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Novela

Patrick McGrath: La encargada de vestuario

domingo 17 de mayo de 2020, 19:25h
Patrick McGrath: La encargada de vestuario

Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House. Barcelona, 2020. 288 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,49 €. El maestro del buceo en lo más turbio de la condición humana, nos propone una gran historia ambientada en el mundo teatral del Londres de 1947. Por Ángela Pérez

A Patrick McGrath (Londres, 1949) se le considera uno de los grandes maestros de lo gótico. Pero su concepción del género poco tiene que ver con elementos sobrenaturales, con horribles monstruos, zombis o criaturas infernales. Para el escritor británico, que vive a caballo entre Londres y Nueva York, lo gótico es algo muy cercano, algo que está en nuestra cotidianidad y, sobre todo, es muestra, tan fascinante como perturbadora, de los demonios que habitan en el interior de todo ser humano. Demonios que seguramente ya le fascinaron, a la vez que repelieron, cuando en su infancia vivió cerca hospital psiquiátrico de Broadmoor, en el que su padre trabajaba.

A pesar de que los ilustrados se empeñaron en entronizar a la Razón y la Revolución francesa la convirtió en su diosa, es la irracionalidad la que prevalece en un sinfín de comportamientos y actitudes. De hecho, ya vimos como la Revolución francesa ahogó en sangre esa “racionalidad” de la que se vanagloriaban. Patrick McGrath pone negro sobre blanco lo más oscuro de los hombres y lo hace en tramas construidas al milímetro y con personajes inolvidables. Pudimos disfrutar del universo McGrath con títulos como las novelas Grotesco, Locura, Trauma, La historia de Martha Peake o el libro de relatos Sangre y agua, y ahora nos llega La encargada de vestuario, donde ni sus dotes narrativas ni su capacidad para bucear en lo turbio han perdido un ápice.

La encargada de vestuario nos sitúa en el Londres de un gélido enero de 1947, una ciudad devastada por la II Guerra Mundial y que trata de recuperarse a duras penas. El fascismo ha perdido la contienda, pero parece que algunos no han perdido la esperanza de imponer su siniestra ideología, y parece que el huevo de la serpiente siempre está dispuesto a salir del cascarón, como vemos en el inquietante final de la novela. No obstante, en esa postguerra, se intenta recuperar hábitos como la asistencia al teatro, ámbito en el que se mueve La encargada de vestuario, cuyo título hace referencia a su protagonista, Joan Grice, que se ocupa de la ropa de las funciones en un destacado teatro de la capital británica. Aunque no es solo eso lo que la liga a la escena: su marido es un célebre actor, Charlie Grice, que ha cosechado sus mayores éxitos interpretando a personajes de Shakespeare: el último el Malvolio de Noche de reyes. Pero un extraño y fatal accidente le cuesta la vida y la novela comienza con su sepelio. de Grice: “Su muerte había sido un shock, y aquella grata comunidad, los hombres y mujeres del teatro de Londres, se había congregado para el funeral”.

Pero como el espectáculo debe continuar, a Grice le sustituye en el papel Frank Stone, un actor hasta ese momento secundario y gran admirador de Grice. Y no solo le sustituye en el escenario. La viuda de Charlie Grice, que no se hace a la idea de haber perdido a su marido, aunque su historia amorosa era compleja y, finalmente, ella descubrirá una turbia faceta de su esposo. Así, Joan le da a Frank los trajes de Charlie y se los arregla, y comienzan una relación enfermiza, pues Joan cree que su marido se ha reencarnado en su amante. Las relaciones de pareja que nos presenta McGrath tienen por lo general un componente morboso, como la de Stella y un interno del manicomio donde trabaja su marido, en Locura, y como vemos igualmente en La encargada de vestuario, y no solo en el caso de Joan, sino también de su hija Vera, actriz y de inestable personalidad.

La voz narradora de una suerte de coro trágico omnisciente, en la línea del narrador poco confiable, recurso característico de McGrath, lo que añade desasosiego a este relato de un autor que ha recibido elogios de colegas como Joyce Carol Oates y John Banville/Benjamin Black, dos grandes maestros igualmente de lo turbio.

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