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31 de enero de 2008

jueves 31 de enero de 2008, 02:47h
EL CORAZÓN DE EUROPA

El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y la Canciller de Alemania, Ángela Merkel, han mostrado con extraordinaria efusividad su apoyo al líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, ante las próximas elecciones generales en España, en el transcurso de una convención celebrada en París. Un respaldo "de todo corazón" que no puede extrañar, salvo en la poderosa escenificación con el que se ha exhibido, pues se trata de aliados ideológicos en el espectro del centro derecha liberal del Continente.

Algunos españoles, sin embargo, habrán quedado sorprendidos, a raíz de la lectura que se hizo en el entorno socialista de la última reunión entre Zapatero y Sarkozy. En efecto, el abrazo del presidente francés a Zapatero en la última Cumbre bilateral hispano-francesa fue interpretado como el producto de una especial "química" entre ambos, y como un gesto de transversalidad de Sarkozy (o equidistancia) entre las opciones que se juegan la victoria en las urnas españolas.

Ahora, el panorama queda aclarado. Sarkozy expresaba entonces la amistad institucional con su vecino del Sur, presidente del Gobierno de España, pero estaba bien lejos de asociarse ideológicamente con él. El mismo abrazo fraterno se hubiera producido con cualquier otro mandatario español, tuviera con éste "química" o careciera de ella. Y lo mismo se puede decir de Ángela Merkel. Ésa es la política de Estado.

No es previsible que Rodríguez Zapatero se haya sorprendido por el apoyo a Rajoy de los dos dirigentes de las grandes potencias europeas. A fin de cuentas, el mismo Zapatero apoyó a la adversaria de Sarkozy, Ségolène Royal, y consideró que Ángela Merkel había "fracasado" por su corta victoria en las urnas.

Pero, desde el punto de vista del PP, el cierre de filas de los gobernantes de Francia y Alemania con su proyecto es un gran activo de precampaña, pues, entre otras cosas, desmonta la estrategia sostenida durante toda la Legislatura por parte del PSOE de presentar al PP como solo y aislado de cualquier alianza. Respecto a España, tiene razón: los nacionalistas no han querido saber nada de los populares. En el mundo de la política europea es bien distinto. Con Rajoy, España no estaría sola. O, por decirlo con palabras de Zapatero, estaría en el corazón de Europa.


ISRAEL, DEMOCRACIA EXIGENTE

El primer ministro de Israel, Ehud Olmert, se ha salvado casi en el último momento de la amenaza de la dimisión forzada, al ser exonerado su Gobierno de responsabilidad culpable en su campaña militar en Líbano en 2006. El Gobierno israelí ha sido fuertemente reconvenido por la comisión de investigación sobre aquel hecho, pero ésta no ha querido apretar definitivamente las tuercas sobre el mandatario, en posición precaria tras la amenaza de la extrema derecha que le apuntala en el Gobierno de abandonarle si el veredicto sobre la campaña militar le era desfavorable.

Israel, la única democracia real (independientemente de la simpatía o antipatía qque despierten sus actuaciones) en una zona en permanente conflicto es extraordinariamente exigente con sus gobernantes. Y los israelíes han escudriñado con intensidad las razones de su fracaso en Líbano, con una transparencia ante la opinión pública impensable incluso en otras democracias avanzadas.

La desafortunada intervención en Líbano, donde el Gobierno y las Fuerzas Armadas israelíes cayeron en la provocación y se metieron en un avispero, causaron bajas inexplicables para la ciudadanía hebrea. Por ello, los gobernantes israelíes has sido puestos públicamente en la picota y, aunque se les haya dado un respiro final, lo cierto es que tardarán en superar la vergüenza.

En el prudente resultado de este caso puede estar el frágil diseño de los esfuerzos de pacificación con los palestinos, ya suficientemente complicados por la división entre ellos. Por eso se respiraba ayer cierto alivio en las cancillerías occidentales, sin que pudieran éstas saber a ciencia cierta cuánto les durará.


EJÉRCITO BOLIVARIANO ¿PARA QUÉ?

La última ocurrencia del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha sido la creación de un Ejército supranacional “bolivariano” entre varios países de lo que considera su entorno ideológico, como Bolivia, Nicaragua o Ecuador. La razón esgrimida por el pintoresco líder es la “amenaza” de Estados Unidos, aunque a nadie se le puede ocultar que esta excusa parece a estas alturas pobre, si tenemos en cuenta dónde están las prioridades de actuación estadounidenses desde hace un par de décadas, independientemente de su más que dudosa voluntad de intervenir en el entorno de sus vecinos sureños. Por el contrario, un poder militar inspirado por Chávez resulta claramente inquietante para sus vecinos iberoamericanos. Máxime cuando se ha hablado hace pocos días, aunque no se haya querido tomar en serio, de una posibilidad de conflicto entre Venezuela y Colombia.

Probablemente sea otra bravuconada de Chávez y, como algunas anteriores, acogida con división de opiniones. Por ejemplo, Ecuador se ha desmarcado enseguida. Pero no lo han hecho otros. Quizá por la tremenda fuerza clientelar que produce el petróleo venezolano, el arma real y casi única con la que el dirigente venezolano cuenta. Quizá descubra Chávez algún día que es por esta causa, y no por su carisma y sabiduría, por la que es secundado sumisamente por sus vecinos necesitados.
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