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Pésima calidad institucional

martes 19 de agosto de 2008, 22:30h
El poder dispone de infinitos resortes para poner sordina a los informes desagradables. Los todopoderosos gabinetes de prensa aprietan para reducir el tamaño y la intensidad del titular y para colocarlos en páginas de interior, y si es posible, en las de economía, que leen cuatro y el de la guitarra.

Ante el dominio avasallador de la micropolítica y el consumo mayoritario de las noticias de sucesos, informes como el elaborado por el Círculo de Empresarios sobre la baja calidad de las instituciones españolas pasan absolutamente desapercibidos. Son tragados, cual Pantagruel, por la vorágine del día a día. Son tragados, por supuesto, sin deglutir, sin asimilar, sin sacar lecciones ni obtener consecuencias.

El Círculo de Empresarios, que preside Claudio Boada junior, es una independiente y prestigiosa asociación que acostumbra a poner el dedo en la llaga, por más que escueza al poder político. Otras organizaciones empresariales son más temerosas, más proclives a las fotografías de favor o al pastelerismo, pero el Círculo de Empresarios es más impudorosa y valiente, quizás porque no espera nada a cambio.

Es cierto que el estudio no descubre la pólvora, pero su valor está en llamar a las cosas por su nombre sin concesiones a la galería. Hemos creado un monstruo institucional en nuestros treinta años de vida democrática que amenaza no sólo nuestra credibilidad sino nuestra competitividad. Los partidos políticos, férreas entidades disciplinadas (el que se mueve deja de salir en la foto), se han adueñado de todas las instituciones que manejan a su práctico antojo. El desparpajo en el reparto de las cuotas es descarado, obsceno. Las resoluciones de los órganos institucionales se convierten, necesariamente, en previsibles pues sus componentes no se permiten defraudar a quienes les propusieron. El círculo está herméticamente cerrado, sin fuga posible. El monstruo institucional está tan afianzado, tan hormigonado a satisfacción de la partitocracia, que los llamamientos reformadores suenan, poco más o menos, a oráculos de otra galaxia.

Para mejorar la calidad de las instituciones, el Círculo de Empresarios propone medidas que incrementen la independencia de los órganos institucionales (Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial y organismos reguladores) respecto del poder político. Así, respecto del Tribunal Constitucional sugiere que se nombre a Magistrados de edad suficiente y de probada experiencia, por ejemplo de treinta años, cuyos mandatos abarquen un periodo largo, incluso vitalicio. El modelo del eficaz e independiente Consejo de Estado está, sin duda, en su horizonte. En cuanto al deambulante Consejo General del Poder Judicial, el informe propone que se retome el antiguo sistema de nombramiento de los doce vocales judiciales por la propia carrera judicial. Por lo que se refiere a las Comisiones Nacionales, no exponen una fórmula concreta, pero debe primar el conocimiento y la experiencia y no la militancia.

Pero no basta con ello. Además de la mejora de los mecanismos de provisión, se propone implicar al conjunto de la sociedad, promover la sociedad civil, aprovechar los llamamientos y propuestas realizadas por los organismos internacionales, enmendar el exceso de regulación y su pésima calidad, así como promover una cultura de rendición de cuentas y de evaluación.

No se acaban aquí las preclaras y certeras conclusiones del Círculo de Empresarios, que asegura que las reglas de juego que permiten que funcione la economía marchan hoy peor que hace diez años, tanto en términos absolutos como en relación con otros países (como Chile, Irlanda o Estonia, que nos han sobrepasado con creces en la clasificación al efecto del Banco Mundial), y ello, entre otras razones, por “el progresivo debilitamiento y ruptura de la unidad de mercado”, fragmentado en compartimentos diferenciados que navegan con rumbo particularizado en merma del conjunto y, en consecuencia, de la competitividad y eficiencia de la economía española.

Si Bruto exclamó “¡Oh, virtud, sólo eres un nombre!”, a nosotros nos gustaría replicar que, nominalismos al margen, la virtud cívica, la construcción de una democracia real, auténtica, y no parcial, es la gran apuesta pendiente.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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