier arte del mundo. Pero eso no encaja en la estrategia del actual gobierno.

Si ya como una lección de la pandemia no acabada, el Señor Presidente nos ha dicho cómo refundar y rehacer los organismos financieros internacionales (no sólo los del Estado mexicano), también nos enseña ahora los nuevos verbos para el advenimiento de la Cuarta Transformación, la cual de seguir así las cosas, no concluirá con el cambio nacional, sino con advenimiento del nuevo mundo y el nuevo hombre.

“…ya crecimiento, PIB, Producto Interno Bruto, esos términos ya también deben de entrar en desuso, hay que buscar nuevos conceptos. En vez de crecimiento, hablar de desarrollo; en vez de Producto Interno Bruto, hablar de bienestar; en vez de lo material, pensar en lo espiritual. Hay que cambiar ya con todo eso y no creer tanto en esas cosas…”

Bertrand Rusell, a quien seguramente nuestro Señor Presidente ha leído en alguna buena traducción, dice en “My Philosophical Development”:

“…Las palabras, desde las más remotas edades de que tengamos noticia histórica, han sido objeto de temor supersticioso. El hombre que conocía el nombre de su enemigo podía adquirir mediante aquél poderes mágicos sobre él. Todavía actualmente usamos frases como `en el nombre de la Ley´.

“En este sentido podemos estar de acuerdo con el enunciado según el cual “En el principio fue la Palabra.”

Un amigo del SP, publicó ayer en “La jornada”, un texto en el cual explica esta “ideologización” conceptual en las mediciones económicas:

“…A ocho columnas y en espacios privilegiados de la radio y la televisión se publican toda clase cálculos y pronósticos inútiles acerca de la medición de ese desarrollo por medio del PIB y sus variaciones.

La palabra desarrollo ha cumplido, y cumple hoy, importantes funciones ideológicas y políticas, enmascaradas, solapadas, por el empeño de los economistas de hacer de dicha palabra un concepto técnico o científico...”

Independientemente del matiz entre desarrollo y crecimiento (el PIB medido internacionalmente habla de lo segundo) es notable la coincidencia doctrinaria: el cambio debe incluir el cambio de las palabras y el huevo ponerse antes de la gallina.

En ese sentido también se deberían revisar los eufemismos, cuyo engañoso ropaje siempre disfraza una verdadera realidad.

Por ejemplo llamar a los desempleados, “Jóvenes construyendo el futuro”, es un eufemismo doctrinario, como también decirles “Servidores de la nación”a los promotores electorales anticipados.

Dice Saramago en su célebre ensayo sobre las cosas y su nombre:

“…Hay unos cuantos eufemismos que sirven para disfrazar la realidad, y en este caso, al empleo precario se le llama también flexibilidad laboral…”

En Cuba se llamaban Comités de Defensa de la Revolución a los grupos espías y delatores del barrio, y Robespierre (“El incorruptible”, ¡aguas!) le decía Comité de Salvación Pública al terror y la guillotina.

+++++++++++++++

¿Los sesenta y ocho lugares comunes con los cuales los privados le sugieren un nuevo rumbo al gobierno, cabrán en ese estrecho y oscuro conducto donde el presidente les dijo guárdenselos ahí mismo?

Cuánto esfuerzo para tan proctológico destino.

++++++++++++++++++

Cuando el Señor Presidente hace público su acompañamiento al doctor López Gatell, y lo cobija bajo su ala de gallina, involuntariamente nos lleva a recordar aquella frase de la política mexicana de antes, sólo de antes:

--No te preocupes, Rosario…

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios