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Ensayo

Pedro Carlos González Cuevas: VOX

domingo 10 de mayo de 2020, 23:53h
Pedro Carlos González Cuevas: VOX

La Tribuna del País Vasco. San Sebastián, 2019. 300 páginas. 20,89 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En VOX. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria, el profesor Pedro Carlos González Cuevas analiza con rigor las razones de la aparición y posterior consolidación, no sin superar notables obstáculos, de la aludida formación política. El autor es uno de los grandes referentes académicos en el estudio del pensamiento conservador español, como certifica su ingente producción científica, lo que garantiza la solvencia de la obra que tenemos entre manos.

Al respecto, ha resultado habitual casi desde el mismo momento de su nacimiento, estigmatizar peyorativamente al partido de Santiago Abascal. En efecto, predominó (y predomina) asociarlo con el franquismo e identificarlo con el fascismo, una visión tan pueril como simple, que ciertos estudiosos ubicados en la izquierda del espectro ideológico, como Chantal Mouffe o Jorge Verstrynge, han rechazado. Por su parte, el profesor González Cuevas da la bienvenida a VOX, al que integra en un movimiento de mayor amplitud como es la derecha identitaria, cuyos miembros se caracterizan por “una posición nacionalista, que se traduce en la recuperación del poder de decisión de los estados nacionales; plantean la transformación de la Unión Europea en una confederación de naciones; son proteccionistas desde el punto de vista económico, priorizando el mercado interior para que los empleos que se generen los ocupen los nacionales; rechazan el multiculturalismo, como destructor de la cultura europea; se muestran partidarios del control de la emigración e incluso de cerrar fronteras” (p.100).

Además, los partidos de derecha alternativa que han surgido en los últimos tiempos particularmente en Europa, aunque comparten rasgos (la unidad nacional, el rechazo de la globalización…) no son idénticos. De hecho, cada uno de ellos responde a las peculiaridades (políticas, sociales, económicas y culturales) del país en el que emergen. Por tanto, supone un error afirmar que VOX implica la simple clonación en España del Frente Nacional de Marine Le Pen.

A la hora de explicar las razones de la aparición de VOX, González Cuevas prioriza la influencia que ejerció sobre el electorado de derechas los sucesivos liderazgos de Mariano Rajoy y su continuismo con relación a los gobiernos de Rodríguez Zapatero en materias como la memoria histórica, las leyes de género o la política antiterrorista. Dicho con otras palabras: el PP renunciaba definitivamente a plantar cara a la supuesta superioridad cultural de la izquierda, un fenómeno que había asumido como natural desde la Transición y al que se había adaptado plácida y acríticamente desde los tiempos de Alianza Popular.

Con todo ello, en el recorrido de VOX podemos advertir dos etapas. La primera se inicia en 2013 y se extiende hasta 2017, evolucionando desde la marginalidad hasta ocupar posiciones de gobierno, en ocasiones en coalición con PP y Ciudadanos. Esto último no siempre resultó bien asumido por sus adversarios, como explica la siguiente cita del periodista Cayetano González: “Al conglomerado político que no tiene ningún reparo en que un partido como Bildu, una de las marcas de ETA, esté en las instituciones pero que brama contra la formación donde milita Ortega Lara, secuestrado durante 532 días por la banda terrorista, y que preside Santiago Abascal, objetivo, junto a sus familiares, de ETA durante muchos años. Sencillamente es una vergüenza y una inmoralidad esa doble vara de medir de algunos políticos, medios de comunicación y columnistas o tertulianos” (p. 181).

Con todo ello, en la primera fase, el partido transitó del efímero liderazgo de Alejo Vidal-Quadras al de Santiago Abascal, obtuvo malos resultados electorales y recibió contundentes ataques desde sectores mediáticos cercanos al PP. Este último rasgo, cabe apuntar, pervive en la actualidad. También durante estos compases iniciales, algunos de sus dirigentes regionales (por ejemplo, Inmaculada Seguí) sufrieron agresiones físicas perpetradas por grupos de extrema izquierda: A pesar de que no era todavía un partido significativo, las agresiones a sus militantes por parte de la izquierda comenzaron muy pronto, prácticamente desde su aparición. El 25 de agosto de 2015, Inma Seguí, presidenta de la formación en Cuenca, tuvo que ser hospitalizada tras recibir una paliza en la puerta de su domicilio al grito de fascista” (p. 130).

La suerte comenzó a variar a partir de 2018 como reflejaron los 12 diputados logrados en las autonómicas andaluzas. Este éxito ni respondió a la suerte, ni fue flor de un día. Por el contrario, el panorama político español, con la deriva secesionista impulsada por la Generalidad, facilitó que VOX pudiera poner en marcha todo su argumentario político y toda su munición jurídica. En efecto, el golpismo catalán halló en el binomio formado por Abascal y Ortega-Smith un obstáculo muy difícil de superar. Frente a la tibieza del PP o la “solución dialogada” defendida por el PSOE, VOX apostó sin complejos por la unidad de la Nación, componente fundamental de su programa, si bien no deben perderse de vista otras partes fundamentales del mismo (oposición a las leyes de género, control de la inmigración y críticas al proyecto de integración europea).

Con todo ello, VOX parece que ha venido para quedarse. Sin embargo, como subraya el autor, deberá hacer frente en el corto plazo a una serie de retos fundamentales que aluden principalmente al apartado económico (un proyecto que no responda únicamente a criterios neoliberales) y al mediático (disponer de un armazón de medios de comunicación que le permita difundir sin filtros su mensaje).

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